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Opinión-Editorial

¿Es la sinrazón nuestra prima hermana?

15 de Diciembre | 13:25
¿Es la sinrazón nuestra prima hermana?
 
Cuando tenía quince años una compañera del colegio me regaló mi primera pulsera con la bandera de España. Ha llovido desde entonces, los años han pasado y hoy sigo llevando una pulsera rojigualda, de mi país, mi bandera.

Pulseras, camisas, polos, bolsos, llaveros, abanicos, he tenido y tengo muchas cosas con la enseña, cuando las luzco no pienso que voy provocando, como muchas personas consideran de quienes lo llevamos, no vamos retando, desafiando, no queremos molestar ni chinchar, no pretendemos entrar en conflicto con nadie, no vamos buscando riña, solamente son prendas que forman parte de nuestra vestimenta, conforman nuestro estilo y nuestra personalidad. ¿Me meto yo contigo por llevar otras cosas? ¿Te insulto? ¿Afeo lo que haces? Bien tengo que decir que nunca he sufrido ningún ataque por ello, no me he sentido aislada, ni rechazada, he podido ir con toda la normalidad del mundo, como debe ser, simplemente son nuestra ropa y complementos, como al que le gusta llevar una gorra o ir siempre en deportivas.

Llevar algún elemento con la bandera de tu país, de tu comunidad o ciudad, con los colores de tu equipo, no debería ser motivo de disputa, no tendría que ser el leitmotiv de artículos, discursos, conversaciones, no tendría que ser más que eso, un símbolo que nos gusta lucir, que sentimos, del que nos sentimos orgullosos allá por donde vamos, es más, ni siquiera tendrían que ponerse todas esas connotaciones al llevarla, simplemente la llevamos porque queremos, punto.

¿Hasta dónde hemos llegado? La situación política en la que estamos inmersos ya desde hace tiempo es el perfecto caldo de cultivo en el que algunas personas no saben diferenciar entre la política, el trabajo, la vida del odio, aversión, abominación, antipatía, inquina, rabia, todo eso adormecido en el interior de algunos y que sienten el respaldo de unos pocos personajes del panorama de actualidad y, claro, al ver que esos políticos, actores, literatos se inflan la boca por qué no los van a tomar ellos de referencia y no mirar las consecuencias.

Hay veces que poniendo la mente en modo maléfica llego a pensar que esas caras conocidas que vemos en televisión día y noche, se encargan de ir sembrando las semillas oportunas sabiendo que hay quienes van a hacer el trabajo sucio por ellos, por supuesto nunca llegando a los extremos que estamos viviendo, nadie quiere eso, pero sí con ciertos actos, palabras, gestos que de cara a la galería den una imagen nefasta de lo que es España, que dista años luz de la realidad, creando una pintada y envenenada.
 
Echar la culpa a las altas esferas no sería legal por mi parte, lo que cada uno tenemos en la cabeza viene de fábrica, luego están los añadidos, los aderezos que vamos poniendo con el paso de los años, más lo que otros se encargan de añadir, y es ahí, en los estímulos que recibimos en una sociedad hiperinformada y superconectada, donde está el verdadero problema, ahí sí el delito es gordo. ¿Cuándo van a pisar el freno? Repito, no pongo el ojo en lo que ellos hacen y dicen solamente, no solo ellos son los culpables, pero hay que tener muy presente la etapa que estamos viviendo en la que solo hace falta una chispita para prender.

Todos a una, ése debería ser el lema ante determinadas situaciones, delitos, crímenes, injusticias, inmoralidades, abusos, en definitiva, ante la sinrazón, ésa que desde hace años nos invade y con la que nos hemos acostumbrado a vivir como si fuera una más de la familia.

¿Es la sinrazón ya nuestra prima hermana?


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