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Salud
PSICOLOGEANDO

El síndrome postvacacional

12 de Septiembre | 11:43
El síndrome postvacacional
Si ya lo he dicho, que estas fechas son muy malas para el periodismo, hay pocas noticias y poco gobierno. Por eso es más fácil inventar, exagerar o tergiversar cosas. Pero esto del invento del síndrome postvacacional ya viene de lejos. Bueno, lo de inventarnos síndromes en general, pero este se lleva la palma.

El caso es que a los medios de comunicación les gusta inventarse “cosas psicológicas”, y desde hace ya algunos años en septiembre siempre hablan de este absurdo síndrome. Aclaremos las cosas.

El síndrome postvacacional no existe. No hay referencias profesionales, ni un solo estudio que hable del tema, ni aparece ese nombre en ninguno de los tradicionales manuales de diagnóstico psicológico y psiquiátrico. Si nos atenemos a los comentarios que se suelen hacen, resulta que el supuesto síndrome incluye síntomas como cansancio, mal humor, insomnio, sensación de malestar general y la sensación de que el trabajo cuesta hacerlo más que antes. Síntomas normales después de las vacaciones. Necesitamos unos días para adaptarnos a los nuevos ritmos, eso es todo. Pero no es ningún trastornos psicológico ni es ningún síndrome de nada.

Porque lo síntomas normales, tanto físicos como psicológicos, son eso, normales, y por tanto no hay nada patológico. Después de correr estamos cansados, no es ningún síndrome, después de comer nos entra sueño, no es ningún síndrome, pues después de tener ritmo de vacaciones nos sentimos un poco cansados los primeros días de trabajo. Es normal.

Quizá pasa esto por la exagerada tendencia de la sociedad a psicopatologizar todo. Todo lo que nos pasa y que se salga de lo que consideramos normal, se supone que tiene un nombre psicológico. Y ese nombre tiene que ser algo negativo, claro. Nos gusta más fijarnos en las cosas malas. El propio mundo de la psicología ha hecho mucho daño tradicionalmente fijándose y poniendo más atención a los problemas, olvidando cosas tan importantes como nuestras actitudes, nuestras capacidades, nuestros recursos y toda nuestra inteligencia que están a favor de nuestra continua adaptación para conseguir nuestro bienestar.

Debemos recordar que tenemos una gran capacidad para adaptarnos a los cambios, a situaciones nuevas e incluso a situaciones estresantes. Y que la mayoría de la población lo hace continuamente sin que suponga ningún problema psicológico.

Eso sí, si el malestar continúa durante un tiempo, entonces sí que podemos plantearnos que hay un problema. Pero eso ya no tiene que ver ni con las vacaciones ni con ninguna otra cosa del pasado. A veces nos bloqueamos y necesitamos ayuda profesional.

El peligro de estas invenciones es que la gente al final se las acaba creyendo. Y se produce el fenómeno de la profecía autocumplida. Alguien creo que tiene algo y es más probable que consiga tenerlo. Yo recomiendo no hacer mucho caso a las cuestiones psicológicas que aparecen en los medios, especialmente en las revistas batiburrillo, donde te dan consejos para adelgazar, hacer una hipoteca o educar a tus hijos. Saben de todo, como algunos tertulianos.

La información debe ser profesional, y para eso están los sitios especializados, y sobre todo, la consulta a un experto. En todo caso debemos valorar cómo nos sentimos teniendo en cuenta las circunstancias, y evitar alarmismos innecesarios. Porque si no podemos cambiar lo que nos rodea, podemos cambiar nuestra manera de verlo. Como dijo Viktor Frankl: Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros. Y lo hacemos continuamente.

           

 

 

 



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