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Opinión-Editorial

40 años no es nada

19 de Junio | 13:16
40 años no es nada
Volver... con la frente marchita,

Las nieves del tiempo platearon mi sien...

Sentir... que es un soplo la vida,

Que 40 años no es nada,

Que febril la mirada, errante en las sombras,

Te busca y te nombra.

Vivir... con el alma aferrada

A un dulce recuerdo

Que lloro otra vez...

“Volver”, Carlos Gardel 

El 15 de junio se cumplieron 40 años de aquel día en que los españoles pudieron votar después de 41 sin poder hacerlo… Fueron las primeras elecciones de la “Democracia”, de ellas salieron las Cortes Constituyentes que, luego elaboraron la Constitución Española de 1978...

El actual régimen “de libertades”, el “estado de derecho”, la Constitución que “nos dimos todas y todos”, tras un referendo convocado al año siguiente, provienen de eso que llaman “modélica transición de la dictadura a la democracia”, transición -política de consenso, reconciliación nacional, ”libertad sin ira”- gestada y parida en 1977 (aunque ya diseñada con anterioridad, en vida del que ahora todos llaman “dictador” y antes llamaban “caudillo”, ¡Jo, cuánto “antifranquista sobrevenido”!, el actual régimen “democrático” es sin ninguna duda heredero del franquismo. La denominada “transición” de manera ampulosa y con absolutas afectación y solemnidad por sus trovadores, fue adornada de constitucionalidad en 1978 por unas Cortes Generales que no poseían legitimidad para abordar tal labor.

Sabido es que lo que sale torcido, difícil es de enderezar y acaba muriendo deforme.

El actual régimen electoral también comenzó a dar sus primeros pasos de forma viciada. Las cuotas de poder, los diversos territorios parlamentarios se repartieron como si de una apetitosa herencia se tratara, una herencia pacientemente ansiada y que nunca llegaba, y de la que todos deseaban participar en algún grado. Se procuró por parte de todos los que por entonces se jactaban de ser más demócratas que nadie (todos sin  excepción antifranquistas después de muerto el General Franco) quedase fuera del reparto,…

Las elecciones de 1977 ya definieron el mapa partitocrático del futuro. Es importante señalar que la mayor parte de las siglas, que concurrieron a las mencionadas elecciones eran un gazpacho indigerible –y que luego se demostró “indigesto”- con muy malos ingredientes, de expertos escaladores, a los que caracterizaban las mismas afinidades y pecados, lastre que todos procuraron disimular. El PSOE y el PCE, por ejemplo camuflaron su trayectoria antidemocrática. Y todos, salvo honrosas excepciones se travistieron de un antifranquismo de paripé en el que muchos –y sus descendientes- aún continúan instalados. Pero los pecados de adolescencia y de juventud, los hábitos adquiridos en el pasado siguen condicionando el presente y –posiblemente- el futuro.

Es sabido por quienes están medianamente bien informados que Franco intentó instaurar una “dictablanda”, a la manera de la del General Primo de Rivera en los años veinte del siglo pasado. Franco dejó todo “atado y bien atado”, consiguió encontrar una salida airosa a su régimen, que con toda una serie de “arreglos” derivó hacia la legitimación de la monarquía parlamentaria. No se olvide que la decisión de que tras su muerte su régimen se transformara en una monarquía, ya había sido tomada por Franco nada menos que en 1946 con la Ley de Sucesión, aprobada en referéndum…

El General Franco tenía el pleno convencimiento de que la nueva sociedad que su régimen había creado, soportaría sin traumas una transición controlada. “El Caudillo” contaba como aliado con las clases medias, que ya por entonces (al final del régimen) eran mayoría en la sociedad española, amplia mayoría que gozaba de una situación bastante acomodada, bienestar al que no iban a renunciar de ningún modo… (Justamente eso es lo que buscaba Primo de Rivera: ampliar las clases medias y conseguir un país más estable. Pero no lo logró, a pesar de sus indudables avances económico-sociales. No tuvo tiempo suficiente y una “ideología” en la que basarse…)

El verdadero protagonista de la llamada transición fue esa clase media y no el rey Juan Carlos de Borbón, ni Adolfo Suárez, los cuales supieron sacar buen provecho del “franquismo sociológico”.

