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Agricultura, Ganadería y Toros

El incendio en la Garganta de los Infiernos y la irresponsable actitud de Medio Ambiente

20 de Septiembre | 12:05
El incendio en la Garganta de los Infiernos y la irresponsable actitud de Medio Ambiente
Con incredulidad hemos asistido a la más que sorprendente actitud de los responsables de Medio Ambiente, ante el incendio que ha calcinado durante diez días 1.100 hectáreas en las zonas más altas de la Reserva Natural “Garganta de los Infiernos”.

Esta es la secuencia de los hechos.

LA ACTIVACION DEL MÁXIMO NIVEL DE EMERGENCIA Y GRAVEDAD

El incendio comienza al atardecer del día 18 de agosto y, en la mañana del día 20, la Consejería de Medio Ambiente activa el Plan Territorial de Protección Civil, en su NIVEL DE EMERGENCIA II, (el nivel más alto para el que tiene competencia el gobierno regional), y declara la SITUACIÓN DE GRAVEDAD DOS, (la situación de gravedad mayor de las posibles a nivel de la Comunidad Autónoma de Extremadura). Lo hace, según consta en la documentación oficial, “porque implica situación de grave riesgo para el medio ambiente”. Es, por tanto, la Consejería responsable de proteger nuestro medio ambiente la que establece oficialmente la gravedad de la situación, la que genera la alarma y crea la consiguiente inquietud en la población.

Curiosamente, ese mismo día se había producido un incendio en Navalmoral de la Mata, en las inmediaciones del Hospital Campo Arañuelo, que estuvo a punto de ser evacuado en su totalidad. La gravedad de ese incendio sólo mereció la declaración de Nivel 1, aunque estuvo en riesgo nada menos que un hospital, fue evacuada una urbanización, un voluntario de protección civil sufrió un accidente con heridas de consideración y se vivieron escenas de pánico por parte de los vecinos, según palabras de la Alcaldesa de la ciudad que recogieron los medios de comunicación. Este incendio, que a ojos de todos los especialistas consultados, sí era clarísimamente una Situación de Gravedad 2, se quedó en el mismo nivel de peligrosidad que el de las cunetas de la A-5, en el término municipal de Romangordo, algunos días atrás.

Es la primera vez en la historia, que yo recuerde, que un incendio forestal es declarado en Nivel de Emergencia II y Situación de Gravedad 2 de un Plan de Protección Civil porque implique grave riesgo para el medio ambiente, sin que este riesgo afecte también a personas. He hablado con muchos expertos en incendios forestales y emergencias estos días y todos concluyen que, hasta ahora y que ellos recuerden, solo se han utilizado esos niveles de emergencia y situaciones de gravedad cuando había riesgo para la vida de las personas o sus bienes. Como yo, ninguno tiene en la memoria emergencias y niveles de gravedad similares solo porque el medio ambiente estuviera en situación de grave riesgo.


LA OBSESIÓN POR ESCONDER LOS DAÑOS

A pesar de estos antecedentes, y de que todo incendio supone una obvia perturbación ambiental, los responsables de la Consejería de Medio Ambiente no tienen empacho en decir públicamente que el incendio no supone ningún problema medioambiental. La propia Consejera llega a decir que solo se han visto afectadas 0’5 hectáreas de superficie forestal, cuando ya iban 300 hectáreas calcinadas. Seguramente dijo esa estupidez porque cree que los espacios forestales son solamente aquellos que están ocupados por pinos. El caso es que debieron advertirle de su error y la señora responsable de la política forestal en Extremadura no volvió a insistir en tan disparatado argumento. No contentos con esas absurdas declaraciones, que fueron muy contestadas en las redes sociales, hacen repetir, nada menos que al Presidente de la Junta de Extremadura, que el incendio no suponía riesgo ambiental alguno, usando a nuestra más alta autoridad como escudo protector.

A todo esto, el incendio continuaba avanzando y mientras los responsables políticos repetían que no suponía riesgo alguno para el medio ambiente, mantenían el Nivel de Emergencia II y la Situación de Gravedad 2 del Plan de Protección Civil y Emergencias (PLATERCAEX) que, recuérdenlo, habían activado solo“por el grave riesgo para el medio ambiente que implicaba”.

En aquellos días, yo mismo escribí un post en el que, con cuatro argumentos de puro sentido común y algo de conocimiento, trataba de explicar la gravedad de los daños ambientales que sin duda iban a producirse en el espacio protegido.

No soy capaz de entender las razones por las que los responsables del medio ambiente de la región se obstinaron en negar unos daños tan evidentes que nadie pone en cuestión. Nadie, salvo ellos. Han llegado hasta el increíble extremo de buscar técnicos, poco menos que “a jornal”, para que firmen un informe que dé cobertura a lo que dijeron ellos sin mirar siquiera el lugar donde se producía. Algunos técnicos de la propia Dirección General de Medio Ambiente me advirtieron de que estaban sondeando a varios de ellos con esa intención, tan aviesa como torpe. Incluso hubo denuncias en las redes sociales que se hacían eco de lo que se estaba tramando.

