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Opinión-Editorial
ENTREVISTA

''No se ha hecho nada por Eladio porque la gente en Badajoz no le conocía''

17 de Octubre | 13:16
''No se ha hecho nada por Eladio porque la gente en Badajoz no le conocía''
Es probable que los apellidos de Joaquín López-Alegría (Badajoz, 1948) no le suenen a la mayoría de los pacenses y, sin embargo, están ligados de manera directa con la historia moderna de la ciudad. O quizá a muchos sí: no en vano, su primo, Miguel López-Alegría, fue el primer astronauta de origen español, y cuenta con un parque con su nombre en Valdepasillas. Sin embargo, hay un familiar suyo que ha permanecido en el más absoluto olvido: su abuelo. Eladio López Alegría fue, ni más ni menos, el primer alcalde democrático de Badajoz y la ciudad se había, literalmente, olvidado de él. A principios de este año, el ayuntamiento reconoció que no había ninguna calle dedicada a él por un "lapsus".

Este olvido se ha superado gracias a la tenacidad de Joaquín, su nieto, que, pese a haber dedicado toda su vida a la industria farmacéutica en Sevilla, decidió dejar a sus hijos allí y volver a su ciudad, Badajoz, al prejubilarse. Y a dedicarse a una de sus grandes pasiones: la historia. Alumno en la universidad de mayores del reputado historiador extremeño Julián Chaves, Joaquín se dedicó a estudiar el Ayuntamiento de Badajoz durante la II República a investigar la figura de su abuelo. También a rescatar su memoria: su insistencia ha sido la que, precisamente, ha logrado que, por fin, se recupere el nombre de Eladio. Han tenido que pasar 80 años desde su fusilamiento por las tropas franquistas tras la conquista de la ciudad.

Eduardo Muriel (E.M.): ¿Cómo empezó a interesarte por la figura de su abuelo?

Joaquín López-Alegría (J.L.A.): Siempre me ha gustado la lectura, pero estaba trabajando y no tenía tiempo de dedicarme a esto. Ya cuando me jubilé es cuando me pude dedicar a investigar la vida de mi abuelo. Tengo pocos datos sobre él, porque su vida particular fue sencilla y normal. Fue jurista, fiscal y luego corredor de comercio. Empecé a investigar por afición, me fui a los archivos y un dato me fue llevando a otro. Luego publiqué todos estos datos en la Revista de Estudios Extremeños y he dado alguna conferencia.

E.M.: ¿No le resulta extraño que sea tan desconocida la figura de Eladio y que incluso sea muy complicado acceder a información sobre él?

J.L.A.: Claro, es que aquí ha habido un ocultismo durante muchos años. Creo que la derecha que tenemos se asienta en un franquismo sociológico y claro, él era republicano. Ya cada día menos, pero hablas con algunos del PP con más edad y piensan que los republicanos eran diablos con cuernos y rabo. Han estado 40 años bombardeados con propaganda sobre que los republicanos eran tíos nefastos, con que la República hizo mucho daño a España. Ahora los historiadores modernos están viendo que la república no fue tan mala. Ya se mira con distancia.

E.M.: ¿Cómo logró que le escucharan en el Ayuntamiento?

J.L.A.: Cuando me vine de Sevilla ya se lo había dicho al alcalde de entonces, Miguel Celdrán, con motivo de la inauguración de un parque en Valdepasillas con el nombre de mi primo. En aquel momento, en el que estaban todos muy contentos, nos invitaron a una copa. Estando allí con la delegada de cultura, aproveché y le dije: “¿No te parece a ti que un alcalde, que es el primero democrático, tiene que tener su reconocimiento?”. ¡El primer alcalde democrático! Porque aquí tienen calles Fernando Calzadilla, por ejemplo, alcalde falangista puro y puesto a dedo, los Carapeto o Masa Campos. No tengo nada contra ellos. Bueno, en el fondo sí, pero no me meto en eso. Si quieren ponerles calles yo no voy a ser aquel que diga que se la quiten. Yo no. Nunca lo he hecho.

