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Diálogo de algo con alguien

11 de Abril | 14:02
Diálogo de algo con alguien
-Él se despertó en una mañana de cuya climatología no podía hablar porque, a la noche, bajó la persiana para mantenerse aislado. 

-Yo me desperté en una mañana cualquiera y adiviné el tiempo porque escuchaba a la gente a la carrera para no mojarse por el denso diluvio que abrigó a Badajoz durante, prácticamente, un día entero. 

-Él, como siempre, fue derecho a desayunar, porque su cena consistía en un vaso de gazpacho bebido a prisas, y las ganas de miccionar las reprimía pese a la dilatadísima vejiga. 

-Yo, como viene siendo habitual, prefiero ir al baño a vaciarme para, seguidamente, mirarme en el espejo y contemplar la máscara con la que me he vestido. Horrorizado, como siempre, me la lavo impetuosamente con el fin de eliminar esa espantosa expresión que, pobre de mí, continúa como una mancha de nacimiento, huella de la existencia. 

-Engulló la tostada mientras meditaba en el sueño erótico que había tenido. Sonreía, ausente e indiferente a los bombardeos de Siria que el telediario estaba narrando. La hora iba perfectamente. Todo iba perfectamente. 

-De hecho pensé que siempre iría perfecto porque un guion bien ensayado, en definitiva, irá excluyendo los errores. Si me levanto, orino, me lavo la cara y después desayuno, ¿en algún momento cabrá la posibilidad de retrasarme acaso dos minutos? Imposible. Si miro la hora, de seguro, marcará el microondas las 7:23. 

-¡Qué bien! Las 7:23. Me da tiempo a estar cinco minutos sentado en el váter expulsando lo que llevo varios días sin echar. ¡Maldito estreñimiento! ¿Con quién he tenido el sueño erótico? ¿Era mi novia? ¿Mi amiga? ¡¿Mi profesora?! Tenía un camisón de crisantemos bordados. Y era azul. Sí, azul. Estoy seguro de que era azul. ¡Ah! Y llevaba un moño, y las uñas de los pies estaban bien pintadas y cuidadas. En suma era una mujer maravillosa. Me abrió la puerta de su casa de esa guisa, y allí, en el umbral, me ofreció unas pastas que reposaban en un plato sobre la mesilla del vestíbulo. Supongo que tras engullirlas, y dialogar con ella… ¡No me acuerdo de su cara, mierda! ¿Guapa, fea? ¿Estaría buena? ¿Por qué narices me acuerdo solo de las uñas de los pies? Espera, espera… Tenía las tetas caídas… Sí. ¡Ah! Y las bragas eran de cuello alto… con una faja… ¡Hostia! ¿Una faja? ¿Llevaba una faja? Pero la cara… la cara… ¿Guapa o fea? 

-¿Qué me habré soñado hoy? Esa es mi constante pregunta mientras, desde las 7:23 reposo sentado con “Roca”. Nunca me acuerdo de los sueños, y de acordarme, son pesadillas o una mínima escena que ha quedado grabada para después yo, mentiroso como siempre -¡siempre!- relleno con la imaginación al recordarlo o contarlo. 

-¡Mi abuela! El sueño erótico ha sido con mi abuela… ¡Muy bien por ti! Y no podía ser en su estado juvenil… ¡Sino ahora! Una vieja pelleja… ¡Me cago en la cuna que me arrolló! Bueno, por lo menos me he soñado con alguien… ¡No puede ser! Si es tardísimo. Por fin cometo un error de unos dos o tres minutos y me hará ir corriendo hasta clase… Si no me la pierdo… Aunque, mirándolo bien… No puedo interrumpir la clase empezada… Me iré a la cafetería a tomarme un café con tostadas de Roquefort, un donut y, si les sobró de ayer, un pequeño plato de cocido madrileño. Y después, a peerme en la segunda clase, ¡que la odio! 

