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Opinión-Editorial

“Podemos”: la partida de la porra, guerrilleros liberticidas y totalitarios

23 de Febrero | 16:26
“Podemos”: la partida de la porra, guerrilleros liberticidas y totalitarios
Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Edmund Burke

A finales del siglo XIX se creó en España un grupo de activistas violento, de agitadores y represores con el nombre de “La Partida de la Porra”, según cuentan las crónicas, la partida de la porra estaba al servicio del Partido Progresista español (“LIBERALES”) y empezó a actuar hacia 1870, supuestamente para defender al monarca Amadeo I.

Estaba dirigida por el periodista y empresario teatral Felipe Ducazcal Las Heras (1849-1891) estaba integrada por unos treinta individuos cuya actividad consistía en destrozar las redacciones de los periódicos de la prensa opositora (alfonsinos, moderados, carlistas), boicotear y disolver por la fuerza las reuniones de los partidos políticos moderado y carlista cantando el Trágala (Canción con que los liberales españoles se burlaban de los absolutistas en el siglo xix), dar palizas a los líderes destacados de los mismos y amedrentar a los electores contrarios al Partido Progresista, para lo cual no dudaban en apedrear los cristales de sus casas o las farolas cercanas a ellas, entre otros procedimientos, a veces con la cooperación e incluso con la complicidad de las autoridades civiles… A semejanza de la Partida de la Porra madrileña surgieron otras en las ciudades más populosas de España, con idéntico propósito represivo.

Demos un salto en el tiempo: en la década de los 70 del siglo pasado, se creó en España un grupo parapolicial, también de agitadores y represores, con el nombre de Guerrilleros de Cristo. A lo largo de esa década del siglo pasado surgieron distintas bandas con el objetivo de contrarrestar y combatir a los movimientos antifranquistas que iban apareciendo en el ámbito universitario.

Como consecuencia de sus acciones resultaron muertas unas 66 personas, desde militantes de ETA hasta abogados laboralistas de izquierdas (la "matanza de Atocha") o sindicalistas de la CNT (Caso Scala), pasando por los carlistas asesinados en 1976 durante los denominados sucesos de Montejurra, y ciudadanos que no tenían ninguna relación con la política.

Estas “partidas de la porra” estaban formados por elementos civiles, policías y militares, todos ellos partidarios del régimen del General Franco. Los grupos tuvieron vínculos más o menos estrechos con organizaciones terroristas neofascistas europeas y americanas y también con grupos derechistas legales como Fuerza Nueva. Su objetivo era eliminar a quienes consideraban "enemigos de la Patria" y contribuir a la desestabilización de la naciente democracia. A medida que ésta fue consolidándose, y tras el fallido golpe de Estado del 23-F, fueron disolviéndose. En 1982 ya habían desaparecido.

Son muchos los que afirman que posiblemente algunos antiguos militantes del terrorismo tardofranquista fueron utilizados para crear los primeros Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) utilizados en la lucha “ilegal” contra el terrorismo vasco.

La Constitución Española de 1978 en su Título Preliminar, artículo 6, afirma que:

“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”

También la Constitución Española de 1978, en su Título I. De los derechos y deberes fundamentales. Capítulo segundo. Derechos y libertades. Sección 1.ª De los derechos fundamentales y de las libertades públicas, artículo 20, afirma que “se reconocen y protegen los derechos:

  1. a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
  2. b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
  3. c) A la libertad de cátedra.
  4. d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.”

Últimamente se vienen produciendo situaciones realmente preocupantes en lo concerniente a la libertad de expresión, al libre contraste de pareceres, en los últimos meses miembros del partido político “podemos” y asociaciones afines (feministas de género, homosexualistas, etc.) tratan de imponer por medios de dudosa legalidad lo que ellos consideran “políticamente correcto” y perseguir, censurar, impedir por todos los medios a su alcance que se divulgue lo que ellos consideran “políticamente incorrecto”, y especialmente actúan con odio, rabia, inquina, saña contra todo aquel que ose cuestionar lo que para ellos es –al parecer- más sagrado: la ideología denominada “perspectiva de género”.