E.M.: ¿Costó mucho que le hicieran caso?

J.L.A.: La anécdota del parque fue hace ya 14 ó 15 años. Se lo dije al alcalde. Me respondió: “Sí, claro que sí, tienes mucha razón. Ponme una carta oficial”. Y hasta ahora. Me he movido mucho, he ido una por una a hablar con las asociaciones de vecinos de la calle afectada, que eran muy pocos portales, y todas han apoyado el cambio. Lo entiende todo el mundo, hasta el PP, que lo ha aprobado por unanimidad. El PSOE y Podemos han sido los que han empujado. El PP no tuvo nada que decir. Yo estuve en el pleno como público e incluso el alcalde pidió disculpas a la familia por el olvido. Eso está zanjado. Ahora lo que estoy esperando es que se ponga la calle. Le quedaban dos hijas vivas a Eladio, una con 91 y otra con 90. La de 91 se murió hace unas semanas. Nos hacía ilusión a la familia que ellas vieran la inauguración. Pues bueno, una no lo va a ver ya. Al menos se ha muerto sabiendo que eso está ya aprobado. Ha costado trabajo. El PSOE, hay que decirlo, ha apoyado mucho. Eladio no era socialista, era del Partido Radical Socialista (PRS), que si ves el ideario corresponde a lo que es la socialdemocracia de ahora. Entonces el PSOE era un partido marxista, revolucionario. El PRS era un partido de aspiraciones demócratas, formada por profesiones liberales, comerciantes.

E.M.: Pequeña burguesía.

J.L.A.: Sí, eso es.

E.M.: ¿Cómo fue la actuación -corta- de su abuelo como alcalde?

J.L.A.: Sí, es cierto que fue corta. Las elecciones fueron el 12 de abril y él estuvo de alcalde hasta primeros de agosto, es decir, unos cuatro meses.

E.M.: No le daría tiempo a hacer demasiado.

J.L.A.: Yo lo que sé es por los plenos, que los he leído todos, y lo que decía la prensa. Había mayoría socialista y el PSOE estaba muy presionado por la base. Eladio no estaba acostumbrado, no era político. Se metió en esto porque se lo pidieron y fue apoyado también por el PSOE. Él lo dice en su discurso, que no pensaba en esto, pero que la patria necesitaba que todos contribuyéramos y daba el paso al frente. En esos cuatro meses supongo que haría cosas de trámite. Él estaba muy descontento con los plenos. Asistían los obreros, la gente que estaba en el paro, con miseria y con hambre, y presionaban y casi no se celebraban los plenos. Había muchas interrupciones. Él era un tío de izquierdas pero de orden, muy republicano. Lo dice también en su discurso, que viene de una larga tradición republicana. Sus padres eran republicanos de corazón y de actitud, los típicos liberales que venían de la Constitución de 1812. Una familia de juristas, con muchos notarios. Por su parte materna había un tipo, que era el tío de su madre, Mariano Alegría, que era el que reunía a todos aquellos liberales extremeños que después estuvieron en la Constitución, como Muñoz Torrero, Quintana… Tenía una librería y los reunía en la trastienda. Por eso Eladio, que venía de esa tradición, decidió dar el paso.

E.M.: ¿Por qué le eligieron, por ser una figura de consenso?

J.L.A.: Claro, él era una persona muy querida. Fue fiscal. Hay una cosa que se cuenta en su familia que no está escrita en ningún sitio. Lo cuenta su hijo: un día llegó a casa y le dijo a su mujer: “Yo ya no quiero ser fiscal”. Los fiscales acusaban con las leyes de la monarquía y la dictadura de Primo de Rivera. Él no estaba de acuerdo con esas leyes y decidió meterse entonces al derecho mercantil.

E.M.: Aunque su alcaldía fue muy breve luego pasó a ser concejal, y así estuvo toda la II República.

J.L.A.: Sí, hasta que entraron las tropas el 14 de agosto de 1936, excepto un pequeño periodo en el que hubo una gestora en el Ayuntamiento de Badajoz. Con la victoria del Frente Popular lo restituyeron, en febrero de 1936. A los seis meses… fíjate, maldita la hora. Podría haber seguido la gestora. Cuando llegó el ejército mató a la mayoría de izquierdas. De 16 socialistas mataron a 12 y se exiliaron cuatro.

