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Opinión-Editorial

El diálogo

25 de Septiembre | 14:13
El diálogo
En estos días tan increíblemente esperpénticos que a los españoles nos ha tocado vivir, algunos bienintencionados compatriotas y otros no tan bien intencionados se empeñan en querer arreglar el “affaire” de la unidad de España mediante “una discusión o contacto que surge con el propósito de lograr un acuerdo”, es decir mediante EL DIÁLOGO.         

Naturalmente, para que se produzca esta posibilidad, tiene que haber un acuerdo tácito por todas las partes de querer o, al menos, intentar llegar a un acuerdo, pues en caso contrario no tiene ningún sentido iniciar este proceso. También será necesario que todos estén dispuestos a modificar sus puntos de partida, es decir, a ceder parte de sus pretensiones para encontrar un punto medio que satisfaga, en parte, las aspiraciones de unos y otros. Otro aspecto, no menos importante, es que las pretensiones de las partes se ajusten a derecho y no vulneren la legislación vigente.

En el caso del secesionismo catalán, en mi opinión, no se da ninguna circunstancia, de momento, que justifique la necesidad del tan cacareado DIÁLOGO. Por parte de los naZionalcatalanistas no hay la más mínima voluntad de dialogar ante su política de hechos consumados. Por si esto no fuera suficiente, tampoco tienen la más mínima intención de ceder en sus reivindicaciones secesionistas, o independencia o nada y, por último, vulneran sistemáticamente las leyes vigentes incluida la Constitución que, pese a quien pese, está en vigor en todo el territorio nacional.

Los bienintencionados partidarios del DIÁLOGO como solución a este problema, entre los que se encuentra parte de la Iglesia Católica, exigen, a veces inconscientemente, a una de las partes que en pro de la paz social y de la concordia ceda e incluso vulnere la ley, concediendo a una comunidad española un estatus de autogobierno que sería una afrenta para las demás que, al día siguiente, estarían montando saraos secesionistas para conseguir lo mismo o incluso más, balcanizando España y llevándonos seguramente a un conflicto de consecuencias impredecibles.

Hay otro colectivo, no tan bien intencionado, que también exhibe el DIÁLOGO como argumento pero que sólo lo utiliza como coartada, me refiero a nuestra izquierda patria que, con tal de dar en las narices al PP y a Ciudadanos, son capaces de poner en peligro la unidad de España. El “pedrismo” y el “podemismo” utilizan el cliché de dialogantes cuando ni unos ni otros han sido capaces de dialogar con el actual gobierno con el fin de solucionar los problemas de España y de los españoles. ¿Se acuerdan de aquello de “no es no”?  pues esa es la capacidad de diálogo de D. Pedro y su PSOE marxista-leninista. También D. Pablo y su Podemos estalinista rizan el rizo con esta sandez: “Podemos no es independentista, pero sí considera nación a Cataluña”. Como se puede apreciar, para estos prebostes de nuestra izquierda, eso de dialogar sólo lo entienden si sus interlocutores son antisistema, filoterroristas, secesionistas y demás ralea.

La unidad de España como dice la canción “ni se compra, ni se vende”, con este tema no se chalanea, y desde ese principio, se puede y se debe dialogar. Como le dijo Churchill a Chamberlain, “Entre la guerra y el deshonor, habéis elegido el deshonor, y tendréis la guerra”. Esperemos que aquí no llegue la sangre al rio pero que tampoco ningún naZionalcatalanista se ría de España y los españoles, incluidos los catalanes. 

DB     



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