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¿Quo vadis, sector corchero extremeño?

9 de Mayo | 13:02
¿Quo vadis, sector corchero extremeño?
Durante los días 27, 28, 29 de abril se ha celebrado en San Vicente de Alcántara (Badajoz) la segunda edición de la Feria internacional del corcho (FICOR), un foro de encuentro lúdico-comercial y de debate dirigido a promocionar uno de los negocios más relevantes en nuestra región tanto desde el punto de vista económico (hablamos de tercero en importancia en el ranking de exportaciones), como estratégico (el corcho es un emblema para nuestro territorio dada su singularidad y exclusividad).

Aprovechamos el evento para presentar algunas de las iniciativas novedosas que se están llevando a cabo dentro del sector para intentar paliar las muchísimas deficiencias que este tiene, y que lo han arrastrado hacia un abismo que hace peligrar su propia subsistencia. Todas ellas se encuadran dentro de un plan estratégico que venimos desarrollando desde hace dos años diversas partes interesadas (administraciones, centros de conocimiento, empresas), y que hemos denominado “distrito industrial corchero extremeño”. De concretarse, podríamos estar hablando de un punto de inflexión para la economía extremeña, no solo porque habremos ayudado a hacer sostenible un negocio capital para las arcas de la región, sino que dadas las metas que perseguimos, habremos conseguido empezar a eliminar algunos de los estigmas históricos que han acompañado a nuestro territorio desde el mismo principio en el que nuestro país se constituyó como tal; la falta de iniciativa emprendedora.

El objetivo fundamental del proyecto no es baladí; cambiar la fisionomía de un modelo productivo estancado desde hace demasiado tiempo, y que para sobrevivir necesita obligatoriamente dar el salto a la transformación y a la comercialización de productos finales elaborados con corcho, que hoy en día es fundamentalmente uno; el tapón.

El sector corchero extremeño es un ejemplo más de lo que es nuestra región en términos productivos, siendo esta una de las causas fundamentales de nuestra falta de competitividad con respecto a otros territorios. Extremadura es una región rica en recursos naturales, es nuestro verdadero tesoro, de lo cuál debemos sentirnos francamente orgullosos. No obstante, tenemos que reconocer una carencia notable; en cierto modo tenemos “embargadas” nuestras riquezas, ya que la región es una fantástica productora de materias primas, si bien son pocas las iniciativas que existen con las que se asegure que el verdadero valor añadido en la explotación de estos recursos quede en nuestro entorno, ya que son otros los que transforman y comercializan los materiales que nosotros producimos de forma magistral.

El negocio corchero sufre de este mal endémico regional: somos uno de los productores de esta materia prima más importantes del mundo, si bien esto mismo no ocurre con los productos finales.

Este hecho es particularmente relevante si nos atenemos a las características del sector, en donde claramente existe una organización estructurada “de la cuna a la tumba”, en donde las grandes firmas controlan los designios de todo el negocio. Realmente no somos dueños de nuestro propio destino, y esto ha conducido a una situación verdaderamente dramática para un modo de vida que lleva implantado en nuestra región desde hace cientos de años, pero que no olvidemos, hace otros muchos más ni tan siquiera existía, ejemplo claro de que las cosas no son eternas.

Extremadura es una de las regiones productoras de corcho del mundo, aunque no destaca en las fases de transformación.

Como el panorama no cambie a corto-medio plazo, pasaremos a engrosar la lista de territorios forestales corcheros no industrializados, tal y como le ha sucedido a Andalucía. De esto gran problema que se atisba en el horizonte venimos avisando desde hace tiempo tanto el grupo de investigación de Historia Económica de la Universidad de Extremadura, como el Observatorio del corcho extremeño. El análisis de los datos y tendencias del negocio demuestra que nos encontramos en un período de cambio cíclico en donde el polo de desarrollo se va concentrando poco a poco y de forma integral en Portugal. El país luso ha sido desde el segundo tercio del siglo XX el líder mundial del negocio, quedando los territorios corcheros españoles relegados a un segundo plano. Extremadura ha ocupado un papel de mero suministrador de materias primas y de productos intermedios (corcho en plancha). Esta fórmula ha funcionado relativamente bien durante más de cincuenta años, pero actualmente y como consecuencia de las decisiones estratégicas de las grandes firmas, esta singular “organización ibérica” del negocio, está cambiando negativamente para los intereses regionales.

Nuestra región debe dar el salto a la transformación. En poco tiempo podemos estar hablando de un región suberícola no industrializada.
 
Solamente hay una solución, y esta pasa por aferrarse al proyecto distrito industrial corchero. Solo esperemos que esta iniciativa no haya llegado demasiado tarde. El éxito o el fracaso depende del compromiso de todos; está claro que existe una comunión sin precedentes en torno a los planteamientos de la idea por parte de los promotores de la iniciativa y de las empresas. Ahora solo falta que las administraciones cumplan con su cometido y no fallen a la hora de la verdad.
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