La Ley de Reforma Política siguió los pasos previstos en las Leyes Fundamentales del Movimiento. Las Cortes del régimen franquista siguieron al pie de la letra el plan diseñado por Franco. La clase medida, la del “franquismo sociológico”, acepaba el aparente “cambio de régimen” si a cambio se le garantizaban paz y seguridad.

Quienes aún no han hecho un acto de desmemoria, recordarán que para la generalidad de los españoles la voluntad de Franco era la reinstauración de la monarquía, deseo varias veces repetido en su claro y conciso testamento político. Una Monarquía Parlamentaria, o “república coronada”, cuya estabilidad respaldaban, además, los Estados Unidos de Norteamérica y del Club de Bilderberg- “los amos del mundo”- (La Conferencia Bilderberg es una conferencia anual a la que solo se puede acudir mediante invitación, cerca de 130 invitados. Entre los asistentes de Bilderberg se encuentran banqueros, expertos de defensa, dueños de la prensa y los medios de comunicación, ministros de gobierno, primeros ministros, realeza, financieros internacionales y líderes políticos de Europa y América)

Lo que hasta ahora he contado, desbarata la reiterada falsedad de que las Cortes franquistas se suicidaron al aprobar la Ley de Reforma Política. No está de más echarle un vistazo al juramento de Juan Carlos I al ser proclamado Rey de España, como sucesor del Jefe del Estado, Francisco Franco; sus posteriores manifestaciones, y las de algunos políticos franquistas aún entonces influyentes, son claramente demostrativas de por dónde iban los tiros; todos en la dirección anticipada por El Caudillo.

Los partidos que aparentemente surgieron por “generación espontánea”, tras la publicación y puesta en marcha de la Ley de Reforma Política fueron (excepto el Partido Comunista que fue legalizado a prisa y corriendo) una réplica de las sensibilidades ideológicas que convivían-sobrevivían dentro del Movimiento Nacional. Por supuesto, el PSOE también. Durante los cuarenta años del régimen de Franco el socialismo casi no existió; motivo por el cual el propio sistema hubo de inventarlo, ya que su deseo era poder homologarlo posteriormente, en un régimen de democracia partitocrática. El franquismo puso en marcha el “socialismo del interior”, que acabó liderando Felipe González. Es más, si hurgamos un poco, hasta en Izquierda Unida y hasta en “podemos” encontraríamos rastros sorprendentes….

No deja de ser “chocante” que siendo la partitocracia y los partidos un producto de la Dictadura, el antifranquismo fuera desde entonces uno de los principales recursos dialécticos, de igual modo que en la Segunda República se recurría con frecuencia al antiprimoriverismo, pese a que el PSOE colaboró estrechamente con la Dictadura, así como tantos promotores del republicanismo. Para explicar esto, solo se me ocurren dos interpretaciones: la necesidad de correr un tupido velo respecto del pasado, lo cual es muy frecuente en los conversos (y la urgencia de convencer a todos de que se es “cristiano viejo”); y la falta de proyecto para construir un sistema político que pudiera ser perdurable y acorde con las necesidades reales de la sociedad española, y sin perder de vista la problemática en la que el mundo estaba inmersa en aquellos momentos…

Tales carencias han hecho menguar a la militancia de los partidos políticos hasta tal extremo de que inevitablemente han sido condenados a vivir de las ubres del Estado y de los “impuestos” de los grupos de presión y financieros; y como era de esperar, la “ciudadanía” se limita periódicamente a cumplir con el ritual electoral con una cada vez mayor tasa de abstención (que a algunos parece no preocupar).

