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Opinión-Editorial
SIN PROPÓSITO DE ENMIENDA

Rajoy: el milagro mariano

26 de Octubre | 12:26
Rajoy: el milagro mariano
Probablemente Mariano Rajoy se convertirá el sábado o el domingo en el Presidente del Gobierno que menos esfuerzo ha empleado en obtener la nominación. Desde que Manuel Fraga lo sacase del anonimato de una triste plaza – muy bien remunerada, pero triste, gris, pura apatía – de registrador de la propiedad en Santa Pola, Rajoy simplemente ha esperado sentado.

El mundo puede derrumbarse a su alrededor, que se desaten los huracanes políticos, que el vendaval se lleve por delante a dirigentes históricos, partidos históricos y hasta jefaturas del estado históricas pero él aguanta. Sin mover un dedo. Esperando.

Cayó José María Aznar y él, que fue designado – y nada hay más cómodo que heredar – ni siquiera tuvo que ganarse con el sudor de la frente el voto de sus correligionarios del Partido Popular para alzarse con la secretaría general del Partido Popular. Perdió dos elecciones seguidas frente a José Luis Rodríguez Zapatero (cualquier otro líder hubiera dimitido o le hubieran dimitido, que le pregunten a Pedro Sánchez) pero resistió. Y tras caer Zapatero se alzó con un triunfo electoral no por méritos propios, porque muy poco hizo Rajoy en sus ocho años de líder de la oposición en el Congreso, sino por deméritos del contrario, en este caso un partido socialista que se abrazó a la troika europea y empuñó las tijeras de los recortes.

También nuestro registrador de la propiedad en Santa Pola enarboló las mismas tijeras pero, tras perder casi cuatro millones de votos en las elecciones de diciembre de 2015 simplemente se sentó a esperar a que su principal rival se desangrase y, tras unas segundas elecciones en junio de 2016 donde algo aumentó pero sin alcanzar la mayoría suficiente, ni siquiera ante ese panorama ejercitó algún músculo: pudimos ver entonces como Ciudadanos iba pasando de una posición a otra pese a todas sus promesas electorales (no pactaré con Mariano Rajoy, había dicho Albert Rivera antes, durante y después del plebiscito, nunca, nunca, nunca) sin más peaje que un triste acuerdo que, aquí entre nosotros, a nuestro héroe de la paciencia se la suda y luego hemos puesto los ojos como platos comprobando como el PSOE, fragmentado en varios cachos y tras defrenestar a su Secretario General, pasa del no tajante al PP al dejémosles gobernar de manera incondicional. La gestora no ha exigido nada a cambio a Rajoy y Rajoy a nada se ha comprometido. Simplemente... ¡Sí! Simplemente se sentó a esperar.

Y así, nuestro milagro mariano, Don Mariano Rajoy, ha visto como se muere un papa y otro dimite, como se suceden dos presidentes del gobierno, como caen dos líderes de la oposición, como la mayoría parlamentaria de izquierdas en dos ocasiones es incapaz de batirle aún teniendo votos para ellos, como se retira un jefe del estado coronado tras ser pillado en actitud cariñosa y escandalosamente extramatrimonial (en un rey tan católico) en una cacería naif de elefantes y, si observamos allende las fronteras, como son derribados en las elecciones jefes de gobiernos y partidos al calor de una crisis económica donde socialdemócratas y liberales se han puesto de rodillas ante el mercado. Él también, el primero (a fin de cuentas, mejor de rodillas que de pie, es menos cansado) pero ahí lo tienen: fresco y lozano.

Gran figura Don Mariano. Con su tinte del pelo, sus puros y su Marca como única lectura, va viendo como pasan las estaciones y los días desde su ventana de La Moncloa.

De Franco se decía que tenía dos carpetas en su despacho. Una en la que se leía “Cosas que el tiempo solucionará” y otra en la que figuraba “Cosas que el tiempo ha solucionado” e iba pasando un papel de la una a la otra, mientras firmaba sentencias de muerte tras sentencia. Rajoy, que fue franquista amen de fragista, aplica la misma receta. Y en su caso el esfuerzo de ir pasando un papel de un lado al otro lo compensa fumándose un buen habano.

Rajoy gobernará sin trabajárselo. Milagros así no los vemos todos los días.


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