Publicidad en
24 de Septiembre. 21:25 horas
Facebook El Correo Extremadura Twitter El Correo Extremadura  
 
Últimas noticias de actualidad de Extremadura en El Correo de Extremadura
Ir a Inicio
 
Cultura, literatura, historia, música
SOPA DE CONCIENCIA

Cibermoral y falsa ayuda - Del Amén al Like

1 de Abril | 09:14
Cibermoral y falsa ayuda - Del Amén al Like
Las redes sociales de internet se han convertido en el hábitat idóneo en el que anidan y se desarrollan a gran velocidad tendencias de toda índole. Como no podía ser de otro modo, las manifestaciones simbólicas (religiosas y laicas), el compromiso público con causas y la construcción de imágenes sociales de cara a la galería están entre ellas. A medida que la vida en red ha ido ganado horas de conexión en detrimento de las relaciones en vivo, se ha producido un trasvase de las herramientas sociales para empatizar, de los argumentos y falacias tradicionales para convencer y generar adeptos, así como de los mecanismos para fidelizar a los integrantes de formaciones (a partir de un círculo ideológico que se retroalimenta).

Sin embargo, en algunos casos la velocidad y el formato limitado con el que se transmiten las ideas (porque de lo contrario no tendría el mismo impacto) han generado una especie de  cibermoral acomodada que pretende aliviar conciencias sin actuar realmente en el problema. ¿A qué nos referimos? A la falsa creencia (la nueva superstición 2.0) de pensar que por compartir una foto de un enfermo alguien va a donar fondos por su causa, que por dar a “me gusta” a un proyecto o retweetearlo está firmando una instancia con valor real, o que por contestar “Amén” a una opinión adquiere más veracidad. Analicemos por partes esta tendencia absurda. En primer lugar, compartir información de un problema solo contribuye a que los receptores estén informados, pero no conlleva forzosamente la implicación de estos a la hora de solventarlo. Si el problema requiere de intervención y de tiempo (actuación real y física) o de fondos económicos, comentar que te gusta el post no aportará nada a su resolución, a menos que le envíes la información a alguien competente en la materia y comprometido con la causa.

El gesto de marcar como favorito o darle a “me gusta” se ha convertido para muchos en el modo de ser solidario con problemas en los que no se implican realmente, pero que sí proyectan en su muro la imagen pública que quieren dar a sus contactos. Es el fariseísmo del siglo XXI, la ficción de emular compromiso sin mover un dedo y sin gastar dinero ni tiempo. La hipocresía social en internet pasea de la mano de los avatares hechos a medida a golpe de publicaciones y clicks.

En segundo lugar, el número de veces que una publicación ha sido compartida o aceptada (like, favourite, retweet, share, etc.) no deja de ser un indicador para gestionar datos de los usuarios con fines comerciales, estadísticos o emocionales. Sin tener en cuenta los proyectos empresariales de Big Data, se cuentan por miles los usuarios de cuantifican su popularidad (social, no la rentabilidad de patrocinadores) a través de dichas herramientas, viviendo una ficción que la mayoría de las veces no encuentra respaldo en la vida real. No obstante, el modo de publicitarse o de subirse la autoestima de cada uno, siempre que no dañe a terceros, no conforma un problema serio más allá del narcisismo y el individualismo propio de nuestra era. La confusión entre la ayuda real y hacerse eco en las redes sociales del problema, que para un número significativo de usuarios es inconsciente, supone creer que una acción en el escenario virtual tiene siempre repercusión en el mundo físico. De hecho, muchas personas afirman sensibilizarse con causas de las que ni siquiera están informadas correctamente, sino que han accedido al problema leyendo un reporte periodístico o incluso un comentario.

En tercer lugar, el uso secularizado de “Amén” para reafirmar una idea compartida, es una novedad curiosa. Dejando a un lado el significado y uso propios de la expresión para concluir oraciones, vinculado con las creencias cristianas y el asentimiento de la veracidad de la palabra de Dios, algunos colectivos utilizan esta palabra como nexo o ligazón para reafirmar su pertenencia a grupos. Se ha descontextualizado el término y ya se utiliza en cualquier situación en la que se presenta una opinión fundamental en la imagen de una persona o de un grupo, usándose como nodo o punto de encuentro de perfiles parecidos. Viendo la palabra “Amén” en los comentarios de un post podemos tener la certeza del convencimiento de esos usuarios, expresando un posicionamiento firme que habitualmente es utilizado para reclutar o reunir a gente con la misma ideología.

Por último, sería interesante reparar en el impacto moral que tienen estas acciones en parte de la población. Este comportamiento virtual reporta a sus usuarios un efecto placebo al sentirse, en cierta medida, descargados en conciencia del cumplimiento para con los demás. Sin hacer nada, creen haber ayudado de algún modo. El filósofo francés Michael de Montaigne decía que “la conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros”. Estos recursos digitales puestos al servicio de la mala conciencia son un analgésico que muchos usuarios, a modo de pacientes, toman como un tratamiento de larga duración.

No olviden que los likes no alimentan, los retweets no pagan tratamientos, los shares no recogen a animales de las calles, los favourites conceden ayudas sociales; todo eso se hace directamente invirtiendo tiempo (ese valor que a todos parece escasear) y dinero, o indirectamente, votando propuestas que contribuyan al Estado de Bienestar. El fetichismo del lenguaje poco va a solucionar.



ElCorreoExtremadura.com | Todos los derechos reservados. Contacto - ¿Quiénes somos?
© EL CORREO EXTREMADURA
EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.