Honestamente creo que este debate nunca debió producirse. Y lo creo por las siguientes razones:

1.- Porque todo el mundo sabe que si algo produce un incendio forestal es daños al medio ambiente, en mayor o menor medida.

2.- Porque fue la Consejería de Medio Ambiente la que decretó el Plan de Protección Civil, en su Nivel de Emergencia II y Situación de Gravedad 2 “porque el incendio implicaba grave riesgo para el medio ambiente” Y, como se encargaron de repetir a diario, no había ningún riesgo para la población civil, como es obvio a esa altitud.

3.- Porque esto es la primera vez que ocurre en la historia, que recordemos. Es decir, nunca antes ninguna Comunidad Autónoma había activado el máximo nivel de emergencia y gravedad ante un incendio, exclusivamente por graves daños al medio ambiente y sin riesgo para la población civil.

4.- Porque mantuvieron el más alto nivel durante varios días, incluso después de haber afirmado públicamente que no existía riesgo que lo justificase.

Como conclusión, si nos atenemos a la documentación oficial, podríamos afirmar que durante aquellos días estábamos ante el incendio forestal con mayor riesgo para el medio ambiente de la historia, porque así lo había decretado la Consejería competente. Y, si nos atenemos a las declaraciones de los mismos responsables políticos que proclamaron ese altísimo nivel de peligrosidad, estamos ante el incendio forestal que menor daño ambiental ha causado en un paraje natural protegido a lo largo de la historia.

Llegados a este punto, ustedes se preguntaran, ¿estamos hablando de historia o de histeria? ¿Cuándo mentían, cuando activaron el más alto nivel de emergencia que pueden activar o cuando lo desmentían torpemente en los medios de comunicación? Es evidente que una de las dos cosas es mentira, aunque hay expertos en la materia que afirman que erraron en ambas declaraciones. Es decir, ni el incendio era para activar el Nivel de Emergencia y Gravedad más alto de los posibles, ni tampoco es cierto que no hubiera daños ambientales graves y evidentes, por ocurrir en el lugar que ocurrió.

LA RESERVA NO TIENE PLAN DE PREVENCION DE INCENDIOS A PESAR DE LA EXIGENCIA LEGAL

Pero, volviendo al principio, ¿por qué razón se empeñan en negar algo tan evidente y contradictorio con lo que ellos mismos habían declarado? Yo les confieso que le he dado muchas vueltas, he mirado muchos documentos y he hablado con muchísima gente del departamento ambiental autonómico durante estos días. Incluso he visitado el Valle del Jerte con tranquilidad y he podido analizar, acompañado de técnicos en la materia y de conocedores del entorno, los efectos del incendio. Efectos que se ven con toda crudeza si uno está dispuesto a trepar a más de 2.000 metros de altitud, en un territorio de difícil acceso. Y no logro entender las razones que pueden tener para intentar ocultar algo tan evidente.
Para empezar, los responsables de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura deberían explicar por qué razón la Reserva Natural no tiene Plan de Prevención de Incendios aprobado, como se exige en su normativa de creación, en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y en el Plan Rector de Uso y Gestión de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, con absoluta claridad. Hay que tener en cuenta que la normativa en vigor exige que se adopten medidas especiales de protección contra incendios y se apruebe y mantenga actualizado un Plan de Prevención de Incendios Forestales para toda la Reserva Natural.

El propio Plan Rector de Uso y Gestión, que es el instrumento jurídico y técnico que obliga a las administraciones públicas y a los particulares, establece que “los incendios forestales constituyen una de las principales amenazas a las que se enfrenta la Reserva Natural, puesto que pueden constituirse en el factor de degeneración más rápido y devastador. Por ello la lucha contra los incendios, tanto en su faceta de prevención como de extinción, es un objetivo de primer orden en la gestión de la Reserva Natural. Los objetivos particulares relativos a este aspecto de la gestión son los siguientes:

a. Elaborar un Plan de Prevención de Incendios Forestales para el área de toda la Reserva Natural.

Este texto es copia literal del apartado 2.3.10 del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) y está en vigor desde el 20 de febrero de 2008 (DOE número 34, del martes 19 de febrero de 2008). Es la misma normativa que contiene las medidas que aplican y obligan a cumplir a todos los agricultores y ganaderos, a los apicultores, a los habitantes del Valle del Jerte y a las personas que visitan la zona. Nos obligan a todos y ellos ignoran el cumplimiento de sus propias normas. El resultado no puede ser más estremecedor: 1.100 hectáreas de alto valor ecológico se han visto calcinadas. ¿Hay alguien ahí, en Medio Ambiente, que se sienta responsable de tan grave incumplimiento que ha provocado una enorme catástrofe? Ah, que no había daños ambientales, según la versión para la prensa de quienes deberían estar dando explicaciones…

¿HAY O NO HAY DAÑOS AL MEDIO AMBIENTE?

