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¡Tolerancia cero!

16 de Enero | 18:44
¡Tolerancia cero!
Esta especie de sentencia mayestática que ante hechos luctuosos o delitos deleznables oímos frecuentemente a políticos, periodistas y a sesudos tertulianos, está, como diría D. Antonio Burgos, entre el “politiqués” y el “tertulianés”, es, como eso de: “como no podía ser de otra manera” o “poner en valor”, una de esas muletillas que tan de moda se han puesto en la jerga “político-periodística”. Sirva esta introducción para, sin intención de justificar lo injustificable, dedicar esta parrafada a poner en solfa tanta vacuidad, pose o apariencia que lo único que pretende es transmitir al respetable una indignación que, aun existiendo, busca más el panegírico hacia uno mismo que el reproche ante el hecho acaecido.

Vivimos en una sociedad tan sensible para algunas cosas como insensible para otras. La indignación del pueblo soberano, sobre lo que acontece, está totalmente dirigida por las soflamas de unos políticos de tres al cuarto que esconden su incapacidad para solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos en rimbombantes peroratas sensibleras y por los medios de comunicación que, con tal de ganar audiencia, son capaces de anteponer la vida de un animal a la de un ser humano o de clasificar los acontecimientos luctuosos según el pedigrí de sus protagonistas.

La “tolerancia cero” es más un deseo que una realidad y lo más curioso es que muchos de los que han hecho bandera de este deseo entran en una especie de contradicción metafísica y ponen una vela a Dios y otra al diablo. La violencia machista es una lacra de nuestra sociedad que debe ser reprimida y, a ser posible, erradicada. Sin embargo, las medidas preventivas dejan bastante que desear no tanto por su ineficacia, que también, sino muchas veces por la “insensatez” de las posibles víctimas que, en muchas ocasiones, y perdón por la frase, se lo ponen a huevo al posible agresor. También nuestro ridículo y melifluo código penal contribuye a que salga muchas veces más “barato” acabar con la vida de una persona que iniciar trámites judiciales cuyas consecuencias son imprevisibles, dada la ambigüedad en la aplicación de la ley de sus señorías. Por otro lado, la extrapolación de estas canalladas a todas las personas del sexo masculino (versus Fdez. Vara) y la consideración de ataque machista a cualquier insinuación, requiebro o lisonja que un hombre haga a una mujer, están consiguiendo que las relaciones entre sexos pierdan frescura, naturalidad y romanticismo y se conviertan en algo tan tremendamente vulgar y aburrido que no es de extrañar que las parejas duren menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Otro ámbito donde la “tolerancia cero” ha calado con profundidad es en el mundo del deporte, especialmente en lo referente a doping. Políticos, gerifaltes de organismos nacionales e internacionales y afamados periodistas deportivos utilizan este término con una rotundidad que cualquiera diría que su intención es acabar con esa lacra y apostar por la limpieza en el deporte. Nada más lejos de la realidad, el deporte de alta competición mueve miles de millones al año gracias a su conversión en un gran espectáculo. Pero para conseguir estos pingües beneficios ha habido que aumentar el número de competiciones de alto nivel que conlleva, sin lugar a dudas, un mayor grado de exigencia física de los deportistas. Hoy a los deportistas de élite se les exige mantener un nivel de forma física altísimo durante prácticamente todo el año, el tiempo de descanso ha disminuido porque el calendario de las competiciones ha aumentado. Se lleva al organismo al límite y eso, naturalmente, pasa factura.

Todo el mundo sabe, médicos incluidos que, para mantener ese nivel de exigencia, el deportista debe tomar sustancias que le ayuden a mantener su condición física al más alto nivel. Estas sustancias serán “legales” si los organismos pertinentes no las han incluido en la lista de sustancias prohibidas, dándose el caso en muchas ocasiones que, mientras unos las prohíben, otros las permiten. Los que crean que es posible, por ejemplo, correr el Tour de Francia a base de macarrones y filetes no tienen ni idea del gasto energético que supone para el organismo recorrer 200 Km. diarios subiendo puertos de montaña con rampas de un índice de desnivel cada vez mayor durante más de 20 días seguidos. El espectáculo tiene un precio y esos hipócritas, que pontifican la “tolerancia cero” y se rasgan las vestiduras cuando aparecen deportistas acusados de doparse, son los mismos que aumentan los días de competición, crean nuevos torneos o modifican los reglamentos para hacer más duras las pruebas sin importarles la salud del deportista.  

He aquí sólo algunos ejemplos de lo estupendos que se ponen algunos para transmitir su indignación ante hechos de gran impacto mediático, gracias al aderezo que le ponen unos medios de comunicación que más que pretender informar lo que buscan es alienar a una sociedad que está cada vez más predispuesta. Y para muestra, este “botón”: mientras se dedicaban horas y horas de programación y de páginas a la muerte de Diana Quer y a su asesino, en Bilbao era asesinado por dos menores un padre de familia cuando acudía a su trabajo, la información al respecto ha sido ridículamente escasa y a uno, que le da por pensar mal, se pregunta: ¿si en lugar de un padre de familia hubiera sido una madre el trato informativo hubiera sido el mismo? Pues eso, “tolerancia cero” de verdad, pero para todos y todas como diría el ínclito de D. Guillermo. 

DB              

   

 



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