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El perdón

23 de Abril | 15:58
El perdón
A finales del siglo XIX el racista, xenófobo, misógino y trolero Sabino Arana, se inventó el nacionalismo vasco. Desde entonces, los herederos de tan docto personaje, se han dedicado a magnificar su legado, a enterrar lo inconveniente y a adecuar la historia a sus intereses políticos para justificar un secesionismo absurdo basado en mentiras y medias verdades.

Entre tantas patrañas adoctrinantes que emanan de las Ikastolas, la de los gudaris es una de las más curiosas por ser ejemplo de manipulación histórica y de exaltación de cualidades, que visto lo visto, brillan por su ausencia.

Estos bizarros combatientes que ya dieron muestras en nuestra pasada guerra civil de ser unos auténticos “corricolaris”, se fueron radicalizado en el “albertzalismo” y han llegado hasta nuestros días manifestando su ardor guerrero, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. Sus técnicas de combate se caracterizan por la felonía y la traición (“de raza le viene al galgo”) y así, han utilizado con frecuencia la extorsión, el tiro en la nuca, la bomba lapa, las minas y todo tipo de explosivos, eso sí, activados a distancia. Durante más de cuarenta años han asesinado con la capucha puesta y con la complicidad de algunos y la cobardía de otros.

Acosados, reducidos y vencidos por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, estos valerosos adalides de la cobardía han cambiado sus tácticas y ahora se dedican a ir en manada y apalizar a cualquiera que tenga la osadía de frecuentar lo que ellos consideran su territorio. Naturalmente, estos ataques, como buenos gudaris que son, se realizan siempre que sean mayoría frente al “enemigo” en una proporción que no admita duda, pongamos veinte a uno y a ser posible con nocturnidad y alevosía. Luego niegan la mayor, se hacen las víctimas de un estado represor y “a otra cosa mariposa”

Su última ocurrencia, aunque estoy seguro que no ha salido de ellos solos, ha sido la de pedir perdón con la boca chica por los cientos de crímenes cometidos. Ha sido una petición parcial y con un arrepentimiento muy sui géneris. Sólo se arrepienten de lo que podríamos llamar daños colaterales, es decir, si hacen estallar una bomba lapa debajo del coche de un guardia civil y éste va acompañado, pongamos de su hijo, pues se lamentan de la muerte del segundo, pero no de la del primero. Que hacen explotar una bomba en una gran superficie comercial con el resultado de decenas de muertos, pues piden perdón por unos sí y por otros no, según la ideología de los finados. Vamos, una tomadura de pelo en toda regla de esa pandilla de cobardes asesinos y de los que se aprovechan de ellos para conseguir réditos políticos que, se pongan como se pongan, siempre estarán manchados de sangre.

Las opiniones de nuestros políticos han sido en general coherentes y reconocen que esta forma de arrepentimiento es una filfa en toda regla. Sin embargo, siempre hay algunos hijos de meretrices que, como han hecho siempre, se ha puesto del lado de los verdugos y han dado a esta burda comunicación “patente de corso” y piden una especie de amnistía para toda esta pandilla de canallas depravados.

También han pedido “perdón” los obispos vascos por su “complicidad” con ETA. Tremendo me parece a mí que la iglesia vasca haya sido cómplice de una banda terrorista y patético que pidan perdón coincidiendo con el comunicado etarra. A lo mejor es que les han tenido que pedir permiso… Duele y mucho a los católicos españoles el comportamiento de una parte del clero, que hace mucho que se olvidó de la universalidad de la Iglesia para convertirse en una secta de fanáticos insolidarios. El clero catalán y el clero vasco han olvidado el mensaje evangélico y lo peor es que nadie se lo recuerda. Jesús de Nazaret también echó del templo a los que lo habían convertido en una cueva de ladrones, llamó sepulcros blanqueados a los que en nombre de Dios utilizaban la hipocresía como doctrina y abogó como “Buen Pastor” para que hubiera un solo rebaño. Ser secesionista y cristiano es un anacronismo, pero si además se es cómplice de asesinos, es de una vileza espiritual que asusta.

Pedir perdón de verdad es hacerlo por todas las víctimas, colaborar para que se aclaren todos los asesinatos que están sin resolver, indemnizar a los deudos de los asesinados y a los mutilados y, sobre todo, entregarse a las autoridades, quitarse las capuchas y dar la cara. Todo lo que no sea esto será una burla a las víctimas, a sus familias y a todos los españoles. Los nacionalismos son como la peste y los que lo propagan son ratas que esparcen una enfermedad que sólo trae hambre y muerte.     

DB



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