-Qué bien y qué orden. Dentro de un minuto tengo que salir a coger el bus. Desde que empecé en esto no me he retrasado ni una sola vez. Orden y disciplina. Me encanta mi vida. De verdad, yo juraría que me he soñado con alguien. Un hombre simpático me regalaba un tocinillo de cielo. ¿Sueño o una ilusión? Creo que esta noche he roncado. 

-Mira, que le den por culo. Me ha sentado tan bien la tostada de Roquefort que ahora me voy a un banco, al solecito, y a reposarla. De toda la vida, cuando un estudiante se salta la primera hora debe hacer lo mismo para lo que le queda de día… Aunque, no sé si Dios nuestro Señor se está cachondeando de mí… ¡Está chispeando! 

-Me ha saltado una baldosa. Está el Campus hecho una pocilga. Después de un mes y medio llegaré a la segunda hora con el pantalón goteado y las zapatillas embarradas. Después de un mes y medio nadie me verá los pantalones perfectamente planchados y las camisas almidonadas brillando bajo las luces blancas del edificio. 

-Digo yo que algún día tendré que asistir a las clases con una camisa, por lo menos, digo yo… Solo me hace falta presentarme un día, con cuarenta grados a la sombra, en bañador y sandalias… Y mira que no tengo un cuerpo de gimnasio… Pero hay más de una que me mira con una carita… Algo tengo, algo tengo… 

-En mitad de la clase he salido al baño. Unas incesantes bascas me han azotado el estómago y necesito vomitar. He visto algo repugnante en el servicio del edificio de Biología… Algo nauseabundo… 

-Mira, recórcholis. Que estás muy bueno. Que ya quisieran muchos tener estas lorzas con tanta tostada de Roquefort, que equivalen a un mes y medio sin ir a la primera hora de clase… Y a las siguientes, por supuesto… Y este moreno albañil… Ah, no, si estoy más blanco que la teta de una monja… Ten cuidado, ten cuidado… Que como se pase por aquí alguna… Estoy pensando una cosa para esta tarde… Para curar el espanto de haber tenido el sueño erótico con mi abuela. Voy a poner una cámara pequeña en una esquina de mi baño. Y voy a invitar a estudiar a unas cuantas amigas mías de clase. ¡Qué bien me lo voy a pasar! 

-Soy yo. Me he aterrado con mi reflejo. He visto mi imagen en el espejo del baño. No he podido dominar mi miedo. Dos litros de bilis perdidos en el váter, se marchan, hasta siempre. -¡Siempre!- Creo que no se debe a mi imagen reflejada en el espejo del baño. Mi organismo, mis vísceras, tan aburridas están de mí mismo que están huyendo… Prefieren salir como sea para no tener que funcionar como una perfecta máquina de reloj sin ningún retraso de tiempo posible. Las doce del mediodía. Perfecto. Las 12:00. Hora de leer. 

-Me apetece leer algo. Ya mañana, si sale el sol, tirado en el banco… Mi mente lo va a agradecer. Debo ir pensando en qué amiguita llevar a casa a estudiar… Les pondré limonada, algún que otro licor, unas cervecitas… Y que vayan corriendo al baño… Que no se me olvide encender la cámara… ¡Otra vez no! Estoy empezando a recordar escenas sin orden de mi sueño erótico… ¡Qué asco! 

-Se acabó. He decidido no leer. Me voy a casa. Se acabó. En casa estaré mejor. Ayer la limpié y no hay nada de polvo. Se acabó. 

-Se acabó. Me voy a casa. Con el sueño que tengo se me va a olvidar conectar la cámara… Se acabó. Mañana será otro día. 

                             

 

Dedicado a todos los escritores que en algún momento dado de su rutina, perdón, vida, quieren ser como sus personajes. Y a esos personajes que en su éter sin orden quieren ser como sus creadores.

 

Dedicado a todos.

Se acabó.



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