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Cultura, literatura, historia, música

Las insignificantes artes

11 de Diciembre | 13:30
Las insignificantes artes
El furor no encuentra cobijo en los dominios de la paciencia, y hace estallar una pluma bañada en vehemencia por las sandeces que uno aprecia en las difusiones cibernéticas y en las campañas vacías y mal planteadas.

Desde hace bastante tiempo, se ha lanzado a los medios la desagradable noticia de la eliminación de la Filosofía dentro del programa educativo, alegando, en contra de su desaparición, que la Filosofía es necesaria para que el individuo, el estudiante en este caso, sepa razonar, transformar sus ideas y hacer conclusiones óptimas para un pensador. La Filosofía, al igual que la Literatura Universal –también sumergiéndose en el bramado mar de la zarpa política- es víctima del desdén y de la desidia, característicos del actual aprendizaje, y por supuesto de la indiferencia de quienes han tomado esta decisión descabezada. 

Mi presente tribuna, no obstante, no es una misiva para los tan mentados politiquitos del esfínter, tan en boca de la ciudadanía en estos tiempos contemporáneos compungidos –si no lo han estado toda la vida de Dios-. Es una misiva hacia los indignadísimos, como yo, que publican fotografías, diagramas, murales varios que reflejan en pocas palabras y en dibujos, la contrariedad e irritación que sienten, las cuales pueden verse, por añadidura, en las pancartas y panfletos, en las pitadas y en las elevadas voces de megáfonos que se enarbolan cuales banderas en la revolución callejera. Desde mi punto de vista, el objetivo y el argumento de esta revolución de “compungidos”, desazonados, decepcionados, como queramos llamarlos, es una mera estupidez tal y como está planteada.

“Eliminar el pensamiento filosófico del currículum estudiantil es erradicar todo el bosque de razonamiento que debe crecer en la creativa mente de un adolescente”. Esta frase es resumen de las extraídas que se extienden por las redes sociales. La siguiente se asemeja a las referentes sobre la Literatura Universal: “Quemar en el olvido la aportación creativa de muchos genios de la pluma, obliga al estudiante a atenerse al dogma y al analfabetismo”. Se infiere de las anteriores declaraciones de insurrectos que el ser humano, en concreto el joven, necesita saber qué pensaron Horkheimer, Kant, Bacon, Nietzsche, los estoicos y socráticos… El joven se ve en la inquietud ávida de conocer las palabras de la Celestina, del Lazarillo, de Daniel “El Mochuelo”, la mente de Jorge Luis Borges… ¿Creen que estos son suficientes motivos como para frenar tamaña barbaridad que es dejar a un lado las Artes?

Me veo en la necesidad de exponer en la tribuna mi época como estudiante de bachillerato al remontarme a ella, y francamente, con todos mis respetos, en ningún momento mi mente se ha iluminado con el deslumbrante fulgor del saber filosófico, y no me siento agradecido ni tocado por la Fortuna con aquellos que me la impartieron. Al contrario. La Filosofía, al igual que la Literatura, como sus otras materias amigas, sufrieron en mi bachillerato (no mucho tiempo ha), aun ahora, de la mecánica clásica de estudio, del aprendizaje fortalecido por la memoria, del “Platón ideó la alegoría de la caverna en su VII Libro de la República, y esto entra en el examen”, y entonces todos nosotros nos cagábamos en la madre de Platón por tremendos razonamientos, para escupirlos en un examen como gargajo insidioso con el fin, después, de olvidar al pobre Platón con una velocidad fulmínea. 

