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Opinión-Editorial

Esperando la revolución

10 de Abril | 19:41
Esperando la revolución
Educar es un acto revolucionario porque cuando a una persona cualquiera se la educa, nunca vuelve a ser la misma, se transforma

Pero educar no es adiestrar, ni domesticar, ni siquiera instruir. Tiene un poco de cada (cuarto y mitad, que diría el castizo) pero educar es otra cosa. Es crear pensamiento crítico, es saber analizar, es imbuir referencias y criterio, ideas y convicciones. También creencias. Por eso es tan peligroso el buen educador y tan observado. Tan temido. 

El educador no tiene ni siquiera que ser un maestro de la enseñanza reglada. Precisamente, hoy en día es ésta la que menos influencia tiene en la educación. Todos lo sabemos, todos hemos tenido hermanos, primos, amigos, mayores que nosotros que nos han guiado (por ejemplo) en el camino laberíntico de la preadolescencia, enseñándonos a crecer. 

Uno siente que la educación ya no es lo qué era, precisamente porque se da por hecho su existencia sin más. Con la consabida democratización del sistema, y el acceso de todas las personas a cualquier nivel educativo, se ha caído en la mayor de las indiferencias. ¿De qué otra forma podría explicarse (si no) ese "juego" de cambios de las leyes educativas, como si fueran prendas de "quita y pon", según la estación "metereológica", es decir, según el frío o el calor de la ideología del partido gobernante?. 

Y lo sorprendente es que el profesorado, los técnicos, ni rechistan. Como si no fuera con ellos. Como mucho, lo hacen durante unos pocos días los pertenecientes a algún sector que siente sus derechos particulares maltrechos por el cambio y la disminución de horas en el planning escolar. Con la consiguiente disminución de su influencia docente y de contratos. 

Pero no es eso, no es eso. Los que vivimos en primera línea de juego, desde nuestras pequeñas o grandes responsabilidades en "provincias", la elaboración de la Logse, recordamos con nitidez la emoción que supuso su puesta en marcha y el compromiso real y persistente de tantos progresistas con sus objetivos. La ley fue consecuencia de un contrato con los ciudadanos y ciudadanas del país y de una participación, real como la vida misma, de todos los sectores implicados. El texto del prólogo de la Logse quedará como ejemplo del afán reformador que en aquel momento tenía la sociedad española, con afanes realmente igualitarios y democráticos. De educación para los hombres y mujeres del presente y del futuro. 

Educar es construir individuos fuertes que sepan enfrentar las situaciones problemáticas de la vida, desde sí mismos y en compañía de otros. Porque manejarse en el contexto, cada vez más universal, es todo un reto; adiestrar la inteligencia y las características de cada uno para ubicarse en nuevas situaciones de trabajo o de vida, no lo puede hacer cualquiera si se halla desprovisto de los recursos que dan los conocimientos interrelacionados y consistentes. 

Educar es tan importante que aún no entiendo cómo los partidos que se tienen por progresistas no lo colocan en la prioridad más absoluta de todas cuántas tienen. Quizá porque, en el fondo, fondo, de sus propias ambiciones, crean que no les viene excesivamente bien que los votantes tengan mentes preparadas. Pero puede que me equivoque en esta opinión tan malévola...quién sabe.

Carmen Heras



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