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Opinión-Editorial

La fontanería en las organizaciones

19 de Junio | 10:05
La fontanería en las organizaciones
Mucho se habla, aunque no sea abiertamente, de la fontanería en las organizaciones, de las que la ‘fontanería política’ sería paradigmática y modelo de funcionamiento. Pero aunque no se detalle qué es y en qué consiste y solo se hagan someras y genéricas referencias sobre ella, todos sabemos que está ahí, que funciona y que sirve para tomar decisiones concretas, orientar la acción de las organizaciones y servir tanto a la organización interna como a sus relaciones externas. La ‘fontanería política’ no es un mito, sino una realidad siempre presente en todos los partidos políticos y en toda organización

Sin embargo, se tiene la imagen de que se trata de una actividad oscura y, por extensión, sucia. Una actividad que gestiona apaños y manejos espurios que, para su buen término, no pueden salir a la luz mientras se están fraguando. 

Sin embargo, llama la atención que, pese a la familiaridad con que utilizamos el término, los buscadores de internet –he buscado “fontanería política”- facilitan escasas referencias que en poco o en nada aclaran su funcionamiento. Se habla de los “fontaneros de La Moncloa”; se ve la mano de la “fontanería” política en distintos ámbitos, se reconocen el necesario “trabajo de fontanería previo” o califican como “fontanero político” a personajes secundarios de los que se sospecha realizan “algo más” que la denominación del puesto que desempeñan. 

Pero tiene su justificación, pues todos somos conscientes de que determinadas negociaciones no hubieran sido exitosas si hubieran sido retransmitidas en directo y que, precisamente otras, por haber sido públicas, han finalizado en fracaso al provocar que sus protagonistas radicalizasen sus posturas o que intervinieran terceras personas que nada tenían, en principio, que ver con el asunto. Una exigencia de transparencia total puede paralizar la acción de las organizaciones e, incluso, conducirlas al fracaso. 

Hablar de fontanería en política es hacer referencia a los entresijos que muchas veces se realizan de forma discreta, o incluso oculta, para garantizar el buen fin de lo que se tenga por objetivo. Para que un aparato político desempeñe su actividad con eficacia es necesario que cuente en su engranaje organizativo con un buen equipo de fontanería política, que sepa negociar y que lo haga con discreción. 

En sentido figurado, un fontanero político es la persona que está especializada en el funcionamiento de aquellas cañerías por donde circula el poder. Unas veces trabajará con la red ‘potable’ mientras que en otras se tendrá que dedicar a la red del agua residual para tratarla o depurarla con garantías. La dedicación al mantenimiento y a la reparación de toda esta red de tuberías que acompaña al poder, es lo que se ha venido en llamar ‘fontanería política’

Analizando la actividad pública de los partidos y organizaciones podemos detectar dónde han tenido lugar actividades de fontanería, aunque difícilmente llegaremos a saber con seguridad si han sido necesarios trabajos en la red de abastecimiento, en la de residuales o en ambas. 

Que Pedro Sánchez llegue a un Congreso Federal colocando a ciertas personas en ciertas áreas, es un resultado que ha necesitados trabajos de fontanería política, pues ha de “casar” intereses y vetos en beneficio de la organización. Hacer una lista electoral; decidir un posicionamiento concreto; nombrar un cargo de responsabilidad; renovar la estructura organizativa en sus distintos niveles; incorporar una medida u otra en un programa, en un manifiesto o en una declaración; establecer con los medios de comunicación el momento en que una noticia se publique; acordar los mecanismos de financiación propios, posicionarse, o no, con o frente a otros partidos u organizaciones sociales sobre una cuestión o un problema y su solución así como los pactos electorales o de gobierno, son también actividades donde la fontanería política actúa. 

Y es cierto que algunas veces, los procedimientos seguidos no han sido ‘elegantes’ ni han guardado las mínimas formas que se podría esperar. Muchos procedimientos tradicionales de negociación, mediación o ‘fontanería’, están llamados a desaparecer, pues sus actores saben, o ya deberían saber, que muchas cosas terminarán por conocerse. Todos deseamos que la transparencia sea el principio básico, pero, no nos engañemos, en la política, como en otras tantas actividades humanas, sigue siendo necesaria la distinción entre escenarios y bastidores. Pero en beneficio de la propia política, de las organizaciones en cualquiera ámbito y de la necesaria transparencia, hay que cuidar que aquello que se gestiona entre bastidores pueda ser posteriormente visto a la luz. 

Los llamados fontaneros, que no son más que profesionales de la negociación y de la intermediación, deben actuar, y están obligados a ello, con honradez, sinceridad y valores éticos. Por ello, la legalidad, la legitimidad y la limpieza en los distintos trabajos de fontanería, no deben nunca vulnerar los valores de la sociedad en la que desarrolla su actividad, pues será esa sociedad quién, si llega el momento, deberá juzgar sobre ella.



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