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Los siete retos de los docentes ante los nativos digitales

2 de Octubre | 11:11
Redacción
Los siete retos de los docentes ante los nativos digitales
Replantear las aulas en consonancia con el nuevo perfil de alumnado y aplicar en ellas la renovación pedagógica con rigor son algunos de los objetivos que debe lograr el profesorado
 
Los alumnos que cursan primaria o secundaria son nativos digitales, pero no son muchos los docentes que afrontan su formación. El cuerpo de maestros y profesores debe adaptarse a las nuevas tecnologías y las transformaciones sociales que conllevan, así como a las necesidades de un alumnado cada vez más diverso que crece mirando hacia un futuro incierto. En este contexto parece claro que los movimientos de renovación pedagógica que van aflorando han venido para quedarse, según explican los expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Es necesario que los docentes se sigan formando, evalúen el trabajo que realizan y promuevan una relación saludable con las familias. Coincidiendo con la celebración, el 5 de octubre, del Día Mundial de los Docentes, diversos profesionales de la UOC explican cuáles son los principales retos para maestros y profesores de la educación obligatoria en España. Solo en Cataluña, estos docentes son más de 110.000, según los últimos datos del Departamento de Enseñanza.
  1. Seguir aprendiendo
El derecho a la educación es el derecho a un docente cualificado. Es el lema que la Unesco ha elegido para celebrar, este año, el Día Mundial de los Docentes. También los expertos de la UOC le dan una gran importancia. «En el momento educativo actual, considerado en Cataluña como la tercera primavera pedagógica, aprender es una oportunidad para los maestros», apunta Lorena Becerril, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Esto, subraya, «requiere que se impliquen en la innovación educativa cognitiva y emocionalmente, de manera individual y colectiva». 
  1. Fomentar que los alumnos tengan competencias para hacer frente a la incertidumbre
Del mismo modo que es necesario que formen parte del cambio, también lo es que los docentes desarrollen en los alumnos «aprendizajes y competencias para la sociedad de un futuro todavía pendiente de esclarecer», remarca el psicólogo Àlex Letosa, colaborador de los mismos estudios de la UOC. Según Letosa, parece claro que se debe huir de la rigidez, los dogmas y el individualismo; por el contrario, hay que fomentar la flexibilidad, la empatía, el cooperativismo, la agilidad y el entusiasmo
  1. Asumir la renovación pedagógica aplicando rigor
Tanto Letosa como Becerril coinciden en señalar que los movimientos de renovación pedagógica que progresivamente impregnan los centros educativos son imparables. Cada centro es un mundo, pero son ejemplos de metodologías que innovan «los llamados ambientes de aprendizaje en educación infantil; el aprendizaje basado en proyectos y el basado en problemas; la gamificación; el aprendizaje cooperativo, que es muy diferente que trabajar en grupo, y las conocidas como maletas pedagógicas», ilustra Letosa. «Hace años que se van cociendo y cada vez cogen más empuje», detalla. Pero no siempre es fácil, recuerda Núria Vallduriola, profesora también de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. «En primaria trabajamos por proyectos, en secundaria también se está intentando, y muchos centros lo consiguen, pero a veces volvemos a la costumbre de trabajar de manera tradicional y desarrollamos contenidos más teóricos y no tan cercanos a la vida cotidiana». Para Letosa, es imprescindible que, en la consolidación de estos movimientos innovadores, «los docentes actúen con rigor y evaluando con firmeza cada paso que se haya dado». Y añade que «así se podrá conseguir hacer difusión de las nuevas y buenas prácticas educativas sin sesgos ni dudas de su validez por parte de aquellos que siempre pueden manifestar la natural resistencia al cambio». 
  1. Replantear los espacios de acuerdo con los cambios
Los movimientos de renovación pedagógica, recuerda Letosa, asumen que el centro del aprendizaje son los alumnos y no la instrucción; que las emociones son una parte muy importante del aprendizaje, o que hay que superar la división en asignaturas para construir un aprendizaje más horizontal; todo ello, en un contexto en el que los alumnos son nativos digitales. «Si bien la mayoría de los centros hemos dotado todas las aulas de pizarras digitales, en general usamos la misma metodología y distribución del mobiliario escolar y deberíamos revisarlo», apunta Vallduriola. 
  1. Buscar una relación saludable con las familias
Hay unos actores clave que siguen, en general, fuera de las aulas: las familias. Los expertos de la UOC consideran que hay que ir prestándoles más atención. «La relación de los centros educativos con las familias es un eje importante e irrenunciable con el que tenemos que trabajar. Las familias deben participar más en la educación de sus hijos, pero es necesario que lo hagan desde dentro y de verdad», subraya Vallduriola. «A veces existe el sentimiento de que vienen a poner en duda el trabajo de los docentes, y es un síntoma de inseguridad que debemos dejar a un lado. Necesitamos a padres y madres para poder ofrecer una educación con un alto nivel de calidad», asegura. 
  1. Reclamar y fomentar la equidad y la inclusión
«Necesitamos políticas educativas decididas que potencien la disminución de las diferencias socioculturales y socioeconómicas en pro de una equidad más que necesaria en el presente, pero más aún en el futuro», reclama Letosa. Precisamente, en las últimas semanas en Cataluña se ha hecho público un documento que insta a los representantes políticos y a los ayuntamientos a implicarse más en la educación y la equidad. Y, si se quiere afrontar la diversidad no solo socioeconómica, sino también la relativa a las características personales y los trastornos de aprendizaje, Vallduriola afirma de nuevo que el reto es seguir «formándonos» en aquellos aspectos que ayudarán a dar la mejor respuesta educativa y a hacerlo en el «marco de la inclusión».  
  1. Ilusión y vocación
Es un aspecto clave ante las dificultades y la incertidumbre: «Ser docente es vocacional y es la ilusión lo que hace que cada día se nos plantee como un nuevo reto en el que debemos dar lo mejor de cada uno de nosotros», asegura Vallduriola.


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