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Opinión-Editorial

Extremadura: de la subsistencia al crecimiento

11 de Enero | 12:33
Extremadura: de la subsistencia al crecimiento
Leí a principio de los años 80, recién llegado a Extremadura, el libro de Víctor ChamorroExtremadura afán de miseria” (que pronto se convirtió en el libro de cabecera de la izquierda extremeña). Aquel libro a mí me produjo un mal sabor de boca, era un libro lleno de pesimismo, conformismo y resignación. El autor se recreaba en la pobreza de una tierra, que yo entonces no conocía, sin esperanza y con un negro futuro en su horizonte. Vamos que, sólo leerlo. le daban a uno ganas de salir corriendo.

A punto estuve yo de hacerlo, pero una placentina y una ciudad me hicieron desistir, y con el tiempo descubrí que Extremadura es algo más, mucho más que la visión que me dio ese triste libro que leí a poco de llegar. He tenido la ocasión, en estos más de 30 años que llevo ejerciendo de extremeño, de recorrer gran parte de esta comunidad, mi paso por la dirección del CEMART y mi actividad política me han permitido conocer y valorar una tierra y una gente que siempre llevaré en el corazón.

Extremadura me ha dado lo más importante de mi vida, mi familia, y de ahí que me afiliara a un partido regionalista para, en lo posible, contribuir al desarrollo de una comunidad a la que debo tanto. Sin embargo, ahora que he dado por acabada mi actividad política, sigo pensando, que aún hay demasiados extremeños, y sobre todo políticos, que siguen teniendo “afán de miseria” porque viven de la miseria de los demás.

Como he dicho en muchas ocasiones, si hay una Comunidad en España que necesita un partido regionalista fuerte, esa es Extremadura. Un partido que, conociendo el pasado de su tierra, apueste por su futuro. Un partido que crea que Extremadura puede converger con el resto de comunidades de España. Un partido donde el sectarismo y el fundamentalismo ideológico no tengan cabida. Un partido que crea en la libertad, la democracia y el estado de derecho. Un partido reivindicativo, que exija, desde el respeto a la Constitución, que se dé a Extremadura el trato que merece y que se le ha negado durante tanto tiempo, no podemos ser pobres hasta para pedir.

El papanatismo de algunos y los intereses y mala fe de otros, han propiciado que hayamos perdido en demasiadas ocasiones los pocos trenes de progreso que han pasado por aquí. La indudable mejora en los últimos años de algunas infraestructuras (especialmente las carreteras), no han sido suficientes para que crezca el PIB lo bastante para propiciar el descenso del paro de forma significativa, el aumento de la renta per cápita y la fijación de la población. Seguimos a la cola de España en casi todo, nuestros sueldos y pensiones están muy por debajo de la media nacional y, curiosamente, nuestra presión fiscal es de las más altas.

Las políticas realizadas por los distintos gobiernos autonómicos desde principios de los ochenta se han circunscrito al ámbito de la subsistencia, especialmente las del PSOE. Hemos sido y somos una Comunidad subsidiada con una altísima deuda y una población menguante y envejecida. Nuestros dirigentes sólo se han preocupado de fomentar el clientelismo político a base de subsidios, ayudas y subvenciones. Lo que deberían haber sido medidas de emergencia eventuales, se han convertido en la única forma de paliar, perentoriamente, las necesidades básicas de una parte importante de los extremeños. El PER y la Renta Básica, ante la incapacidad de hacer políticas de crecimiento, son las únicas esperanzas de subsistencia para muchos.

Proyectos como la Refinería de Tierra de Barros o el Complejo Turístico de Valdecañas se han ido al garete por la incultura medioambiental de unos y la cobardía política de otros. El ferrocarril ha sido cercenado y Extremadura ha dejado de ser paso obligado para la comunicación de España con Portugal y con el norte de la península por la desmantelada Ruta de la Plata. Viajar a nuestra Comunidad en transporte público es toda una odisea tercermundista impropia del siglo XXI.

Las políticas de crecimiento, la industrialización y el aprovechamiento medioambiental y turístico de esta tierra no interesa a algunos partidos que siguen teniendo su caladero de votos en la necesidad y en la miseria. El clientelismo político más propio de otros tiempos sigue en vigor, y en algunos sitios, se ha cambiado el duro de plata por la firma de las peonadas.

Como decía, Extremadura necesita un partido regionalista fuerte que desde el centro político apueste por el crecimiento. Un partido regionalista podemizado y con rasgos secesionistas y antisistema carece de espacio político y está abocado a la marginalidad, como también lo estará un partido que pretenda tener como único referente las costumbres y tradiciones, una cosa es recuperarlas y mantenerlas, y otra muy distinta convertirlas en objetivo político. Tampoco tiene mucho sentido pretender ser un PP o un PSOE en clave regionalista. Estos partidos, a pesar de utilizar el sentimiento regionalista como arma electoral, han estado y estarán a las órdenes que emanen de sus órganos superiores, y como ya ha ocurrido en varias ocasiones, no tendrán inconveniente en apoyar decisiones que perjudiquen a Extremadura y a los extremeños.

Extremadura, si no quiere en pocos años ser una especie de reserva donde sólo malvivan ancianos y no se puedan mantener los servicios básicos, necesita una nueva política basada en cambiar la subsistencia por el crecimiento, la pobreza por la riqueza y la resignación por el orgullo. Sólo así tendremos futuro.

PD: Seguir empeñados en que los partidos funcionen como ONGs es pan para hoy y hambre para mañana. No se trata sólo de que los pobres malvivan, se trata de que no haya pobres.


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