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LOS RELATOS DE MARÍA

Amor pétreo

27 de Julio | 10:59
Amor pétreo
El clic de la puerta al cerrarse sonó como siempre, aunque yo supe, que ese leve tintineo era un definitivo nunca.
 
Respire todo lo hondo que mis doloridos pulmones me lo permitieron, el aire paso despacio por ellos, consolando la pena de cada alvéolo. Hasta ellos lloraban tu ausencia de cinco segundos, que irremediablemente  pasarían a ser minutos, horas, días y semanas...
 
Mi cerebro, racional como siempre, guío a mis dos piernas hasta la cocina, mis manos a la cafetera y mi boca a la taza. El líquido negro me dio algo de calor y sentí por él un profundo agradecimiento, al menos el café seguía siendo mi fiel aliado. Su aroma me inundó la nariz y de nuevo las lágrimas me abrasaron las pestañas. Ese olor inconfundible siempre lo asociaría a Carmelo, a ese momento cercano y a la vez distante en el tiempo, cuando con cuatro palabras me rompió el corazón en mil pedazos. 
 
-Ya no te quiero.
 
Eso me dijiste mirándome con esa mezcla de culpa y alivio que llevabas en tus hermosos ojos. Tu voz, al escupir la carga que tenías sobre tus hombros sonó extrañamente tranquila, lo que me causo más sufrimiento. Eras libre de tu mala conciencia, sin embargo a mí, me hiciste presa de un insoportable dolor para los restos.
 
Dejo la taza encima de la encimera, veo lo vacía que se ha quedado y el estómago me da un vuelco; las dos compartimos la misma suerte, el mismo estado.
 
La voz de mi interior acude en susurros hirientes, quiero callarla y no puedo, no puedo.
 
-¿Y ahora qué hago? -dice apenada.
-No tengo respuesta - contestó en un ahogo de pena.
 
En realidad no sé qué hacer con este amor que me inunda el pecho, que lo desborda y anega mis sentimientos. No sé cómo borrar los mutuos recuerdos, la vida que juntos construimos con tantos sueños de por medio. En qué cajón guardar los besos, las caricias, los placeres eternos y los te amos gritados al viento. 
 
Siento que estoy perdida, que mi cabeza es una ignorante, mi corazón un analfabeto, ya que ni ellos ni yo encontramos la fórmula magistral para borrarte de mis adentros.
 
Desesperada miro el veneno para las ratas y lo estudio como solución al remedio. Mis diez dedos tiemblan al coger la caja, al igual, que mis labios mientras la leo. Parece fácil, un pequeño puñado de polvos bastaría para encontrar mi sosiego. En realidad no me preocupa la muerte de mi cuerpo, porque tú ya mataste mi alma con tu: -ya no te quiero.
 
Voy a la cocina, agarro nuevamente la taza, la relleno de líquido oscuro. No me tiembla el pulso y en un último acto cojo el teléfono para llamarlo.
 
Cinco minutos de espera y oigo su voz de nuevo.
 
-¿Dime qué quieres?, aunque te empeñes no volveré a tu lado -suena frío, desangelado.
-Tranquilo amor, no es eso, es para decirte que nunca olvides  que yo si te quiero...
 
Mucho después los encontraron a los dos momificados, parecían dos figuras de piedra. Ella falleció por el desamor del amor y él por acudir a su llamada, a su último favor, que compartieran un café negro.
 
El clic sonó como siempre, para ella fue un incuestionable nunca.
 
Fin.


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