E.M.: ¿Qué problemas había en Badajoz en esa época?

J.L.A.: Problemas auténticamente de hambre, paro y miseria. Era tremendo. Ahora hablan de la pobreza energética, y efectivamente, se trata de que no tienes para calefacción. En aquella época la pobreza era de llevarse un trozo de pan a la boca. No había subsidio de desempleo. Mi madre cuenta que en la puerta de casa siempre había obreros reivindicando. Cuando era alcalde y cuando era concejal. Pidiendo medidas, porque no tenían para comer. Presionando. Era tremendo.

E.M.: ¿Y qué se hacía en esas circunstancias?

J.L.A.: Pues habilitaban algunas partidas de los presupuestos, hacían listas donde se iban apuntando y cuando hacían obras callejeras se les llamaba. Eran obras de poca monta, porque tampoco había un duro. Era un problema gordo. Asfaltaban una calle, luego otra… Tanto es así que tiraron la muralla en aquella época, bajo la alcaldía de Sinforiano Madroñero, y en el espíritu estaba el no hacerlo pero lo hacían para que hubiera mano de obra. Es muy duro, ¿eh? Ellos pensaban que habría que abrir una brecha pero también se podría haber hecho como en otras ciudades, construir allende la muralla, ampliar una puerta. Fue una barbaridad, claro, desde el prisma de hoy. Entonces había hambre. Cuando se daban las discusiones en el pleno se argumentaba eso, que suponía no sé cuantas peonadas, que había que dar de comer a la gente. Es el principal problema que se refleja en las actas. Aquí pasa una cosa, no hay actas de las comisiones permanentes. Las cosas llegan al pleno ya discutidas. O al menos yo no las he encontrado.

E.M.: ¿Cómo era el ambiente en los plenos? ¿Las posiciones políticas estaban muy polarizadas?

J.L.A.: No, nada que ver con lo de ahora. Había bastante entendimiento y se aprobaban muchas cosas por unanimidad. Me parece que poco partidismo radical había como lo hay ahora. Antes dentro de los mismos grupos había diversidad de opiniones y libertad a la hora de votar, sobre todo los republicanos. Hubo una época, cuando la revolución de Asturias, en que Sinforiano Madroñero salió expulsado de un pleno. Hubo una discusión con un concejal del Partido Radical de Lerroux, porque Pedro Muñiz presentó una moción para condenar la revolución. Claro, el alcalde era socialista. Le dijo que no estaba en el orden del día, que lo presentara en su momento, y le dijo con franqueza que le ponía en un compromiso. Este pleno ya ni se celebró, llegó la orden gubernativa de Lerroux para poner la gestora y salió esposado. Eso no se dice en el acta de la sesión del pleno, pero cuando vuelve a restituirse el ayuntamiento un año y medio después, en 1936, el entonces concejal Eladio López Alegría lo dice, en el pleno de constitución, que había que hacer mención de la ignominiosa actuación sobre el alcalde Sinforiano Madroñero. Era socialista, no era de su cuerda, y aún así lo dice.

E.M.: En los meses antes, ¿se refleja la tensión creciente en las actas?

