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Nosotros los robots

19 de Noviembre | 11:14
Nosotros los robots
De la visita a una exposición que la Fundación Telefónica tiene ahora mismo en su edificio de la Gran Vía madrileña, se sale con el sentimiento de que el futuro habita entre nosotros. Son dos plantas destinadas a mostrar la evolución que han tenido los robots, desde la época de los pequeños autómatas hasta nuestros días, así como los fundamentos de la inteligencia artificial en la literatura y en el cine, hasta llegar a unas herramientas tan sofisticadas, que permiten controlar, a fuer de intento de protección, la vida de los humanos. 

Señores, me quito el sombrero ante la inteligencia. De los que piensan y de los que ejecutan. Contemplando las piezas mostradas en la cuarta planta, una se da cuenta de la importancia del teórico, del intuitivo y del visionario, porque las tres facetas han ayudado al mundo a crecer. Esa escena de la película “2001. Una odisea del espacio” (en el episodio de la evolución de la especie humana) en la que el mono mira y remira los huesos de un esqueleto animal, para coger, al cabo, uno de ellos y dar un golpe al azar, es (sin duda) el primer pensamiento lógico de la criatura, pues al darse cuenta de que con él rompe (y volver a hacerlo varias veces seguidas para ratificar la fuerza de la acción), reconoce y con ello “inventa” la herramienta, el arma. Y curiosamente progresa, al no tener que usar sus propias manos para cazar y sobrevivír. 

La existencia de los pioneros es perfecto para todos, salvo para ellos mismos, porque generalmente no son tan apreciados (por incomprensibles) como debieran ser y suelen consumirse en la inanición. Los pioneros en el mundo de los robots y de la inteligencia artificial son en este momento fuertemente demandados y las nuevas generaciones los incorporan a su vida diaria como si las máquinas fueran fieramente humanas, aunque no lo sean. Más, en los países orientales, China y Japón, que adelantan (como en otras cosas) al viejo mundo, pelín achacoso. Tanto que los estudiosos aconsejan a los creadores que sigan dando a los robots aspectos de robots para que los humanos no se confundan y empiecen a conferirles derechos y excesivos cariños. El niño cercano a mi, preguntando a su padre el motivo por el que un robot de primera generación solo camina y no hace otras cosas, es un ejemplo de cómo las nuevas generaciones han asimilado en su mente la convivencia real y efectiva. 

En la exposición, aparece una reconstrucción de un caballero mecánico imaginado, al parecer, por Leonardo da Vinci. Se trata del diseño de un robot articulado (hizo varios) con multitud de pesos y poleas, dibujado, se cree, allá por 1495, en la época en la que se descubría América, los Reyes Católicos lograban la unidad de España y los árabes desaparecían de aquí. 

El gran Leonardo no para de sorprenderme. Por listo y visionario. Por erudito, investigador y atrevido. Sus bocetos (expuestos) son maravillosos y dan noticia de su sabiduría. En tiempos tan medianos, como los actuales, es de una luminosidad esplendorosa el darse cuenta de que nos precedieron gigantes sobre cuyos hombros siempre es posible seguir aprendiendo, amigos. Esa es la cuestión. 

Carmen Heras


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