Tal es así que en los últimos meses del año pasado, y lo que va de 2017, han hecho todo lo posible para impedir que se presente públicamente el libro de la profesora Alicia V. Rubio “Cuando nos impidieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres”. Cuando no han conseguido amedrentar a los organizadores o quienes ponían a disposición de la autora sus locales, han pasado directamente al boicot, fuera impidiendo el acceso de quienes pretendían escuchar a Alicia, o irrumpiendo en el local, con pancartas, silbatos, y cualquier tipo de megafonía, coreando consignas a cual más soez e irrespetuosa, e incluso llegando a zarandear y violentar a alguno de los asistentes.

No es exagerado decir que tales actos intimidatorios recuerdan a las acciones de las “partidas de la porra” y las de los Guerrilleros de Cristo Rey de los últimos años del franquismo y primeros de la democracia.

Lo único que ha cambiado respecto de los años de la llamada “transición” es el sentido de las acciones totalitarias y liberticidas, si entonces los victimarios eran de “extrema derecha” y las víctimas de “izquierda”, ahora es al contrario… pero su mentalidad y sus métodos son idénticos. Claro que, quienes estén suficientemente informados y formados, y no sean víctimas de las “leyes educativas progresistas”, saben sobradamente que el fascismo, el nazimo, el estalinismo y todos los totalitarismos poco o nada se diferencian, ni en sus principios, ni en sus objetivos, y menos en sus formas de actuación, sea en el camino hacia el poder o una vez alcanzado.

Pese a que los medios de información y creadores de opinión apenas le presten atención al asunto, tanto las universidades, en especial las facultades universitarias de humanidades y ciencias sociales, como cualquieras otras tribunas, están en manos de gente liberticida y bajo el totalitarismo del pensamiento único obligatorio, hace cuarenta años franquista y ahora estalinista.

Es difícil olvidar como las hordas de Pablo Iglesias Turión impidieron que Rosa Díez (UPyD) diera una conferencia en la Universidad Complutense en 2014, o el año pasado boicotearan otra del expresidente del Gobierno Felipe González… Y nadie hace nada por impedirlo, o castigar a los culpables, y más cuando se pavonean y jactan sin tapujos de sus hazañas.

Actualmente se puede afirmar que los actos de sabotaje, represión, boicots, o como ellos los denominan: “escraches”, son casi diarios. Hemos llegado a tal punto que pocas son ya las universidades, o colegios profesionales, o asociaciones en los que sea posible disertar refutando el pensamiento único políticamente correcto… Nadie se atreve casi a invitar o acoger a personas que supongan un reto para la partida de la porra podemita y que puedan sufrir sus iras, o acabar silbados, insultados, zarandeados, escupidos… o tengan que acabar saliendo por la puerta trasera, escoltados por las fuerzas de seguridad.

Podemos se ha convertido en “la partida de la porra”, en “guerrilleros liberticidas” y campa por sus fueros al grito de “fascistas fuera de la universidad”, o “vamos a quemar a la Conferencia Episcopal”, o “arderéis como en el 36”, o “fascistas os tenemos en nuestra lista”… e impide toda clase de acto universitario, o no necesariamente universitario, de que quienes discrepen de sus postulados.

El gazpacho totalitario de “podemos” está cocinado con ingredientes liberticidas de lo más diverso, e incluso opuestos: nacionalistas, antisistema, anticapitalistas, anarquistas, troskistas, estalinistas, feministas de género, homosexualistas, islamistas… y todos ellos tienen en común que odian la libre expresión y la civilización occidental judeocristiana, y por supuesto –tal como los hitlerianos- odian a los judíos.

Son tantos ya los altercados, los actos intimidatorios que darían para escribir un libro. Raro es el día que no se hacen notar. Incluso sus líderes en el Congreso de los Diputados adoptan actitudes macarras y matoniles.

De momento sus  “razzias” no son del calibre de las que emprendían los Guerrilleros de Cristo Rey durante los años 70, aunque ya han pasado a la agresión física cuando salen de cacería, como en el caso de Inma Sequí, presidenta de VOX en  Cuenca en 2015, o más recientemente a la joven de Murcia a la que apalizó una docena de “antifascistas”… Pero, salvo que la autoridad competente les ponga freno, aplicando la Constitución y las leyes, y especialmente la ley de partidos, por desgracia la cosa puede acabar yendo a mayores, todo es cuestión de tiempo.

Carlos Aurelio Caldito Aunión.


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