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Igualdad
SIN PROPÓSITO DE ENMIENDA

El privilegio de la manada. Sobre la Ley LGBT de Unidos-Podemos

15 de Mayo | 12:48
El privilegio de la manada. Sobre la Ley LGBT de Unidos-Podemos
Maricón. Nenaza. Bujarra. Enfermo.

Mi adolescencia conoció estos insultos. Aprendí mi diferencia, aquello que me impedía participar en los privilegios de la manada, gracias al choque de la injuria. Estaban ellos, los normales, y estaba yo, cuya orientación sexual -distinta y única (no conocía referentes)- comenzaba a expresarse tímidamente. El insulto que sirve para señalar y estigmatizar al diferente establece una asimetría: ellos y yo, el otro.

En aquellos tiempos en los que aprendí que mi atracción física por adolescentes de mi mismo sexo generaba rechazo, oprobio y sí, agresiones, también llegué a la conclusión de que lo mejor era inhibir mis afectos, ocultarlos, ponerme una máscara que me protegiera y me permitiera convivir con la manada. En los años 80 los primeros referentes LGBT apenas estaban naciendo y la cultura, los medios, la política, en suma, la sociedad, solo visibilizaba lo heterosexual. Si aparecía algún marica (tardaría en conocer otras formas de referirse a mi orientación) lo era en forma de burla y estereotipo. Por ejemplo, en los chistes de Arévalo

El grupo parlamentario de Unidos-Podemos ha presentado una propuesta de ley, trabajada con los colectivos LGBT españoles, para consolidar los derechos que hemos logrado en estos últimos 30 años (¡que hemos logrado gracias a nuestra lucha!) e impedir que la LGBTifobia tenga carta de naturaleza o goce de impunidad; que los delitos de odio nunca más puedan expresarse y manifestarse ante el silencio, cuando no la complicidad, de las administraciones públicas.

Si a un chico o una chica trans, gay, lesbiana, bi le pegan una paliza por manifestar en público sus afectos, que la administración pueda intervenir para protegerlo y poner en manos de la justicia al agresor, estableciendo por ley las penas; si en un restaurante, un hotel, una discoteca, un banco o una oficina de empleo se veja a una persona por su apariencia y se le agrede verbalmente, se le humilla y se le discrimina, que ese espacio pueda ser sancionado con una multa; si una persona es acosada en la clase o en las redes por un homófobo, se pueda impedir ese acoso.

La discriminación por género y por orientación sexual es uno de los delitos que se recogen en el cuerpo de los derechos humanos, igual que condenamos la discriminación que pueda sufrir un ser humano por su origen o condición. El reto, ahora, es legislar contra la homofobia.

La presentación del proyecto de ley de Unidos-Podemos para proteger los derechos de las personas LGBT, sin embargo, ha venido acompañado de una polémica donde se acusa a los promotores de querer limitar la libertad de expresión. Que los grupos más reaccionarios, la derecha más cavernícola, grupos ultras como Hazte Oír o los Kikos, neonazis y demás parentela iban a revolverse contra ese proyecto, formaba parte de lo previsible. Que una parte de la llamada izquierda cayera en la trampa de creer que con esta ley se podía justificar la ley mordaza del Partido Popular, podía entrar en nuestros cálculos e incluso suceder; pero debo reconocer que me han sorprendido algunas torpezas mayúsculas. Los homófobos deben estar frotándose las manos.

La libertad de expresión lo ampara casi todo, y así debe ser. Protege, especialmente, hacer mofa o crítica – incluso injuria – del poder, de quienes detentan los máximos privilegios. Pero tiene un límite: no puede amparar la agresión contra aquellos que no pueden defenderse por su condición de minoría o de colectivo históricamente perseguido y discriminado  

La homofobia, igual que el machismo, el racismo o la xenofobia, ha gozado durante siglos de la cobertura de las leyes. El patriarcado ha legislado una sociedad donde ser mujer, ser marica y ser lesbiana es una desgracia. Y en el caso de la “sodomía”, incluso un delito. ¿Hace falta recordar que hasta hace 40 años en este país la cárcel y los electrodos eran nuestro destino, al calor de la llamada ley de peligrosidad social del franquismo?

Podemos discutir cómo redactar mejor un artículo concreto en la ley para establecer que queremos proteger a las minorías discriminadas,  en modo alguno dar cobertura moral a quienes han decretado las leyes mordazas o  dar una pátina de impunidad al poder frente a la crítica (y repito, incluso frente a la afrenta) pero, queridos amigos, no caigamos en la trampa de los homófobos, que quieren proteger su derecho al odio, su derecho a seguir insultando a una persona por su orientación, su derecho a agredirlo, a echarlo a patadas, a señalarlo en público y humillarlo.

Ellos quieren impedir esta Ley, como en el pasado quisieron impedir la Ley de Igualdad (con argumentos, por cierto, del tipo “la discriminación positiva” es un acto de injusticia porque establece un privilegio por el hecho de ser mujer; obviando intencionadamente que el privilegio histórico es el de nacer hombre, en una sociedad donde política, laboral y culturalmente ser varón te permite tener más oportunidades y opciones que ser mujer).

No nos engañemos: lo que admitimos o no bajo el paraguas de la libertad de expresión no es ajeno a las lógicas de poder y dominio. El patriarcado ha definido lo que es objeto de amparo y protección, h establecido los privilegios de la manada. La ley LGBT presentada por Unidos-Podemos junto a los colectivos LGBT, precisamente, arrebata al patriarcado ese privilegio, ese dominio, ese control. Por eso, algunos no quieren proteger la libertad de expresión, lo que quieren es impedir que se legisle a favor de las minorías sexuales. No caigamos en su trampa.

La injuria es un acto de desposesión. Cuando me llamaban marica de adolescente, eran ellos quienes me definían y afirmaba así un acto de poder sobre mi persona: tenían la capacidad de herirme. En la sociedad heterosexista donde yo di mis primeras bocanadas de aire, el armario fue mi destino, antes de tomar conciencia y lograr hacerlo astillas.

Que nadie tenga que volver a vivir en los armarios, que esconderse no sea la única salida que tiene la persona LGBT para sobrevivir, que la homofobia no goce de impunidad: necesitamos leyes para lograrlo.


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