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LA PUERTA DE TANNHÄUSER

Es una cuestión de justicia, equidad y solidaridad

3 de Octubre | 13:32
Es una cuestión de justicia, equidad y solidaridad
Vivimos estos días lo que parece ser una de las etapas más cruciales para la historia reciente de España, uno de los períodos más convulsos de los últimos cuarenta años.

En las próximas cuarenta y ocho horas asistiremos a un sin fin de actos rocambolescos para los que el gran cineasta José Luis Cuerda podría sacar un enorme guión cinematográfico, que tendrán su momento clave en una representación teatral en forma de referéndum de autodeterminación del denominado como “procés”, es decir, la rebelión catalana y su intento de secesión del Estado español.

Ante este desafío no pudiera ser más claro y tajante: un NO rotundo a los delirios independentistas. No abogo a las cuestiones legales, que ya de por sí anularían cualquier intento de fractura en los asuntos del Estado,  puesto que las normas son instrumentos que los ciudadanos de un país elaboran, ajustan y modifican a su antojo según las circunstancias. Tampoco aludo a los sentimientos patrios y de identidad (que son absolutamente legítimos), ni tan siquiera a cuestiones territoriales ni de unidad nacional.

Mi NO a la trampa de ese supuesto “derecho a decidir” descansa en argumentos de JUSTICIA, EQUIDAD Y SOLIDARIDAD, una serie de derechos fundamentales de cualquier ciudadano que viva en un estado democrático, y que se están intentando violar con estas maniobras que rozan el surrealismo.

Nuestro modelo de Estado, el llamado modelo autonómico, que es fruto de la herencia histórica de otras épocas, impide técnica y solidariamente cualquier fragmentación de la nación, puesto que en realidad, España, es una nación atomizada, construida a partir de asimetrías claras entre territorios, quienes han evolucionado de diferente manera gracias al acervo cultural y socioeconómico de sus entornos, así como de las decisiones políticas de los gobiernos y administraciones que se han venido sucediendo a lo largo de los siglos. En algún artículo de prensa abordé este asunto desde la perspectiva económica. apoyándome en los argumentos que sostiene el Profesor de Historia Económica Domingo Gallego, quien ahonda en tales cuestiones y nos traslada a la España medieval latifundista para poder llegar a entender aspectos como el diferente concepto de emprendimiento de “las dos España” (el norte y el sur), o la desigualdad de oportunidades que ha existido siempre en los diferentes territorios del país, dadas las políticas de acondicionamiento positivo sobre ciertas zonas del Estado, y que llevó a la aparición de  polos atrayentes de desarrollo muy localizados (uno de ellos, por cierto, Cataluña).   

Este compendio de circunstancias ha derivado a lo que realmente somos ahora, un país compuesto por regiones que forman un puzzle interdependiente de sus territorios.

Como habitante de una de las regiones más pobres del país, que sigue sufriendo el desamparo de la administración central (como ha hecho siempre),  quien no duda en proceder a realizar agravios en el trato si lo comparamos con otros territorios del país (recordemos por ejemplo, el asunto del tren), siento un enorme malestar por todo lo que estoy viviendo.

No son cuestiones de raza por lo tanto, ese emblema que siempre ha abanderado el nacionalismo en cualquiera de sus vertientes, es una cuestión de Justicia Social.

Difícil papel le toca brindar a nuestros políticos, absolutamente incapaces hasta el momento de estar a la altura del momento histórico en el que vivimos, pero no hay que culparlos del todo a ellos, ya que, como decimos, existe un origen histórico del problema.  Probablemente no podamos hacer nada para eliminar esa idea de la independencia, que ya floreciera el siglo pasado durante la segunda república. Ahora existe un sentimiento aún más profundo si cabe fundamentado en el famoso “España nos roba”, que ha calado hondo en la población dados los problemas de corruptela y la crisis económica (¡cómo nos recuerda ese contexto a la vieja Europa de los años treinta del siglo pasado!). Además, hay un germen que ha nacido en las generaciones presentes del pueblo de Cataluña, regado constantemente de las instituciones autonómicas catalanas, que están sufragadas por cierto en parte por el conjunto del Estado. De todas maneras, tampoco debería ser el camino para afrontar este difícil problema al que nos enfrentamos. Dadas las circunstancias, creo que la única solución es la del pacto bilateral de desconexión, pero con una hoja de ruta muy clara, y es aquella que permita a todos los territorios del país recibir todo de lo que hemos sido privados durante siglos para así sostener los privilegios de otras regiones, como es el caso de Cataluña. La historia y sus argumentos, ese pozo del que ha bebido el nacionalismo para justificar su existencia, bien nos recuerda que en España hay ciertos territorios que tienen  contraída una deuda histórica con el resto de territorios que conformamos el país. Ya es hora de que lo digamos alto y claro.


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