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“CRISPRR versus FÚTBOL”

19 de Octubre | 13:13
“CRISPRR versus FÚTBOL”
Es actualmente, y en un futuro se acrecentará, la revolución de las revoluciones. Una tecnología con unos fines más saludables y con mejores intenciones que este absurdo boom de tecnologías, maquinitas, robots, que se están llevando a porciones la materia gris de la especie humana. 

Eclosionó, prácticamente, en el año 93, y fue con un español. Sí. La revolución de las revoluciones tiene a un español como uno de sus padres. Un microbiólogo de la Universidad de Alicante que investigaba a las bacterias halófilas –es decir, bacterias que pueden habitar en medios muy salinos-, y se percató –como ya mencionara en un artículo un científico japonés unos pocos años antes- de la existencia de unas secuencias palindrómicas en el genoma de dichos organismos. Lo que aparentemente podría ser una casualidad, se extendió a otro tipo de microorganismo, como las arqueas, e incluso en orgánulos subcelulares tales como mitocondrias. Dichas secuencias palindrómicas estaban compuestas por aproximadamente treinta pares de bases separadas de treinta y seis, los espaciadores. Para quien se pregunte qué es eso de palíndromo, no es más –resumiendo para no meterme en terrenos de Genética molecular- que una secuencia de ADN que se puede leer igual por delante y por detrás. Algo así, comparándolo con algo cotidiano, como la palabra RADAR, o ANA. Todos deberían saber de lo que hablo. De hecho, todos y cada uno de los sábanos nos reunimos la familia y el tema imperante y que tanto emociona son las secuencias palindrómicas y las bases nitrogenadas de la molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN). 

Lo que aparentemente podría ser algo ajeno al mundo de a pie, es ahora mismo una revolución en los campos de investigación de la Biomedicina, de la Biología, Biotecnología, y de los estudios de Ingeniería Genética. Pero es que, además, se está extendiendo hasta el terreno de la Agricultura y de las ciencias agrícolas. 

A lo que acabo de contar se le ha dado el nombre de Sistema CRISPRR, que para más información, recomiendo se meta uno en internet, donde hay revistas hablando del tema e incluso conferencias grabadas de Francisco Mojica, el microbiólogo de Alicante, y de Lluís Montoliu, un investigador muy interesante del que hay varias entrevistas publicadas. Y me dirán ustedes, ¿qué perra le ha dado al niñato este hoy con hablar de ciencia, de sistemas CRISPRR, de bacterias y de genética? Por la sencilla razón de que asistí a la Conferencia que dieron Montoliu y un profesor de Bioquímica de la Uex, Pedro Fernández Salguero, en el Parque Científico y Tecnológico, acerca de los avances en la Biotecnología. El primero nos lanzó la importancia de los sistemas CRISPRR (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas), de cuán importante están siendo en la investigación actual, sobre todo por su carácter tan barato… El segundo, nos habló sobre los últimos estudios del cáncer, cuál es la implicación hormonal y genética en desarrollar esta gran putada que aún azota a la sociedad. Me sentí tan agradecido de escuchar esa conferencia, y me veo en mi obligación como estudiante de Biología de mover esta bola de información que debe estar en el conocimiento del ciudadano, simplemente como respeto a lo que muchos están estudiando para aplicarlo a solucionar enfermedades de índole genético que se lleva a mucha gente al otro barrio. 

Fueron, entre otros, dos investigadoras las que condujeron este hallazgo a convertirlo en una herramienta de laboratorio para secuenciar, cortar, pegar y reparar secuencias del ADN. (Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna). 

Enfermedades como el cáncer tienen sus días contados conociendo con exactitud el papel genético en el desarrollo de tumores, las rutas de señalización hormonales que desencadenan una proliferación masiva y sin freno de las células de un tejido. La tarea es relativamente sencilla y podría acelerarse y conocer el mecanismo si la dotación económica a la investigación fuera la adecuada, como también se comentó en la citada conferencia. De hecho, no hace mucho leí que un tanto por ciento de los cánceres cotidianos –un porcentaje elevado- se curaría si se invirtiera más en investigación. Si estos políticos, y la población española en general, supieran lo relevante que es la investigación científica para la mejora de la sociedad, para solventar problemas solucionables, para dejar de tratar ciertos temas tabúes con ese recelo con el que aún los citamos. Se habla de ciencia, y la gente sale corriendo, la gente no quiere saber nada del instrumento que puede echar una mano a su futuro. A todo lo que huela a ciencia, cultura, a investigación, se le frunce el ceño. Eso sí. Como borregos seguiremos frente al televisor sufriendo por Leo Messi que es incapaz de marcar gol porque le están arreando una de patadas… También estaremos pendientes del siguiente programa de “Sálvame” o de “Gran Hermano”, y encenderemos ávidos el televisor en cuanto se comente el nuevo lío de Belén Esteban o el presentador o presentadora de la siguiente temporada de “La Voz”. Continuaremos alzando las manos y tirando las palomitas si gana el Betis, el Madrid, el Barcelona, o viendo la rueda de prensa del Cholo. Y encima, se perpetuarán las contiendas a las puertas de los estadios deportivos por… ¿Por qué? ¿Porque no ha ganado el equipo que debía ganar, o porque el entrenador ha sacado al campo a quien yo odio? Y esa violencia estulta moverá las articulaciones de ese rebaño para apuñetear y lanzar patadas al aire. Si en lugar de a la investigación se destinaran fondos para deportes varios o para alguna fiesta que nos incumbe a todos, la población española lo celebraría feliz, no tanto si esto ocurriera al contrario. Que se haya realizado un emocionante descubrimiento sobre el VIH solo queda para las redes de difusión del Facebook, whatsapp, o para algún comentario de vecino en el ascensor, si acaso. Pero que no te dejen de hablar y por favor que salga el tema de la Champions, del Roland Garros, de la NBA, y de cómo aquel derramó la salsa del plato en el “Master Chef”. Que sigan y sigan. Las tablets, los ordenadores, los robots que comparecen en los parlamentos británicos, los smartphones, las lavadoras inteligentes, las aspiradoras automáticas, y las persianas autómatas, nos seguirán robando la materia gris, las células grises –leo mucho a Agatha Christie- de lo más preciado que tenemos: el cerebro. Y cada día me acuerdo de Einstein, si es que esa famosa cita en verdad fue suya. Temo al ser humano que está obnubilado, abducido por algún platillo volante invisible que ha parado en la estratosfera. Temo al gentío furibundo y más aún al ciudadano español, tan bobo, iracundo, deleznable, podrido, hasta los huevos de todo… Y con perdón, el reflejo del pueblo está en las élites políticas. Que nuestro Presidente del Gobierno sea un completo… échalo a comer aparte –tampoco se libra el anterior, ni el anterior, ni el anterior…- es simple y llanamente culpa nuestra. El pueblo. Que no se nos olvide que lo que llega arriba ha escalado desde abajo. Y desde abajo ha mamado lo que ha mamado, y ahora mama de lo que nosotros, los de abajo, quisiéramos mamar en nuestros sueños.

Prosigamos cantando el gol y buscando el partido en la tele para escapar de nuestro entorno. Dentro de poco, en nuestro cráneo, hallarán alojado un pequeño ganglio. Seremos un cefalópodo sin tentáculos pero con una rabia tan tremenda que se nos hinchará la cabeza y escupiremos tinta. Quizá lo hayamos hecho siempre. Quizá ya esté todo perdido.

Parafraseando, aunque lo trastoque demasiado, “el fútbol es el opio del pueblo”.



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