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PSICOLOGEANDO

Cuéntame un cuento

20 de Septiembre | 13:08
Cuéntame un cuento
A pesar de la habitual saturación de dibujos animados y juguetes a los niños les sigue gustando que le cuenten cuentos. En realidad nos gusta a todo el mundo, pero los más pequeños tienen menos escrúpulos a lo hora de pedirlo. Así que sigue siendo una escena habitual acostar al niño o a la niña y que el padre o la madre le cuenten algún cuento para dormir. Primero contamos lo que se nos viene a la cabeza, cuentos clásicos que están en nuestra memoria colectiva. Después nos especializamos y leemos algunos que vienen en libros o que buscamos por internet. También a veces contamos historias inventadas que acabamos convirtiendo en cuento dándole un poco de emoción.

Pero ¿qué debemos contar a los niños? Cualquier historia entretenida vale la mayoría de las veces, pero debemos tener presente que todo tiene mensajes, que todo enseña, que todo lo que digamos transmite información y valores. ¿Es Caperucita roja adecuado? ¿Le gusta a mi hijo la historia de la cigarra y la hormiga? Si le cuento que un dragón va volando por un bosque ¿lo estoy engañando?

Analicemos lo que contamos. En nuestro aprendizaje hemos ido acumulando historias que tienen que ver sobre todo con tres autores clásicos. El primero de ellos es Perrault, que escribió a finales del siglo XXVII, y suyos son títulos tan importantes como Caperucita roja, Pulgarcito, La bella durmiente o El gato con botas. Fue el primero que habló de hadas y de castillos, temas que siguen siendo recurrentes en el mundo de fantasía. Mucho después vendrían los hermanos Grimm, ya entrado el siglo XIX, que escribieron mucho sobre mitología alemana, y también algunos de los cuentos más famosos. Suyos son Blancanieves, La Cenicienta, Barba Azul, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, El gato con botas o Juan sin miedo. De manera casi paralela surge también Hans Cristian Andersen, que publica con éxito El patito feo, La sirenita, El soldadito de plomo o El traje nuevo del emperador (éste, por cierto, copiado de un retablo de Cervantes, El retablo de las maravillas).

Seguramente conocemos muchos de estos cuentos por las adaptaciones al cine por parte de Disney, lo que ha tergiversado algo los mensajes originales. Debemos tener en cuenta que todos esos cuentos se escribieron en una determinada época y en un determinado contexto. Y debemos plantearnos si lo moral de esa época es adecuada para nuestros hijos hoy en día. Yo tengo claro que no. Y lo que por lo general ha hecho Disney es suavizar las historias pero siguen siendo historias de una determinada época que cuentan determinadas cosas para los niños de entonces. Lo más evidente es el trato que se da a las mujeres, relegadas al papel de princesas y sensibles acompañantes del hombre, mientras ellos son valientes y decididos. No es eso lo que hoy queremos enseñar a nuestros hijos.

Claro que también hablan de dragones y no existen, podrá decir alguien. No son más que cuentos, historias para fortalecer la imaginación y entretener. Sí, pero también para transmitir valores. Si un día come gominolas no pasa nada si su alimentación es sana y variada, pero si come todos los días acabará creyendo que eso es comida. Pues si un día le contamos un cuento de un caballero valiente y una princesa tímida no pasa nada si habitualmente le contamos otras cosas. Si todos los días contamos cuentos clásicos acabara creyendo que eso es lo normal.

Afortunadamente hoy contamos con muchos y variados cuentos para todos los gustos y edades. Y además tenemos la capacidad de inventar nuestras propias historias, e incluso de hacerlas interactivas preguntando al niños por dónde quiere que transcurra la narración. Podemos mezclar ideas fantásticas (incluso medievales) con escenas de la vida cotidiana. Un cuento que incluya a un niño que se salta un semáforo en rojo y se lleva un susto es más educativo que uno de príncipes valientes.

También hay historias de una cierta edad que guardan estupendos mensajes y tesoros de creatividad, como algunas fábulas de Esopo o libros tan maravillosos como El principito, Alicia en el país de las maravillas, El mago de Oz, Peter Pam, o alguna de las estupendas historias del recientemente fallecido Roald Dahl (Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda o James y el melocotón gigante). El propio Dahl tiene también libros de poesía para niños, algo también recomendable, aunque nosotros tenemos a la entrañable Gloria Fuertes.

A veces ellos reclaman historias que tienen que ver con los dibujos animados que suelen ver. En este caso, al igual que con los cuentos, hay que plantearse si lo que ven es educativo o no. Puede serlo Pocoyó pero no lo es Bob Esponja, al menos para los más pequeños. Y en todo caso si tenemos que elegir una historia es preferible que tenga un tono amable y simpático, sin agresividad ni competiciones constantes. Pero el tema de lo que ven en la pantalla da para otro artículo.

Sea como sea, las historias que le contamos a los niños influyen en su educación, así que debemos ser selectivos. Y si tenemos que elegir, escojamos cuentos que desarrollen su imaginación, aumenten su vocabulario, den información de interés y transmitan los valores que queremos que interioricen. Si no lo hacemos nosotros lo hará Disney en nuestro lugar. Y tengamos presente que, como dijo Gabriela Mistral, el futuro de los niños es siempre hoy, mañana será demasiado tarde.


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