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MIS MARTES AL SOL

La tecnología no debe ser la causante del paro, es la política la que debe resolverlo

25 de Septiembre | 18:30
La tecnología no debe ser la causante del paro, es la política la que debe resolverlo
Un par de escritos sobre la situación de desempleo de los jóvenes, y sobre el fenómeno de empresas como Amazón, publicados en mi muro de Facebook, han suscitado muchas reflexiones de la más diversa índole, por parte de personas también muy diversas, que utilizan la Red para meditar y opinar sobre temás de interés. Ello me invita a dedicar esta columna de “Mis Martes al Sol” a uno de los temas más importantes que tenemos en esta sociedad de “consumo”, de la “información”, de la “globalización” o de cualquier otra forma que queramos llamarla.

Vivimos pues en una sociedad que no la conoce ni la madre que la parió. Todo ha cambiado tanto y tan deprisa que muchos de estos cambios no hay dios que los entienda. Tal vez porque seguimos siendo una sociedad analfabeta, a pesar de los estudios y títulos que otorgan las escuelas y universidades. O tal vez porque ni siquiera los entienden los expertos que cobran por explicarlos. El asunto es que vamos, al parecer, por la Cuarta Revolución Industrial y surgen de nuevo los temores de aquellos tiempos de “el máquinismo”, en los que se arremetía contra las máquinas porque estas iban a acabar con el empleo.

Al margen de que la industria de hoy no se parezca en nada a las de hace apenas dos décadas, y la robótica vaya penetrando por todas partes (hay autores que dicen que los robots aumentarán el empleo), el hecho cierto es que hay más paro que nunca (en unos países mucho más que en otros), y que en materia de derechos y conquistas laborales y sociales hemos retrocedido tanto como se ha avanzado en eso que llaman nuevas tecnologías.

No se trata de demonizar los avances tecnológicos, muchos de los cuáles vienen a mejorar la vida de las gentes, la información a la sociedad y el rendimiento en las empresas, sea cual sea su sector (cada uno en su dimensión) sino de preguntarnos, por qué a pesar de ello estamos llegando a la precarización de los servicios más elementales, a la disminución brutal de los salarios, y a los contratos laborales más retrógrados y abusivos desde hace mucho tiempo. Y sobre todo a unas cifras de paro que asustan y condenan a una parte importante de la población trabajadora a una situación de estrechez y hasta de pobreza realmente preocupante.

Vivimos en un sistema económico, social y cultural que es el que produce estas aberraciones. Por una parte desarrolla una tecnología cada día más avanzada, y por otra empobrece a grandes sectores de la población, al tiempo que concentra el poder y la riqueza cada día en menos personas y empresas. Por tanto es a la política a la que hay que juzgar por esta mala distribución de la riqueza y por estas enormes bolsas de jóvenes sin empleo y sin esperanza de encontrarlo, lo mimso que les sucede también a muchos parados mayores de larga duración.

España es uno de los países de la Unión Europea en el que la corrupción y el paro ha llegado a cotas alarmantes, pero en el que esta situación podría dar un giro positivo en cuanto Gobiernos más sensibles cambiaran sus políticas económicas y sociales, atendiendo a las demanda de los sectores más empobrecidos. Lo que suceda entre el desarrollo tecnológico y su equilibrio con el empleo está por ver. Pero debe quedar claro que está en la política la solución para ese desequilibrio. Estimular unas políticas inteligentes y progresistas, que lleven la carga fiscal a donde se producen los beneficios, y eviten las grandes bolsas del fraude, ayudaría mucho a disminuir el paro de los jóvenes y de los mayores. Pero esto tiene que verlo la población para que ese cambio político se produzca.

Seguiremos asistiendo al debate de la concetración de poder en el mundo; del desarrollo de las nuevas tecnologías, que no son neutrales ante las decisiones políticas; a la mejor distribución de la riqueza; y la democratización auténtica de los gobiernos y de las instituciones de los países más civilizados. Los ciudadanos tienen que tomar parte activa en eso cambios, y los jóvenes especialmente.

Sabemos que habrá que reinventar muchas cosas, empezando por cada uno, tanto en lo profesional como en lo personal, para adaptarse a las nuevas exigencias de estos tiempos. Pero sin caer en actitudes pasivas o nihilistas, que dejen a los poderosos del sistema llevar esos cambios a donde a ellos les interesa. Los jóvenes tienen que tomar conciencia de que no es compitiendo entre ellos en una lucha individualista donde está la solución, sino en un lucha colectiva, protegida por una mejor democracia representatibo, no populista, en la que sus derechos tengan que ser reconocidos por aquellos que concentran poder y dinero de forma escandalosa, mientras gran parte de la población carece de lo necesario para vivir dignamente.

Concluyo afirmando que la tecnología no es la que tiene que llevarnos necesariamente al paro y a la desigualdad. Es la política la que tiene que cambiar ese estado de cosas. Si para ello hay que dar un giro importante a los partidos políticos, sindicatos, e incluso a muchos movimientos sociales, habrá que ir a ello cuanto antes. Los movimientos feministas, los de los jubilados y los de los jóvenes, deben ser los puntales para que esas reformas se produzcan. Pero no serán la robotización, automatización, ni las nuevas formas de comercio y de consumo las que nos tengan que llevar necesariamente al desempleo ni a la precarización de servicios, sino que es la corrupción en sectores de la banca y grandes empresas, con la complicidad de algunos gobiernos, las que provocan los endeudamientos de las econmomías, el paro y los recortes de derechos a muchos ciudadanos.

Sería letal pensar que la política que tenemos hoy no es capaz de acompasarse a los beneficios que los cambios tecnológicos aportan y aportarán por una falta de miras, pensando más en como mantenerse en el poder y no implantar una política social y educativa que haga que las generaciones actuales y futuras de nuestro jóvenes tengan un futuro de verdad. Hoy el futuro lo marcan un conjunto de empresas top (las tecnológicas y las que son capaces de aprovechar los nuevos medios que aquellas crean). Lo primodial para ellas es hacer más beneficios a costa de los que sea, mientras nuestras instituciones políticas van al ralentí sin capacidad de seguir la misma velocidad que marcan las estrategias empresariales con el aprovechamiento de las nuevas tecnologías.


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