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Opinión-Editorial
MIS MARTES AL SOL

Utopía, realidad y el arte de lo posible

10 de Mayo | 12:03
Utopía, realidad y el arte de lo posible
La vida transcurre entre la utopía y la realidad del aquí y del ahora, y entre eso que algunos llaman la política, o el arte de lo posible. Es verdad que la política (y nosotros la mantenemos votando o absteniéndonos) es la que nos ha traído donde estamos. Algo de culpa tendremos del panorama que nos rodea, pero el asunto es cómo salimos de él, o cómo vamos mejorando la situación. Y aquí es donde aparece lo complicado. Porque si nos agarramos a aquella frase célebre de Mayo francés del 68, que decía: “seamos realistas, pidamos lo imposible”, como frase no puede ser más provocadora, pero ¿en qué quedó aquello? O, si quieren, nos agarramos a esta otra frase que ya empieza a ser cansina: “otro mundo es posible”, pero ¿cómo se llega a él?, ¿quiénes son los que lo van a hacer posible?, ¿dónde están”?, ¿con qué instrumentos?

Las polémicas entre los anarquistas y socialistas españoles antes, durante e incluso después de la segunda República, eran eternas. Ambos querían lo mismo, al parecer; pero no se ponían de acuerdo en el cómo. Unos querían ganar la guerra primero y otros hacer la revolución. Los dos tenían razones profundas para ello y muchas cosas en común pero no coincidían en los tiempos. Luego vinieron los comunistas a empeorar la situación. Eran cuatro gatos pero monopolizaban el apoyo soviético y se hicieron los amos de la situación, convirtiéndose en la vanguardia consciente de la izquierda para unos, o practicando un despotismo criminal para otros. Esos son los que más jodieron la unidad de la izquierda y al cabo del tiempo fueron a parar a aquel invento del eurocomunismo y la defensa a ultranza de las centrales nucleares, para acabar en liquidación por derribo; aunque algunas momias históricas todavía veneren y pongan de ejemplo a Santiago Carrillo.

En el abanico político actual volvemos a encontrarnos con una izquierda no ya dividida, sino en lucha a muerte de unos contra otros. El espectáculo interno del PSOE a la vista está, y puede repetirse el sainete anterior, aunque no hay que descartar sorpresas. Si nos agarramos a Podemos, las luchas internas por el reparto de poder no pueden ser más cainitas. Y el objetivo principal de su aparato sigue siendo cargarse al PSOE. Mientras tanto Rajoy, con esta izquierda, sigue fumándose un puro, con el regocijo de la banda de cuatreros que le acompañan y cada día más convertido en un “hombre de estado”. Por lo que vuelvo al título de esta columna.

La utopía debe estar presente siempre en la acción política, social, cultural… La cuestión es la dosis. Valorar qué es posible proponer y defender en cada momento, teniendo en cuenta a los distintos interlocutores con los que hay que defender los objetivos, así como la fuerza de los que tratarán de hundir esos objetivos a cualquier precio. Utopía y realidad deben mirarse de frente en cada uno de los asaltos que libren, para medir bien sus fuerzas. Si no se puede ganar por KO, no se puede. Si tiene que ser a los puntos, hay que administrar bien las fuerzas. Y si se va a perder hay que procurar que no te rompan la cara, aunque no siempre se tengan las cuentas claras de todo ello y haya que arriesgar hasta donde se pueda. La izquierda y los sectores progresistas no deberían olvidar la lección aprendida en la Segunda República española y su desenlace posterior. Algunos jovenzuelos ilustrados y otras viejas glorias que están de vuelta de todo, tampoco. Si la política es el arte de lo posible, a los ciudadanos nos conviene calcular  bien hasta dónde pueden llegar nuestros anhelos de utopía y con qué organizaciones y responsables políticos podemos y debemos recorrerlas. Tomemos nota del ejemplo  de Francia. No es menos socialdemócrata Macron que algunos de los últimos líderes socialistas franceses. De momento ha evitado que Francia siguiera la senda de Inglaterra o EE UU. Si no hay hoy un Presidente de la República que represente un socialismo auténtico será porque los que ha habido han sido unos ineptos y ahí está el resultado. Ahora falta ver qué hace un líder que no va de revolucionario, ante una situación tan difícil como la que tiene Francia y Europa delante. El listado de temas pendientes que tiene delante es pavoroso. Dicen que Macron ha ganado todas la batallas que ha librado hasta ahora y la ola victoriosa que le acompaña no puede ser mejor. Estaremos expectantes desde ahora.



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