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Opinión-Editorial

En el nombre del padre...

23 de Marzo | 10:41
En el nombre del padre...
Hace aproximadamente una semana se cumplió el undécimo aniversario del asesinato de un buen padre, un padre que tuvo la osadía, la triste ocurrencia de querer seguir amando, cuidando y educando a su hija, pese a haberse divorciado de la mamá… Se llamaba Miguel Ángel Salgado.

La revista Interviú reveló en junio de 2008 una conversación telefónica mantenida en abril de 2007 por la actriz Ana García Obregón con su guardaespaldas, Eloy Sánchez Barba, en la que aquélla supuestamente le preguntaba si conocía a alguien dispuesto a dar un “escarmiento” a Jaime Cantizano, presentador por entonces del programa ‘Dónde estás corazón’.

La actriz, muy irritada debido a que el programa que presentaba Cantizano había anunciado la emisión de unas imágenes de su hijo Álex, comentó con su escolta que eso debería hacerlo alguien de Los Miami (un grupo de matones profesionales). La conversación fue captada gracias a un pinchazo telefónico de la Guardia Civil, cuando unos agentes hacían averiguaciones acerca del asesinato de Miguel Ángel Salgado, aunque Ana Obregón declaró más tarde no recordar aquella conversación y tener “la conciencia tranquilísima”.

Tirando del hilo se llegó hasta la abogada María Dolores Martín Pozo, la cual presuntamente pagó a Charles Michael Guarin, un ex paracaidista de Alcalá de Henares, para que perpetrase el crimen. A raíz de las pesquisas los tres fueron detenidos.

Por otro lado, hay otro ingrediente especialmente llamativo en este asunto: la abogada Dolores Martín, llevada por su empecinamiento de conseguir a toda costa la guarda y custodia de su hijo, y su obsesión por apartarlo del padre, removió Roma con Santiago, llamó a todas las puertas de las que tenía noticias, hasta llegar a las más altas instituciones del Estado. Su padre, fontanero, que trabajaba en un edificio donde María Emilia Casas Bahamonde tenía amistades, se las arregló para que una inquilina, de nombre Elisa, intermediara ante la presidenta del Tribunal Constitucional para que ésta mirara el caso de su hija.

En abril de 2008 María Emilia Casas Bahamonde, ideológicamente escorada hacia el feminismo más fundamentalista (también acabó saliendo a la luz que tenía algo más que simpatías hacia la banda “pacifista” ETA)  marcó su teléfono, pese a que sobre Dolores Martín pesaba una dura sentencia de divorcio que la presentaba como una madre “obstaculizadora” y “alienante”.

Alienación parental: fenómeno que suele estar muy presente en las disputas por la guarda y custodia de los hijos tras el divorcio, por medio del cual uno de los progenitores (Dolores según las sentencias de los tribunales) manipula a los hijos para que odien al otro progenitor.

La Presidenta del Constitucional (muy amiga ella de la entonces Vicepresidenta del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, y a cuyo dictado actuaba en múltiples ocasiones, tales como la de acabar considerando “constitucional” la LVIOGEN (ley de “violencia de género” de 28 de diciembre de 2004) la acabó derivando hacia dos abogadas de la Asociación de Mujeres Progresistas -sección femenina del PSOE- y se despidió de ella con un “si alguna vez recurres en amparo –ante el Tribunal Constitucional- pues ya me vuelves a llamar”.

Aquella conversación, que también fue intervenida por la Guardia Civil, dejó muy tocada a la entonces presidenta del Tribunal Constitucional, Emilia Casas, pese a que el Tribunal Supremo acabaría archivando el procedimiento judicial en el que se investigaba si había incurrido en “asesoramiento ilegal”.

Miguel Ángel y Dolores habían contraído matrimonio en 1998. Desde el primer momento Dolores se comportó de forma dominante y tenía una actitud de ordeno y mando con Miguel Ángel, que acabó convirtiéndose en maltrato psíquico (algunos lo llaman “maltrato psicológico” como si fuera cometido por psicólogos).

Cuando la situación se hizo insoportable en 2004, Miguel Ángel acabo marchándose…

 “¿Te vas? Pues te voy a dar donde más te duele”, le espetó Dolores.

Siendo abogada estaba en el convencimiento de que le sería fácil deshacerse de su ex marido, hundirlo psíquicamente, e incluso lograr que fuera condenado al ostracismo en su entorno social, para que no pudiera levantar cabeza de ningún modo…

Comenzó por incumplir el “régimen de visitas” estipulado tras la separación y prosiguió con denuncias por las cuestiones más nimias, todos falaces, claro está:

“A la niña le ha mordido un perro estando con su padre; la niña se ha caído del tobogán estando con su padre; la niña se ha puesto enferma estando con su padre y él no la ha llevado al médico”, etc.