No voy a entrar en otras consideraciones que en un post, que publiqué en Facebook el pasado día 21 de agosto, ya quedaron claras. Y, sobre todo, Juan López Lago desmenuzaba concienzudamente en el Diario Hoy, el domingo día 28 de agosto, en un completo artículo que titulaba: “La zona quemada en el Jerte es una de las más frágiles de la región”.
El valor ambiental de la zona quemada está fuera de toda duda. El incendio ha afectado, en su totalidad, a una zona de alta montaña. Y quien diga que no es alta montaña, sencillamente no sabe lo que dice o no ha estado allí. ¿Cómo llaman estos “expertos montañeros” a una zona que empieza a 1.600 metros de altitud y se extiende hasta muy por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar?

Es justo en esa zona donde están los elementos más frágiles de la Reserva Natural, los que más valor ambiental tienen, por ser endemismos propios de Gredos y Tormantos, estar en peligro de extinción o ser vulnerables a las alteraciones de su hábitat. Así lo dice el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de la Reserva, (aprobado por el Decreto 185/2005, de 26 de julio), en su apartado 3, 3.1 y 3.1.1 y el Plan Rector de Uso y Gestión, en sus apartados 4, 4.1 y 4.1.1.

Negar ahora el valor ambiental de la zona quemada en el incendio es tanto como poner en duda las razones mismas que motivaron la declaración de la zona de la Garganta de los Infiernos como Reserva Natural. La gente se preguntará, si se quema la zona de mayor valor ambiental y resulta que no vale nada, ¿para qué la declararon espacio protegido?
Ignorar que en la zona hay fortísimas pendientes y que en ellas el principal problema que se produce tras un incendio forestal es la erosión y la consiguiente pérdida de suelo es, simplemente, no tener ni idea de ecología, además de ser unos inconscientes.

Decir que los pocos daños que se han producido por el incendio son recuperables en uno o dos años es, lisa y llanamente, insultar la inteligencia colectiva de los extremeños. La erosión, señores “expertos” en medio ambiente, implica el arrastre de tierra y piedras, además de la eliminación de la capa fértil. Y, en un sitio con desniveles próximos e incluso superiores al 100%, ya no se recupera jamás. Los endemismos que allí hubiera, al desaparecer la capa fértil de la tierra, habrán desaparecido para siempre. Y lo más grave es que no existen en otras partes de la región. Eran endemismos de allí, de aquella zona, solo y exclusivamente de aquella zona y Extremadura puede haberlos perdido para siempre.

Pasar por alto que toda esa erosión producirá arrastres de tierras, piedras, cenizas y restos de vegetación quemados, que acabarán en los cauces de toda la red fluvial existente en el interior de la Reserva es un burdo intento de engañar a los ciudadanos extremeños, tomándonos por tontos de capirote.

Ocultar ese fenómeno, que se producirá irremediablemente este mismo otoño y contaminará gravemente las aguas de las Gargantas de los Asperones, La Serrá, Los Tres Cerros, El Collado de las Yeguas y Los Infiernos, además de la mayor parte de sus afluentes, es de todo punto intolerable en una sociedad madura e informada como la nuestra.
La contaminación de las aguas provocará unos niveles de pérdida de oxigeno muy elevados. Y eso hará imposible la supervivencia de la práctica totalidad de las truchas comunes y desmanes ibéricos que viven en su interior o en el entorno, como ya ha ocurrido otras veces, costando muchos años su recuperación.

Como conclusión diré que estamos ante un grave desastre ambiental, que aun se agravará mucho más durante el otoño y el invierno, sobre todo si llueve torrencial y abundantemente. Y todo porque los responsables del departamento ambiental de nuestra región han ignorado el cumplimiento de la ley y han actuado con absoluta irresponsabilidad.

 

EXTINGUIR EL INCENDIO HA COSTADO ENTRE DOS Y TRES MILLONES DE EUROS

Sí, seguramente se habrán ahorrado unas decenas de miles de euros por no realizar ni aplicar el Plan de Prevención de Incendios que deberían tener aprobado y en vigor desde 2.005. Pero este irresponsable proceder ha provocado un daño ambiental irreversible y, no lo olviden nunca, el gasto de entre dos y tres millones de euros que habrán costado los medios utilizados durante diez días, hasta conseguir la extinción del incendio.
Los responsables de medio ambiente, que dicen tener un informe que asegura que no hay daños, debieran hacerlo público, completo y firmado por quien lo suscriba, para que todos sepamos a qué atenernos.

Como hemos anunciado, la Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente, (AEEFOR), está elaborando la documentación para convocar un Concurso Abierto entre empresas y profesionales expertos en estas materias. Pretendemos que se realice un exhaustivo estudio y un pormenorizado análisis de los daños y consecuencias del incendio y que se haga una valoración de la riqueza ambiental perdida. Estudiaremos también propuestas para paliar los efectos más perniciosos, propondremos que se adopten las medidas que faciliten una más rápida recuperación y sugeriremos los pasos a dar cada año para evitar que catástrofes como esta vuelvan a repetirse.

Acompaño a este post documentos oficiales que prueban cada cosa que afirmo y una amplia colección de fotografías que forman parte de un reportaje que nunca hubiera querido tener que realizar. Sirvan las fotos como homenaje a todos los que lucharon durante diez días contra el incendio en unos lugares en que, como verán, es bastante difícil mantenerse en pie.
Galería de Fotos


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