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MIS MARTES AL SOL

Mi adiós a Mario Gaviria, un tipo inteligente, generoso, provocador... y látigo de burócratas

6 de Junio | 09:26
Mi adiós a Mario Gaviria, un tipo inteligente, generoso, provocador... y látigo de burócratas
EN EXTREMADURA

Como ya se ha dicho casi todo de él, me centraré en los recuerdos que me ha dejado en 40 años, desde que aterrizó en Extremadura con una tropa de voluntarios que parecían los cómicos de un circo, aunque todos manejaban algún instrumento; fuera el cuchillo, la soga, el látigo...titiriteros de un arte divertido, participativo y social.

A Mario Gaviria y José Manuel Naredo los gané para mi causa, “EXTREMADURA SAQUEADA”(Ruedo Ibérico 1978), con poco esfuerzo. Les pasaba como a Yul Brynner en “Los 7 Magníficos”; estaban dispuestos ayudar a los pequeños campesinos a cualquier precio.

Mario instaló el campamento en una pequeña residencia de un Instituto local y aquello se convirtió enseguida en una cátedra de sociología, a la que llegaban frutas, verduras y otros alimentos que se cocinaban sobre la marcha. 

El objetivo principal era “El Plan Badajoz”. Desde esa cátedra se preparaban las encuestas y entrevistas para realizar a colonos, hijos de colonos, propietarios e incluso caciques de una Extremadura que miraba escéptica la llegada de una transición democrática. Los que habíamos abandonado la sociología académica encontramos en este catedrático activista una disciplina menos aburrida que la de la Complutense. 

Las vivencias con Naredo y Mario son indescriptibles. Uno partidario del rigor y el otro de la provocación, compartían sin embargo un sentido del humor digno del mejor TIP y Coll, y hacían que una de las investigaciones más serias e interesantes que se han hecho en la sociología rural, no fuera un trabajo penoso y aburrido, como el que solía hacerse en la “investigación académica”, sino que a su vez se convertía en algo divertido y gratificante.

Aquella historia concluyó en una experiencia feliz e inolvidable, en la que Mario ejerció su magisterio de sociólogo, proporcionándonos recuerdos que han permanecido siempre en nuestra memoria, y lo mismo sucedió con Naredo. El Plan Badajoz y la Gestión del Agua en la cuenca del Guadiana, junto a otros temas del expolio a Extremadura quedaron bien retratados en aquellas obra, que aun no han digerido la “gente principal” de esta tierra, ni la Universidad, ni algunos sociólogos, radicales en otra época y hoy convertidos a un academicismo que no hay dios que entienda.

EN LA MANCHA

A los 20 años de aquella historia volvemos a embarcarnos juntos en otra aventura sociológica, en un lugar de La Mancha llamado Daimiel, a donde fui a parar tras mi exilio de Extremadura. De nuevo se monta el “campamento gitano” en unas viejas instalaciones del Ayuntamiento, y tenemos a Mario bañándose en bidones, en el más puro estilo de las viejas películas del Oeste, y a toda la compañía comiendo hortalizas y lo que traían los ganaderos.

La explotación esquilmante y brutal del Acuífero 23, que alteró de forma irreversible los llamados “Ojos del Guadiana”, dio lugar a nuestro estudio LA QUIMERA DEL AGUA (Siglo XXI editores, 1995) que no fue muy bien recibido por las fuerzas vivas de ese territorio, en el que imperaba el lema popular de “agua mientras aiga y cuando no, borricos a la sombra”.
En este estudio, realizamos el balance del agotamiento que se estaba produciendo en los acuíferos, a pesar de la conversión hipócrita de Bono a la ecología, y señalábamos algunas alternativas para la gestión de los recursos naturales de aquel territorio.

A pesar de las dificultades que encontramos para la realización de aquel trabajo, tuvimos tiempo para divertirnos, especialmente con los ganaderos y agricultores del entorno. También para seguir recibiendo las clases magistrales de nuestro Catedrático de Sociología y para ver con el escepticismo necesario el porvenir que le esperaba a las propuestas de nuestro trabajo.

Cristina Narbona se atrevió a venir a Daimiel a presentar el libro, en una época en la que los Barones socialistas andaban a la greña entre ellos, y pocos se tomaban en serio la sociología subversiva y desburocratizada de Mario.

El torrente de ideas que surgían de aquella investigación, chocaban con la burocracia y el populismo de un régimen autonómico en el que se veía ya el cansancio de tantos años instalados en el poder. 

Algo influyó nuestra denuncia del despilfarro de agua para regar cereales, y del agotamiento de un mar subterráneo, al que contribuía un Gobierno autonómico que decía defender el medio ambiente.

Después de 20 años pudimos ver a un Mario Gaviria cargado de nuevas vivencias y algunas “experiencias fuertes” en sus alforjas, que seguía siendo ese sociólogo sabio e irreductible, capaz de proponer las ideas más elementales, que el sentido común y la ausencia de academicismos le inspiraban siempre.