J.L.A.: El ejército franquista se rebela el 18 de julio y entonces empieza a constituirse como un frente de defensa. La ciudad estaba amurallada, se podía defender, o eso creían. La guardia civil no se sublevó. Entonces vino mucha gente de los pueblos a defender Badajoz, la capital de la provincia. A defender la República. El Ayuntamiento, el 20 de julio y el 10 de agosto, celebró dos plenos, donde se habilitaron unas partidas de dinero para dar de comer a los milicianos que venían a defender la plaza. Era gente de los pueblos a las que daban un arma. Lo pone en las actas: tantos kilos de pan, latas en conserva, chorizo, sardinas… En ese entonces había ya un ambiente prebélico. ¿Qué ocurre? Cuando entran las tropas franquistas lo primero que hacen es meterles un juicio a aquellos concejales que habían asistido a esos últimos plenos. Los monárquicos ya no asistían, desde el 18 de julio. Fueron los republicanos de izquierda y los socialistas. Luego he podido ver la causa contra mi abuelo, la 356/36, que estaba en el archivo jurídico-militar de Sevilla. Le preguntan que por qué fue a ese último pleno. Él responde que asistió porque iba por la calle y los milicianos, por no decir que eran de su cuerda, estaban continuamente pidiéndole documentación. Dice que entonces fue a ver a Sinforiano para que le diese un salvoconducto para que le dejaran tranquilo por la calle, y aquel día justo se celebraba el pleno y le dijeron que se quedase. Hay que darse cuenta de que cuando declara esto estaban ahí los franquistas ya juzgándole y, claro, el miedo es libre. Lo juzgan y la causa acaba sobreseyéndose porque cuando la hacen ya los habían matado a todos. Es como un vodevil. Le decían a la guardia civil que fuera a buscar a tal persona. Ésta lo hacía y preguntaba por él pese a que sabían que ya se los habían cargado. Se tiraban la pelota con la policía, pero todos sabían que estos tipos habían sido fusilados. Esto pasa a mediados y finales de septiembre. A mi abuelo lo mataron el 16 de ese mes.

E.M.: ¿Por qué decidió Eladio quedarse en Badajoz en lugar de huir, como trató de hacer Sinforiano Madroñero?

J.L.A.: Él era muy amante de su familia y no quería dejarla. Tenía cuatro hijos y su vida aquí. Además de corredor de comercio era secretario de la cámara urbana, tenía una buena posición. Estuvo escondido hasta el día 15 de septiembre. En su casa había sótano. Mi madre me cuenta que iban allí todos los días falangistas a buscarle. Y ya el 15, cuando había pasado un mes desde la entrada del ejército, se fue a la oficina, a la Cámara Urbana. Allí fueron a por él, lo secuestraron y se lo cepillaron.

E.M.: Pero él sabía que le estaban buscando.

J.L.A.: Sí, pero los primeros días tras entrar el ejército buscarían a todos los concejales de izquierda. A otros que dieron la cara no les pasó nada, como Campini, que tenía una imprenta en la estación y se marchó a Portugal; después volvió, lo metieron en la cárcel y en dos o tres años lo soltaron. La cosa se relajó un poco cuando se fue [el general franquista] Yagüe, que es el que hizo aquí la escabechina.

E.M.: En la ejecución de Sinforiano Madroñero se hizo un acto público, casi un espectáculo. ¿Cómo fue la de Eladio?

J.L.A.: Sólo sabemos que se lo llevaron del despacho a la plaza de toros. De allí el mismo día por la noche lo sacaron de allí y se lo llevaron al cementerio, que era donde mataban a la gente. En la pared del cementerio es donde se lo cargaron.

E.M.: Allí cayeron otros concejales también.

J.L.A.: Sí, sí, el mismo día murieron varios. Esos primeros días fueron muy trágicos. Su hermano, como era de una familia bien posicionada, logró sacar el cadáver y darle una sepultura individual. Está enterrado en su nicho. Todos los años se le homenajea junto al alcalde Sinforiano Madroñero. Hace unos ocho o diez años me dijeron del PSOE si les importaba que en el acto de homenaje se le pusiera un ramo de flores. Yo les dije que encantado. Desde entonces se hace. Todos los 15 de agosto, un día después del aniversario de la entrada de las tropas, van al cementerio, hacen un discurso y se le pone un ramo de flores a Madroñero, al diputado Pedro Rubio y a Eladio López Alegría. Se pidió permiso a la familia de otro alcalde republicano, [Juan Antonio] Rodríguez Machín, y ésta dijo que no. Y a la mía si lo llegan a preguntar le habrían dicho que no, pero como me lo preguntaron a mí (ríe)... Yo les dije que sí, que estaría bueno.

E.M.: Muchas de las familias de ejecutados sufrieron otros tipos de represión, como la confiscación de bienes. ¿Fue el caso de la de Eladio?