Al joven de hoy en día, en esta sociedad marchita, poco le importa todo esto porque su afanoso analfabetismo del que, sin ridiculez alguna, alardea, se basa en eludir de su camino todo este obstáculo denso que tiempo le quita a sus preciados quehaceres, como son la consola, la pantalla, el chat y el, generalizando por supuesto, liarse porros. ¿De verdad este se va a sentir guillotinado al desaparecer tales materias de su curso? Las palabras con que se reivindica este acontecimiento atroz del que, por cierto, me muestro reacio y antagonista, bien conciernen a quienes conocemos el valor de las artes en el conflicto insondable de la naturaleza humana, y ni que decir tiene a quienes se dedican a ellas o imparten asignaturas de este tipo. También, la cruda realidad, son palabras a favor de los filósofos y filólogos que, de sufrir esta situación, se quedarían sin trabajo. 

Es este sistema educativo inútil sin remedio, amedrentado frente a otros prestigiosos, ninguneado y jamás mejorado ni por derechas ni por izquierdas, cuyas propuestas lo único que consiguen es ensuciarlo aún más y formar generaciones de estudiantes sin vocación ni ilusión. Son puntos en su lista de logros para sus campañas electorales. Lo único que se está haciendo es aborregar y adoctrinar insulsamente, y en estas condiciones es imposible defender la presencia de las Artes en la Educación con los argumentos ya citados. Sí se podría enfocar de la manera siguiente: de por sí, esta sociedad se revierte y se ensucia con el lodo medioeval, se ríe de sí misma y de su ignorancia rampante, y de tanto inservible saliendo por televisión; enterrando la Literatura y la Filosofía, estamos logrando el nacimiento de un paisaje yermo, de ramajes despojados y hojas chamuscadas. Por tanto, es un error eliminar estas disciplinas, ya que, al fin y al cabo, una minoría de los estudiantes, la cual, aunque en proceso de reducción, siempre está ahí, contemplará el valor de las Artes en el progreso y en el beneficio social, y cuando se libren de la aplastante enseñanza mermada por la apatía, por sí mismos se formarán en la Cultura y se interesarán por los sabios que han contribuido a enriquecer con la luz de su doctrina el devenir de la Historia. 

Es justo mencionar a la Música como otra área de las Artes cada vez más apartada, atosigada por lo que estamos viviendo en la actualidad: en una sociedad donde los chavales cuentan en sus listas de canciones con temas de reggaetón, no se puede hablar de progreso ni de evolución. Sobre todo, mientras, paradójicamente, nos matemos en ensalzar a la mujer, acabar con la violencia de género, buscando la igualdad entre varón y hembra, y luchando contra el machismo, que una juventud, ¡el futuro!, escuche este tipo de canciones –reggaetón puro y duro que se oye hasta en programas televisivos-, renunciemos a este proyecto vital que puede ser hasta utópico. Es una paradoja puesto que esta música –por llamarlo de alguna forma- trata los temas contra los que estamos peleando, por ejemplo, el machismo y el sometimiento de la mujer como juguete sexual, y una inmensa mayoría lo escucha, tararea y admira-. El mismo efecto de involución ocurrió con el hecho de que “50 sombras de Grey” haya sido un best seller y su versión cinematográfica un éxito de taquilla, y peor aún que el mayor porcentaje de lectores se tratara de mujeres, sabiendo el tema que trata esa bazofia de novela barata –otra paradoja-. (No me olvido, por supuesto, de la repercusión exitosa de la saga de “Torrente”… el mismo perro con distinto collar).

Por tanto, hace dificultosa la búsqueda del progreso la situación penosa que estamos atravesando: que avancemos en lo que a tecnología se refiere no nos está creando ventajas, cuando las generaciones venideras carecen cada vez de más valores y se están insensibilizando. ¿No es esto relevante? 

Antes se debería cambiar la educación que de niños recibimos, ya que el futuro –la juventud- sabrá valorar lo que de verdad es importante contribuyendo, a su vez, a que este paisaje yermo y baldío verdee, su flora sea feraz, y todos podamos disfrutar de sus beneficios. Todos, absolutamente todos, incluso los enchaquetados con siglas y colores de Partido, que tan difícil lo están poniendo.



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