Permítaseme ahora un paréntesis, una digresión para hablar de la principal característica del régimen partitocrático que se instauró a partir de las Cortes Constituyentes salidas de las Elecciones Generales del 15 de Junio de 1977: la corrupción. Permítanme que les cuente:

Recuerdo que hace ya mucho tiempo –más de tres lustros, más bien cuatro- el Tribunal de Cuentas, tras realizar auditorías contables a todos los grupos políticos con representación parlamentaria, a los sindicatos, organizaciones patronales, etc. llegó a la conclusión, y así lo “denunció”, de que todos ellos se habían lucrado durante un largo periodo de manera fraudulenta, de los que entonces se denominaban “cursos de formación ocupacional”… Lo de que haya habido más de 30.000 personas que han estado cobrando dinero de los contribuyentes con el pretexto de tener a su cargo y cuidado a familiares “dependientes”, habiéndose muerto, tal como denunciaba el gobierno del PP después de ganar las elecciones del 20 de noviembre de 2011, durante el tiempo en que gobernaba el PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero, es peccata minuta comparado con el fraude entonces detectado por el Tribunal de Cuentas…

Hubo un consenso, generalizado, en el Congreso de los Diputados respecto de que aquellas eran prácticas comunes a todos ellos, y sin sonrojarse lo calificaron como cosa atribuible a la “picaresca” característica de la cultura española… Ni que decir tiene que se corrió un tupido velo, y nadie se acabó responsabilizando de nada a lo concerniente a los escandalosos cursos, en los que hasta participaba gente que había fallecido…

Sirva esta muestra de ejemplo de que los partidos políticos (aunque quizá hay alguna excepción marginal, e insignificante) consideran que el fraude, la malversación de fondos públicos, el robo, la estafa, y tantas tropelías más de las que nos hablan un día sí y el otro también los medios de información, son “daños soportables”…

¡Y un día llegó un tal Rodríguez Zapatero por accidente! Aunque son muchos quienes hablan de que en la fatídica fecha del 11M en España se produjo un “Golpe de Estado”, claro que “esto” es harina de otro costal, de la que hablaremos otro día.

El análisis de su actuación durante sus casi ocho años de gobierno, pone la carne gallina. Su gobierno, aparte de abrir debates en falso y de crearle más y más problemas a la sociedad de los que ya había, se dedicó principalmente a destruir en vez de construir.

La situación, pese a que sus aduladores, voceros y trovadores trataran en balde de convencernos de lo contrario, llegó ser de tal insensatez y caos, que irremediablemente acercaba cada vez más a España al precipicio;… y así llegó el triunfo del Partido Popular, que pese a haber proclamado que tenía un proyecto regeneracionista -tal vez  influido por el miedo a ser tildado de franquista y de derechas- sigue sin decidirse a poner emprender ninguna acción para desbaratar el zapaterismo (incumpliendo su programa y estafando a sus electores) y mucho menos para desalojar a la panda de golfos que acabó ocupando todos los ámbitos de poder.

Y, hasta aquí hemos llegado. El Partido Popular se ha travestido, y convertido en un partido político intervencionista, y ha pasado a asumir plenamente la ideología y el discurso socialdemócratas, y adopta políticas antiliberales y contrarias a la libre competencia, propia de cualquier economía de mercado, y por supuesto, ha hecho suya también la perversa, totalitaria y liberticida “perspectiva de género”, abandonando todo resquicio de humanismo cristiano; de paso, utilizando a los medios de información a los que riega generosamente con fondos públicos, ha creado el monstruo de “podemos” para hacer del PSOE un partido marginal, a la vez que logra enaltecerse, y de paso lavar, blanquear la corrupción galopante que ha llegado a ser su seña de identidad… eso y no otra cosa ha sido la “moción de tortura”, la pantomima que ha acontecido la última semana en el Congreso de los Diputados; un acto de enaltecimiento y legitimación del partido gobernante.