Como era de esperar, Dolores acabó denunciando a Miguel Ángel por supuestamente haber abusado sexualmente de su propia hija.

Llegados a este extremo, la legislación relativa a violencia de género le permitía demostrar que Miguel Ángel era un malísimo padre… Dado que Dolores es Licenciada en Derecho, sabía perfectamente que si un padre es acusado y procesado por agresión sexual se le retira inmediatamente la custodia de los hijos, lo cual le llevó a la convicción de que se había salido completamente con la suya.

Pero, asombrosamente el tribunal absolvió a Miguel Ángel, y afirmó en su sentencia que Doña María Dolores Martín Pozo parece ser claramente obstaculizadora de los contactos entre la menor y el padre, ya que no ha permitido las visitas entre ambos desde hace tres años, con diferentes excusas y pretextos, e incluso graves acusaciones vertidas contra el padre, por supuestos abusos sexuales, que han quedado desacreditados según resolución judicial consecuencia de las diligencias incoadas en su día, por tales motivos, a instancias de la madre.

Miguel Ángel nunca llegó a conocer esta sentencia. Iban a comunicársela el 15 de marzo de 2007. El día anterior fue muerto por un sicario, por encargo de la madre de su hija.

La resolución, además, le otorgaba a Miguel Ángel la custodia exclusiva de su hija. Un logro, una rareza incluso, en un país en el que los tribunales aplican leyes aprobadas por el parlamento, al dictado del lobby feminista degenerado, siendo apenas un uno por ciento los papás que logran la custodia exclusiva.

Muerto el padre… se acabó la rabia.

Para remate del tomate, pese a que la custodia se la habían otorgado al padre, ante el fallecimiento del papá, la madre volvió a tener a la niña consigo, ésta conservaba la patria potestad y su derecho a ser progenitor custodio nuevamente.

La hija de Miguel Ángel terminó siendo la otra gran víctima perjudicada por todo lo sucedido.

En una entrevista concedida a La Gaceta hace dos años, por Antonio Salgado, padre de Miguel Ángel, éste afirmaba, con la voz rota por la emoción que, Ocho años después estamos como el primer día. El sábado pasado me fui a misa, porque es lo único que puedo hacer; estamos muy mal. Llora todavía la muerte de su hijo y de su nieta, la primera que tuvieron, y entonces tenía cuatro años (siete en la actualidad), de la que no sabe nada. Ella está en la cárcel, pero sigue organizando todo. Si a un niño le dices todos los días que su padre es muy malo, muy malo, al final piensa que es muy malo. Si se lo dicen de los abuelos, igual.

A mi hijo lo mataron por conseguir la custodia de la niña; si yo pido la custodia de ella, me matan a mí también. Yo tengo 70 años y no quiero morirme, prefiero no verla. Lo dice conteniendo el llanto y con tristeza. La misma con la que cuenta el calvario por el que pasó su hijo desde que su matrimonio comenzó a torcerse. Como el piso era de ella, cuando discutían, le echaba. Se venía a nuestra casa, estaba aquí 10 o 12 días y luego, cuando ella le pedía perdón y le decía que volviera, volvía. Así ocurrió, recuerda, varias veces hasta el 19 de diciembre. Era víspera de Navidad de 2001. Yo subí a por mi hijo y él le dijo que se iba, que ya no le iba a echar más de casa. Entonces, ella contestó ¿No vas a volver? Pues te voy a dar donde más te duele. Llegaron después los juicios por la custodia, las denuncias por mal cuidado de la niña cuando estaba con su padre y sus abuelos –“que le había mordido un perro, cuando el único animal que tuvimos fue un pájaro; que se había caído en el parque y tenía una herida…”- y, finalmente, las denuncias por acoso sexual. “Entonces era nuestra única nieta, y la primera vez que había una niña en casa, porque mis hijos son varones. La teníamos, como se suele decir, en palmitas”, dice Antonio. La acusación de acoso sexual se demostró falsa gracias al testimonio de Antonio y su mujer, que estuvieron todo el día del presunto acoso en casa con su hijo –“lo juro por mi hijo que está muerto que esa acusación es falsa”, dice-.

Expolio total, empezando por la dignidad

Al final, la justicia dio la razón -y la custodia- a Miguel Ángel. Su hija nunca podrá disfrutar de su amor, de sus cuidados, de su educación, de su crianza…

Un sicario lo esperaba en el garaje de su casa el día que recibía la buena noticia.

Lo acribillaron a balazos.

Carlos Aurelio



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