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LA PUERTA DE TANNHÄUSER

¿Hacia un nuevo modelo de Estado?

27 de Junio | 13:25
¿Hacia un nuevo modelo de Estado?
En la anterior entrega de esta columna, disertábamos sobre los problemas profundos en los que se encuentra inmerso el Estado según el contexto Moderno, ese que se acuña bajo la etiqueta de “Democracia occidental”.

Utilizábamos como arma crítica el análisis acertadísimo que a mi juicio regala una de las mentes más lúcidas que hayan existido, F. Nietzsche. El filósofo alemán apunta directamente a un problema sustancial sobre el cuál justifica la crisis en la que vaticina caerá el “perro humeante”, metáfora con la que se refiere al Estado; la cada vez mayor distancia entre el gobierno del Estado y sus instituciones y el pueblo, algo que, bien acentuado, supondría la desafección de la ciudadanía con el propio ente, la pérdida de su fe y esperanza, y en definitiva, el principio del fin para el modelo actual.

Precisamente, es en este gran problema donde más ha trabajado una de las figuras clave del pensamiento político actual, el filósofo y economista bengalí galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1998, Amartya Sen (Shantiniketan, Bangala, Raj británico, 3 de noviembre de 1933).

Sen es una figura muy relevante en el campo de la Sociología y la Economía; sus ideas son respetadas por los más reconocidos estamentos internaciones, y ha trabajado incansablemente en ámbitos como la Economía del Desarrollo, abordando cuestiones controvertidas como las hambrunas, la teoría del desarrollo humano, la economía del bienestar y los mecanismos subyacentes de la pobreza. También son famosas sus disertaciones sobre el concepto de Justicia, en donde juega un papel esencial su teoría de las capacidades.

Precisamente, he de destacar uno de sus trabajos más brillantes en este campo, “La idea de la Justicia”, la que para muchos supone su obra cumbre. En ella discute argumentalmente sobre la concepción de este término, buscando una definición acertada y propia a partir de la discusión de diferentes teorías previas a sus planteamientos. En ese camino que Sen emprende, aborda la importancia que tienen los Estados en el confinamiento del concepto de Justicia.

Resulta tremendamente interesante apoyarnos en las consideraciones que hace el filósofo bengalí al respecto, puesto que analizando con detenimiento sus propias tesis, sorprendentemente podemos encontrar explicación a muchos de los fenómenos que actualmente estamos viviendo, nacidos de ese sentimiento de apatía que supone el divorcio entre el aparado institucional del Estado y la ciudadanía, y que nos está llevando a un nuevo escenario totalmente inesperado y desconocido.

Así, si consideramos las ideas de Sen, podemos llegar a justificar por ejemplo fenómenos como el 15M: lejos de ser fruto de una casualidad, digamos que su existencia no ha sido más que el resultado de un sentimiento que nace de esa desafección peligrosa cada vez mayor entre el Estado y la Ciudadanía tal y como apuntaba Nietzsche. Realmente, si miramos lo que aconteció aquellos días desde la perspectiva de Sen, podríamos llegar incluso a preguntarnos si la iniciativa no fue más que un síntoma más de los últimos coletazos de un modelo absolutamente agotado.

¿Estaríamos por lo tanto ante un nuevo comienzo? Veamos si en la ideas de Sen podemos encontrar la respuesta a esta pregunta.

Amartya Sen se refiere a la perfecta democracia como el “niti nyaya”, siendo el “niti” el “componente formal” de la democracia, es decir, el que afecta a las instituciones que deben funcionar con un comportamiento ejemplarizante, y el “nyaya”, donde es trascendental la participación ciudadana más allá del propio voto, lo que se consigue mediante un instrumento al que Sen se refiere como “Razonamiento Público”, es decir, la consideración de las opiniones de los ciudadanos para la toma de las decisiones del Estado.

Para el filósofo Bengalí, por lo tanto, solo con el funcionamiento de la democracia formal (el “niti”), no se consigue preservar la armonía en la relación Estado-Pueblo. Tampoco existe democracia si toda la actividad democrática recae en el “nyaya”. Para que un Estado funcione de forma correcta, debe haber por lo tanto un equilibrio perfecto entre ambos brazos.

En los días previos al 15M salieron a relucir una serie de hechos que sirvieron para terminar de poner en jaque todo nuestro “niti nyaya”; la escalada de corrupción que pareciera no tener fin y que afectaba a todos los pilares del estado mostró su cara más amarga, así como las decisiones tomadas al margen de la ciudadanía sobre recortes presupuestarios, acrecentaron la crisis de credibilidad en ambos frentes, emergiendo así un sentimiento de rabia y rechazo contra la maquinaria del Estado que dio lugar al actual panorama que vive nuestro país.

No es de extrañar por lo tanto que determinados partidos políticos emergentes e hijos de aquel “basta ya” hayan arraigado tanto entre la ciudadanía, sobre todo en el espectro joven y descontento (el que más fuerza tiene ya que aún no ha entrado en la apatía democrática generalizada), precisamente por esta “nueva” manera de hacer política que promete refundar el “niti” y ha puesto en práctica de forma más o menos visible el nyaya “total” (la democracia asamblearía). Sin entrar en el análisis detallado de las bondades y veracidades de las propuestas que estas fuerzas propugnan, la realidad es que la idea ha venido para quedarse, lo cuál demuestra que en este país tenemos un serio problema con nuestro modelo de Estado. Es precisa una regeneración progresiva, nos faltan elementos para sentirnos identificados con una verdadera democracia, de no ser así, los mensajes mesiánicos y los libertadores de la patria habrían pasado desapercibidos.

Debemos por lo tanto asumir que estos nuevos aires no son más que el fruto de las propias demandas de la ciudadanía de un país relativamente joven en esto de la democracia, con muchos vicios y cicatrices heredados de un período muy oscuro de nuestra historia reciente. Toca ahora remangarse, y que el Estado actual sea capaz de aprovechar estas circunstancias de relativo caos institucional, para asumir estos nuevos retos que han de ser tomados de una forma tranquila, pausada, inteligente y consensuada.


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