Nos despedimos de nuevo tras otra aventura, conscientes de que huirían de nosotros los que manejaban ingentes recursos públicos, creyéndose gestores progresistas, cuando no dejaban de ser unos burócratas irredentos, a los que acabó sustituyendo nada menos que Dolores de Cospedal.

REENCUENTRO EN CORTES, CATALUÑA Y MADRID.

Casi otros veinte años más tarde nos convoca en Cortes (el pueblo de Mario) a una QUEDADA contra la energía nuclear (cierre de las C.N.) y a favor de la solar, y la casa de Mario se convierte en el Gran Cortijo de acogida de los que venimos de tierras lejanas. Aquello fueron un par de jornadas simpáticas, de gentes resistentes e imaginativas, que aparte de filosofar y analizar la descomposición de la energía del uranio, llevaron cachivaches distintos para demostrar la versatilidad de los inventos solares. Guisamos con cocinas solares y nos divertimos. Hicimos un manifiesto y después cada mochuelo a su olivo. 

Tras unos días más en esa Casa-Palacio de Cortes y recordar los viejos tiempos, Mario, con la generosidad que mantuvo hasta el final, nos dio las llaves de su casa de Pamplona y allí pasamos un días para culminar aquel encuentro.

Al cabo de un tiempo nos vimos en Barcelona, en ese edificio simbólico y ambicioso de Antoni Gaudí (La Pedrera) donde nos convocó nuestro amigo Pep Puig, también para batallar por el cierre de las Centrales Nucleares. Allí nos encontramos de nuevo los viejos rockeros antinucleares y después de los debates hicimos también el obligado manifiesto y conspiramos contra la cúpula del sector eléctrico, de los gobiernos, de la Unión Europea y del Imperialismo mundial.

Terminada la conspiración Mario y yo nos fuimos a la Feria de BioCultura, reencontrándonos allí con gentes de todas las leches, desde los tiempos de “El Viejo Topo”, “Andalán”, “Bicicleta”, etc. Disfrutamos parándonos en todos los chiringuitos, y comprando algún cachivache artesano. Mario compró una escultura de hierro a un tipo genial, y empezamos a hablar de los alimentos ecológicos, la trashumancia y la cultura pastoril, etc. Entonces fue, cuando sentados en un chiringuito me habló de su enfermedad y de cómo iba perdiendo masa muscular. Confieso que me sobrecogió lo que me contaba, porque además lo hacía con toda naturalidad y no me parecía verle especialmente preocupado. Seguía cargado de energía y humor, y estaba enganchado con “El paraíso estancado” (Su último libro).

Al día siguiente quedamos en el Mercado de La Boquería y recorrimos gran parte de él. Me preguntaba por mis andanzas en la alimentación agroecológica, y le conté lo más sustancial de ellas. Le interesaba mucho el tema de los alimentos y la tensión entre artesanía y tecnología que yo le contaba, de mis experiencias actuales en Extremadura. Al final concluíamos en la necesidad de parar la CN de Almaráz, porque “Extremadura era un territorio tan rico en recursos naturales que había que convencer a Vara, para dar ese paso de una vez”.

Al margen de todo esto lo pasamos francamente bien encontrándonos amigos de otras épocas, tanto en BioCultura, como en La Boquería.

EL ÚLTIMO AÑO Y NUESTRAS CONVERSACIONES POR TELÉFONO.

A partir de aquella ocasión, tras asistir en Madrid a la presentación de “El paraíso estancado”, a la que ya vino Mario bastante mermado de facultades, y en la que nos encontramos con Naredo, Blanca, Tabuenca y otros amigos, nuestras conversaciones fueron ya por teléfono y muy largas. Me trasladaba sus reflexiones sobre el eclipse de la energía nuclear y la estrategia de las eléctricas. Elogiaba mucho la decisión de Angela Merkel sobre el cierre de las C N en Alemania. Me insistía siempre en que había que convencer a Vara para cerrar Almaraz, y me hablaba de su preocupación por el mundo musulmán en Europa.

Las conversaciones duraban más de una hora, tiempo que yo no le regateaba. Necesitaba hablar y lo hacía con bastante lucidez y a ratos, con el humor del que siempre hizo gala. Confieso ahora, entre nosotros, que terminaba emocionado y conmocionando por su naturalidad y gran entereza. 

Finalmente les diré que he tenido que interrumpir la redacción de este texto, dado el acontecimiento político que acaba de suceder en España y que aumenta mi recuerdo de Mario. Es una pena que no haya podido ser testigo de este nuevo escenario, que aumenta nuestra esperanza de que se produzcan cambios en aquellos temas que han ocupado la vida, obra y preocupaciones de Mario Gaviria.



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