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Cultura, literatura, historia, música

El locutor

2 de Noviembre | 12:59
El locutor
Ya son las ocho, lo sé porque he oído las señales horarias de la radio que hacen las veces de despertador. Ufff…, me entra la pereza pero… ¡pufff!, hay levantarse.

Mi mente le da una orden a las piernas, pero, pero ¿qué pasa?, ¡no responden!... ¿Y las manos?..., ¿qué ocurre?, se me revelan, no me obedecen…

Pruebo con el tronco, no puedo… ¡está terriblemente quieto!.. Noto, noto como el sudor recorre mi espalda…, oigo respirar con dificultad a mis pulmones.

¡Dios!, tengo miedo, es otras de mis parálisis del sueño. Por favor, soy un reo con mi propio cerebro por cruel carcelero, intento luchar y no puedo, no puedo.

¿Qué oigo?, escucho la radio, oigo una voz, una voz a lo lejos…

− Hola amigos, bienvenidos una vez más a esta nueva cita que tenemos todos los jueves…

Creó que la conozco, me envuelve en ella.

− En éste programa especial de Halloween les traigo un experimento inédito, a medio camino entre el misterio de la leyenda urbana y la ciencia. Dicen, que en esta noche tan especial, si son capaces de abrir lo bastante vuestras mentes y vuestros corazones, podrán auto inducirse una especie de hipnosis. En ella, vivirán en primera persona los fragmentos terroríficos que a continuación les leeré, estén atentos…

Yo sí que lo estaré, no tengo otra escapatoria que escuchar al locutor.

− Queridos oyentes ¿están preparados?, empecemos el juego con éste impactante relato: Existe un rumor de que en la oscuridad de la noche, donde el blanco se vuelve negro, lo claro confuso, el valor en miedo, se oye la voz de un espíritu cantar a los lejos, “pinto, pinto, gorgorito, dónde vas tú tan bonito, a ningún sitio porque te llevaré conmigo al nichito”. Mientras, dirige su dedo, buscando al azar a su próxima presa.

¡Ah!, he creído notar un dedo tocando mi cuerpo, mientras oía un susurro que tatareaba esa canción espeluznante. Trato de calmarme pero apenas puedo, sigo inmovilizado y otra vez vuelve él.

− ¿Qué tal les ha gustado, han sentido algo? Puede que aún no, sigamos probando.

Probar, ¿qué hay que probar?, ¡yo sólo quiero despertar!

− Esta historia que les voy a narrar, es aún si cabe, más tenebrosa que la anterior: En ésta horrenda penumbra siento su presencia, al igual que lo hacen mis dientes, mi piel, mis huesos, todos ellos se van convirtiendo en papilla a cada paso que avanzo, trato de huir de ese asesino que porta un hacha. Uno, dos, tres, me mira y me llama, “¡eh tú, sé que estás ahí, no te escondas de mí!”.

Calla por favor, no sigas. ¿Quién eres y por qué me reclamas?, deja mi cuerpo no quiero ser papilla. Siento como una lágrima recorre mi cara. De pronto, vuelvo a mi triste realidad y a la vieja voz conocida.

− Recibimos varios mensajes diciéndonos que todavía no sienten nada, ¡sigamos intentándolo!

¡Me niego en rotundo a intentarlo!, pero nadie me escucha, mi boca paralizada no habla. Él regresa de nuevo.

− A continuación, doy paso a un cuento con la que se derretirán de horror: Carmen coge un cuchillo, quiere pelar una manzana, su mano empieza con el proceso y un olor a cobre inunda la estancia. Sigue avanzando, la afilada hoja metálica no descansa. Caen girones de carne, le siguen los músculos hasta llegar al hueso. El miembro desnudo de cinco dedos se aposenta en su regazo, parece un niño desamparado. Continúa con el brazo, lo mismo de antes, recorta lento, muy lento, apesta a sangre. Ignora que el malvado ser está dentro de ella, ni siquiera le escucha decirle, “sigue, sigue, no pares, no pares”.

Aagg!!!... maldigo de dolor, un aroma inmundo invade la habitación, no me atrevo a mirar si es mi propio líquido rojo. ¡Dios!, ¿Qué me está pasando, será acaso el experimento? Siento que muero de pánico y lo peor es, que el locutor ataca de nuevo…

− Amigos vamos a finalizar ya, estén más atentos que nunca.

Una irónica carcajada intenta salir de mí garganta, pero al igual que yo, está atrapada.

− De las cuatro historias, opino a modo personal, que ésta es la que les hará tiritar de puro pánico, escúchenla con los sentidos bien despiertos: La habitación se encontraba levemente iluminada por unas calabazas, hablaban aunque estuvieran carentes de lengua, decían, “estamos aquííí, socorro, socorro, liberadnos”. Por todas partes, habían telarañas que me asfixiaban con su rastrero abrazo. Pero lo peor eran ellas, esas sombras que salían de las paredes haciendo crujir el suelo, el techo, la madera. Gritaban “culpables, culpables, no hicisteis caso a La leyenda de las ánimas”.

Siento que estoy en ese macabro recinto acompañado de todas ellas, las calabazas, las telarañas, las sombras y ¡hasta las ánimas!... Ya no distingo que es real, que es sueño, sólo quiero descansar de tanto sufrimiento, me entrego a su voz por completo.

− Queridos oyentes esto ha sido todo, ¿les ha gustado el experimento, han sentido terror? Ya me contarán el próximo jueves, esto ha sido todo por hoy en “Ciencia y más allá”. Se despide de ustedes Fran Abad, disculpen a José J. Villalón, por motivos desconocidos ha estado ausente. ¡Feliz noche de Halloween!

Una mano me zarandea, notó como mi cuerpo al fin responde, aunque extrañamente tengo la lengua seca, da igual, ¡me muevo, me muevo…!

− José, José, ¿qué pasó?, has dormido profundamente y te perdiste el programa.

− Ufff!, no sé Fran, después de tomarme el bitter…, me, me quedé dormido, quise despertar pero no puede, creí que…, que tenía una de mis parálisis del sueño pero..., pero después todo fueron pesadillas. No sé, no entiendo nada, me voy a descansar, estoy agotado, en fin…, hasta mañana.

− Bueno, pues nada, a descansar…, hasta mañana!. Qué pena, no sabe que aderece su bitter kas con alucinógenos…, un poco de ciencia y leyendas urbanas.

FIN


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