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Opinión-Editorial

Yo invito, pero tú pagas

21 de Junio | 13:03
Yo invito, pero tú pagas
Desde que el mundo es mundo la raza humana ha sido culo de mal asiento y, por unas razones u otras, ha andado siempre de la ceca a la meca. La península Ibérica por su situación geográfica ha sido ya desde la prehistoria lugar a conquistar o donde establecerse. Por aquí pasó gente de toda suerte y condición atraídos por sus riquezas, especialmente mineras y agrícolas, o simplemente huyendo de climatologías adversas, de enemigos más poderosos o por el afán de adueñarse y someter.

Nuestro país es frontera y paso entre quizás los dos continentes más desiguales del planeta. África, gracias al colonialismo de unos y otros, es un foco permanente de miseria y guerras tribales fomentadas por gobiernos y mafias que explotan sin ninguna consideración sus recursos naturales a cambio de armamento para que se maten entre ellos. La consecuencia de este drama social es una emigración cada vez más numerosa y desesperada hacia Europa sin ningún control y que, está haciendo ricos a algunos desaprensivos que hacen pingües negocios con la angustia, la zozobra y la necesidad de una pobre gente que ha dejado atrás sus raíces para jugarse la vida en, las no siempre cálidas y tranquilas aguas del “Mare Nostrum”.

Naturalmente la llegada masiva de esta pobre gente a la “próspera” Europa está creando problemas pues, no hablamos de unos cuantos de cientos de emigrantes si no de cientos de miles a los que hay que sumar los que huyendo de la guerra de Siria y algún país de oriente próximo también escogen a Europa como lugar de destino. La capacidad de los países de la UE para recibir a estos exiliados, por unas razones u otras, no es infinita y más teniendo en cuenta que no todos tienen la misma capacidad económica. Algunos, como el nuestro, tiene un alto índice de paro y una deuda muy alta como consecuencia de la crisis económica sufrida. Cada vez resulta más difícil dar a los ciudadanos servicios básicos de calidad gratuitos, pensiones dignas y prestaciones sociales a parados, indigentes, dependientes y enfermos de larga duración. La llegada incontrolada de emigrantes, desgraciadamente, no aumenta la mano de obra ni las cotizaciones a la seguridad social. La mayoría vivirán en nuestro país de las arcas del estado que, es lo mismo que decir, de los impuestos que pagamos la clase media patria. Muy pocos trabajan y los que lo hacen son en trabajos perentorios y marginales por los que, por supuesto, ni cotizan ni pagan impuestos.

Europa no puede abrir las fronteras de par en par pues eso sería el fin de la civilización europea. España no puede hacer del “buenismo” su política de estado salvo que se quiera llevar a este país a la ruina. La solución pasa porque los países más desarrollados creen en los menos desarrollados las condiciones que permita que sus habitantes no tengan que emigrar. Esa es la única manera de que no afloren, como ya lo están haciendo, movimientos xenófobos que cada vez calan más en la población autóctona que ve como son ellos y, no los políticos de turno, los que sufren las consecuencias de las políticas migratorias.

Por cierto, las “concertinas” en las vallas de las fronteras de Ceuta y Melilla se colocaron siendo presidente del gobierno el gafe y bolivariano Sr. Zapatero, lo digo por si alguno le falla la memoria histórica.

DB          



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