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Opinión-Editorial
MIS MARTES AL SOL

Amelia Coloma: la viña y el vino como arte

16 de Enero | 18:51
Amelia Coloma: la viña y el vino como arte
Amelia y sus hermanos, Helena y Félix, forman el equipo que ha hecho posible el sueño iniciado por su padre hace ya medio siglo, cuando éste decidió comprar unas tierras pedregosas para establecerse en Extremadura. Nacida al lado del castillo de Torre-Bermeja, bastión y vigía de la viña familiar, sus primeros sueños infantiles ya estaban vinculados al vino y al cultivo de la vid. Así cuando llegó la hora de escoger los estudios superiores, Amelia ya tenía la elección clara desde hacía mucho tiempo; primero agronomía y a continuación ciencia y tecnología de los alimentos, para embarcarse en un proyecto apasionante, llamado Evandria (Talavera en Latín), en el que el vino tinto, con algunas variedades internacionales, convivían con otras uvas autóctonas, dando como resultado unos vinos de autor que con el tiempo han ido escalando los mejores mercados internacionales.

Terminados sus estudios superiores Amelia viajó a los países del vino; desde California a Burdeos, de Australia a Sudáfrica o de Chile a Argentina, sus estancias en las vendimias y bodegas más afamadas la fue curtiendo en la idea de elaborar unos vinos con personalidad, al margen de lo que se hacía en Extremadura y de modas y tendencias que se copiaban unas a otras, sin adentrarse en la mejora de las variedades que son las que hacen posible el desarrollo de los vinos que merecen la pena y cautivan a sus verdaderos amantes. Por eso ella, en paralelo al cultivo y a la bodega, dedica una parte a la investigación para la mejora del material genético con el que trabaja. Primero lo intentó desde la universidad, pero acabó pensando que su mejor laboratorio lo tenía en la finca.

En nuestra conversación de hoy, cuando a preguntas mías me contaba cómo Robert Parcker se fijó en uno de sus vinos, dándole una valoración de 89 puntos, (quiene conocen a este gran gurú mundial del vino sabe lo que esto significa) nos reíamos de cómo el azar interviene a veces de forma no deliberada en la marcha de un proyecto ascendente, que va cubriendo sus etapas pacientemente, en una tierra tan llena de dificultades como es Extremadura.

Decidida su opción básica por cabernet sauvignon, merlot, pinot noir y syrah, y por la recuperación de las uvas autóctonas alarije y garnacha, entre otras, tras un cuidado saneamiento y mejora de las mismas, empezaron a salir buenos vinos y buenas añadas, que se van implantando según los gustos de cada país. Desde que empezó junto a Helena, sus visitas internacionales a grandes y pequeños eventos del mundo del vino, hacen un seguimiento

especializado de cada mercado, planificando así sus producciones y consolidando cada día más el tipo de vino que cada país demanda de COLOMA, sin parar de hacer incursiones en nuevos países o la consolidación, por ejemplo en Estados Unidos, que están realizando en estos momentos.

Amelia reparte su tiempo entre el cultivo, tremendamente laborioso, desde la poda hasta la vendimia, tareas claves y cada día más especializadas para conseguir buenos vinos, y la elaboración y crianza, procurando que aun le quede tiempo para esa tarea investigadora en la mejora del material genético con el que trabajan, que considera la base del desarrollo futuro del proyecto en el que está embarcada toda la familia.

Piensa que Extremadura, por encima de tópicos y encasillamientos, es una tierra idónea para hacer buenos vinos (así lo considera “Hapers Wine Magazine”, que dice: “En Extremadura, frecuentemente fuera de las rutas habituales de vinos... merece la pena descubrir excelentes vinos como los de Bodegas Coloma”). Todo ello siempre que al menos las bodegas de vanguardia sepan encontrar y orientar la conjunción de suelo, clima, variedad y elaboración apropiadas a cada una de sus zonas y a los mercados a los que pretenden llegar. Tiene claro que por encima de Denominaciones, Guías, Concursos, etc lo importante, en los vinos de calidad, es tener claro el proyecto que cada uno quiere desarrollar, y estar dispuesto a luchar por él por encima de las limitaciones reales o imaginarias que a veces nos exageran desde fuera.

Luchar, innovar, investigar y perseguir la excelencia, son las claves en cualquier proyecto empresarial y el vino no es una excepción. Enfocar bien la organización y la financiación, unido al dominio de las nuevas tecnologías y la internacionalización, en un sector como el del vino, es también fundamental. Todo ello requiere cada día más conocimiento y capacidad de adaptación en un mundo tan globalizado, que te obliga a revisar desde las cosas más elementales hasta las que creías más inamovibles.

Una columna no da para más, pero les aseguro que unas horas con Amelia y Helena, en esa finca pedregosa y de ensueño y en esa bodega peculiar y proyectada hacia los países que aman y valoran el vino, es una experiencia que te deja siempre con ganas de saber más sobre el futuro de esta bodega de autor. Y sobre todo de seguir degustando unos vinos que desgraciadamente todavía se conocen poco en Extremadura.



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