J.L.A.: Sí, sufrieron muchísimo. Se quedaron en la calle. De ese juicio que le arman al ayuntamiento, el interés de los golpistas era confiscar los bienes de ellos. Eladio tenía dos casas. Se lo quitaron todo. Eladio tenía un hijo, el padre del astronauta, que se fue a la Falange. Yo en un alarde de valentía una vez le pregunté, a Eladio hijo, que cómo era posible que el ejército de Franco matara a su padre y él se fuera a pegar tiros con ellos. Me dijo que lo hizo para defender a su madre y a sus hermanos. Además, él tenía amigos a quienes habían matado, chavales de izquierdas. Ellos se movían en un ambiente de gente de posición y de derechas, y claro, eso influye. Toda la familia ha tenido un poco el síndrome de estocolmo. Es toda de derechas, mi madre la única que ha sido menos franquista. Los demás, derecha pura y dura. Pero claro, cuando matan a su padre estos tienen doce o trece años. El mayor tiene 17. Las niñas se colocan en los grandes almacenes de La Giralda. Ahora las niñas se colocan en cualquier sitio, pero en aquella época era un trauma para gente de buena posición. Hay que ponerse en el contexto de la época. A Eladio le confiscaron mucho dinero, porque como era corredor de comercio tenía unas cuentas de respaldo de su gestión. Todo eso se lo confiscaron. Se casaron con personas también de derechas.

E.M.: La familia, que era de tradición republicana, pasa a ser de derechas a partir del fusilamiento de Eladio.

J.L.A.: Sí. Yo mantengo la tradición.

E.M.: ¿Qué queda de la memoria de su abuelo hoy? Se destruyó la plaza de toros, se tapó la tapia del cementerio. ¿Cree que hay preocupación por la memoria?

J.L.A.: Ninguna. La Asociación por la Memoria Histórica es la que se preocupa, la que promueve conferencias y demás y los que podemos colaboramos, pero no hay conciencia, hay reacción. Sólo hay que mirar lo que está ha pasado con Villafranco del Guadiana, donde sale el alcalde pedáneo, nombrado a dedo por el de Badajoz, y se niega a cambiar el nombre apelando a la historia. Esto en países como Alemania es impensable. Lo de Franco aquí ha sido muy gordo. Ha sido un día, y otro, y otro, oyendo hablar bien de Franco por radios, televisión, periódicos. Hay un franquismo sociológico increíble. Se guardan mucho cuando hacen declaraciones públicas, pero cuando estás en privado con gente que vota PP en Badajoz, escuchas cosas que son para echarte a llorar. Es muy difícil lo de la memoria histórica.

E.M.: ¿Hace investigación?

J.L.A.: Sí, cuando puedo, y si me llaman para dar conferencias las doy, y el boca a boca continuamente. Lo único que quiere la memoria histórica es sacar de las fosas a un ser querido y enterrarlo dignamente. No preguntan quién lo mató. Darle el santo entierro ese tan cristiano que los que están en contra de todo esto predican.

E.M.: El astronauta, Miguel, ha tenido reconocimiento al final antes que Eladio.

J.L.A.: Claro, claro, por eso le dije al alcalde [Miguel Celdrán].

E.M.: Se excusaron por un “lapsus”.

J.L.A.: Sí, pero por aquí han pasado gobiernos de distinto signo. No se ha hecho nada por Eladio porque la gente no lo conocía. Cuando Manuel Rojas le puso la calle a Sinforiano Madroñero no sabía que existía. A mí lo que me llama la atención es que nadie se haya interesado por estudiar el ayuntamiento de Badajoz durante la república, ni siquiera historiadores profesionales. Nadie. Yo cuando me jubilé me fui a la universidad de mayores. Allí me hice muy amigo de mi profesor, el historiador Julián Chaves, que fue el que me metió en esto. Él me animó, me ha dado datos y me ha ayudado. Pero no somos capaces ninguno de encontrar el expediente de mi abuelo. Tenemos la sentencia pero no el expediente.



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