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LA PUERTA DE TANNHÄUSER

Viaje a la Divina Comedia

6 de Junio | 13:08
Viaje a la Divina Comedia
El último de los libros que acabo de leer es uno de esos textos que imponen. Su nombre evoca a complejidad, y eso aliena del lector de hoy en día a pesar de que se sabe de la importancia de la obra. No en vano, según los entendidos en la materia, se trata de uno de esos textos universales, un legado imperecedero a la altura de otros libros inmortales como El Quijote.

Incluso he llegado a leer que su autor descansa en el olimpo de los dioses literarios como el padre de las letras italianas ni más ni menos, algo que no sabía a pesar de que es inevitable no asociar a Dante Alighieri como un referente dentro de la literatura universal.

Puede resultar un poco arriesgado (e incluso presuntuoso) hablar sobre “la Divina Comedia” desde mi perspectiva de lector rebelde que no bebe en los cánones de las doctrinas ortodoxas más elevadas ni de los consejos de los más refutados eruditos y entendidos en esto de los libros, aunque tampoco quedo a merced del rebufo comercial que engalana mucha literatura mediocre.

Mi visión del mundo de la literatura es, en parte, totalmente utilitarista, lo confieso; a veces, leo para escribir, y escribo para leer, y de este fin tan egoísta salió mi propio interés por explorar la obra de Dante Aligheri.

Por lo tanto, escribo esto desde la humildad de ser conocedor de la ausencia total del criterio que albergan los grandes expertos que han estudiado esta obra en todos sus matices, y que aportan análisis dignos de la más alta Academia. Yo me aferro simplemente al hecho de haberme agarrado a una buena edición comentada, eso para mi ha sido importantísimo (Editorial Espasa); para lo demás, he dejado que sean mis propias percepciones las que hayan servido para hacerse una composición crítica de la obra, y que me apetece compartir en este rincón con todo aquel que se preste.

Estamos hablando de un libro complejo pero tremendamente interesante, difícil de digerir para alguien no iniciado en este tipo de escritos (como es mi caso), tanto que para degustarlo y sacarle su esencia, he tenido que ir interiorizándolo poco a poco con lecturas intermedias de otros autores de temáticas diversas.

La historia narra el viaje del propio autor en busca del perdón divino, dada la deriva en que se ubica el protagonista frente a los criterios morales y éticos cristianos, algo que le ha llevado a encontrarse en “una selva negra en la mitad de su vida”.

Acompañado primeramente por uno de sus ídolos, el poeta clásico Virgilio (alegoría de la razón y la sabiduría), y posteriormente Beatriz (figura que representa tanto a la fe cristiana como a un amor platónico que tuvo el autor en sus tiempos mozos), Dante va recorriendo los tres reinos que se describen en las sagradas escrituras (el infierno, purgatorio y paraíso), y que lo llevaran a redimirse de todos sus pecados, y a encontrarse finalmente con el mismísimo Dios.

Con respecto al estilo, decir que se trata de un poema de 100 “cantos” aunque a ojos de un lector profano, este gran detalle pasa totalmente desapercibido para convertirse en un texto prosaico (que fue lo que me pasó a mi), lo cuál es una verdadera pena ya que según los expertos, una de sus riquezas está en el estilo, con una métrica muy elaborada siempre constante, en donde el simbolismo numérico de la forma y la estructura también juega un papel destacado dentro de la propia alegoría del poema.

Hablamos de un texto que cumple con los requisitos de las obras “sacras” (de ahí el nombre de “divina”) en el sentido más pragmático del término, es decir, escrita sobre varios pliegos que narran acontecimientos literales, alegóricos (simbología sobre hechos y personas), morales y anagógicos (narraciones que muestran el camino correcto hacia el lugar superior en este caso, hacia Dios), siempre estando la cuestión de la fe cristiana en el centro de la historia, y todo ello bajo un mismo hilo argumental con un final no dramático que hace que se le reconozca como “comedia” atendiendo a los criterios clásicos de clasificación de los textos literarios.

Ahí es donde yo encuentro verdaderamente interesante la Divina Comedia. En mi caso, el concepto de la escritura va mucho más allá de la propia narración de una historia agradable; el texto debe servir para que el lector, bien dirigido por el que escribe, pueda escarbar entre las palabras y encontrar mensajes encriptados que le den un valor mayor a la obra. Para mi es ahí donde reside la calidad en esto de la escritura, amén de las cuestiones estilísticas y de dicción, obviamente.

La divina comedia es todo un arte en estas cuestiones.

El elenco de situaciones y ambientes son tremendamente singulares e imaginativas, ya que las descripciones grandilocuentes de Dante están pobladas de figuras y situaciones mitológicas del saber grecolatino, y que obviamente no están incluidos en el texto sagrado cristiano. En ese propio universo que construye Dante, el autor da cabida a un sin fin de personajes históricos, mitológicos y religiosos, algo tremendamente complejo y que nos puede dar pistas de la sabiduría que albergaba el genial poeta florentino.

Igualmente debemos asignar a la Divina un papel destacado como compendio del conocimiento clásico, ya que Dante supo recoger en su libro mucho de los paradigmas del saber grecorromano y medieval en disciplinas como la filosofía, aritmética, astrología o la teología.

El poema puede servir también como un tratado histórico dada la gran cantidad de acontecimientos que se citan, tanto clásicos para la época como contemporáneos. De hecho, el autor aprovecha la obra para hacer una crítica audaz de la sociedad Toscana en la que vivió (la medieval), y no faltan en sus versos las referencias a miembros destacados de la época, quienes pagan con justicia en la otra vida las tropelías o el buen hacer que han realizado en esta.

Si nos adentramos en el mundo de la alegoría, el grado de dominio del autor es sublime; su textos están plagados de reminiscencias en base a la simbología. Por ejemplo, el número tres está muy presente en el poema, el cuál, entre otros significados, alude a los tres pilares fundamentales sobre los que se asienta el cristianismo; la fe, la esperanza y la caridad.

Del mismo modo, Dante se atreve a explorar los dos fines religiosos por excelencia que hacen del poema un texto “sacro”, el moral y el anagógico, y por ello son constantes las reflexiones que se vierten en los cantos, siempre puestos en boca de las autoridades religiosas con las que se va encontrando, y con las que nos muestran bajo su criterio sagrado la senda que debe seguir “el buen cristiano” en su trayecto hacia la perfección del ser. Analizar estos dos aspectos ha resultado ser un ejercicio tremendamente interesante para alguien como yo, tan alejado de este tipo de pensamientos, aunque es bueno conocer de primera mano la base teológica de la doctrina, para así poder cargarse de argumentos sólidos que afiancen un planteamiento lícito, sólido e infranqueable frente a lo que a mi juicio es la mayor debilidad que mostramos los seres humanos. Pero eso es otra cuestión que no viene al caso.

En resumidas cuentas, podemos decir que Dante nos regala en la Divina Comedia un universo que trasciende más allá de la cuestión religiosa, y que para alguien que está inmerso en un período de aprendizaje también en “el arte” de la escritura, es un texto reseñable dada la gran cantidad de recursos y de fuente de ideas en las que se puede beber, y por lo tanto, queda recomendado encarecidamente desde estas líneas


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