La España actual cada día se parece más a la que nos describía Joaquín Costa hace más de un siglo. Si leemos el diagnóstico que Joaquín Costa hace de la España de 1899, en la España de la Restauración Monárquica (OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO COMO FORMA DE GOBIERNO) aquella España se parece demasiado a la España actual. Joaquín Costa afirmaba que el régimen político existente en España era un régimen oligárquico y caciquil. España, decía, estaba gobernada por  una oligarquía de “notables.” Y por tal motivo afirmaba Costa que, España no era una nación libre y soberana; en España no había propiamente un parlamento, ni partidos; lo que algunos hoy denominan “partitocracia”.

Pero si esto es ya reprobable, hay algo que lo es muchísimo más, y de lo que también Joaquín Costa ya hablaba: el régimen caciquil posee un elitismo perverso que impide “la circulación de las élites ; en el régimen caciquil los más capaces y los mejor preparados son apartados, es la postergación sistemática, la eliminación y exclusión de los elementos superiores de la sociedad, tan completa y absoluta, que el país ni siquiera sabe si existen; es el gobierno y dirección de los mejores por los peores; violación torpe de la ley natural, que mantiene lejos de la cabeza, fuera de todo estado mayor, confundida y diluida en la masa del servum pecus (en  latín rebaño servil) a la élite intelectual y moral del país, sin la cual los grupos humanos no progresan, sino que se estancan, cuando no retroceden.

España es una meritocracia a la inversa. El actual régimen político selecciona a los peores y prescinde de los mejores individuos, de las personas componentes de la sociedad española. En el régimen caciquil oligárquico sólo triunfan los peores…

Pues bien, llegados a este punto, me atrevo a preguntarle nuevamente a un tal Mariano Rajoy Brey:

¿Vas a seguir defraudando a la mayoría de los que el 20 de noviembre de 2011,  votaron cambio, a los que nuevamente volvieron a depositar en ti su confianza y votaron por una profundísima regeneración que debe ir más allá de pequeñas y temerosas reformas?

Es imperdonable, Mariano Rajoy Brey que sigas limitándote a apuntalar el sistema sin ir a la raíz de los problemas.

Llegados a este punto, Mariano Rajoy Brey, si tal como vienes demostrando no tienes lo que hay que tener, más te vale que pases el testigo a alguien que tenga la valentía suficiente y la altura de miras que exigen los terribles momentos por los que actualmente atraviesa nuestra patria, pero decídete ya, antes de que España se convierta plenamente en un protectorado, o nos acaben expulsando de la Unión Europea; aunque cada día somos más los que pensamos que mejor sería abandonarla antes de que nos echen.

Claro que tal vez esto último sea la única esperanza que le queda a España para que cese la corrupción política y moral en la que estamos inmersos, lo mismo quienes vengan de fuera acaban desalojando de las instituciones a la pandilla de golfos que nos mal-gobiernan ( a los que tú y  tu equipo de gobierno no os atrevéis a cuestionar,  y a los que inexplicablemente seguís subvencionando de  manera incomprensible) tal vez “eso” conduzca a España a un periodo realmente constituyente, de ruptura con las formas caciquiles y oligárquicas como forma de gobierno, y acabemos finalmente homologándonos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones más prósperas de nuestro entorno cultural…

Así que, ya digo, pasa el testigo a otra persona o llama de una vez  por todas a quien corresponda para que nos intervengan… A lo mejor los que vengan de fuera nombran a un buen “cirujano” que  esté dispuesto a aplicar la terapia de choque que España necesita y cortar de raíz las malas medicinas que tú y tus secuaces le estáis administrando a esta España enferma.

Carlos Aurelio Caldito Aunión

Badajoz, Taifa Hispánica del Suroeste, junto a la “Raya”


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